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Álbum Panini, la nostalgia

Juego Profundo

por Salvador González
7 mayo, 2026
en Editoriales
Álbum Panini, la nostalgia
1
VISTAS

Hay una edad en la que uno cree que coleccionar estampas es un juego.

Y luego está la otra, la verdadera. La edad en la que descubres que en realidad estabas intentando detener el tiempo.

Porque cada cuatro años un álbum Panini nunca fue solo cartón brillante ni jugadores acomodados por países. Era otra cosa. Era una manera infantil de abrazar un Mundial completo con las dos manos. Tenerlo ahí. Cerrarlo. Abrirlo años después y comprobar que los recuerdos también pueden oler a papel couche y adhesivo.

Bonita nostalgia.

Ahora viene otro Mundial. Uno distinto. Uno que se jugará en casa, o casi. Tan cerca que parece nuestro y al mismo tiempo tan lejos.

Porque el fútbol moderno aprendió a cobrar la nostalgia como si fuera oro molido. Compras el álbum y no compras solo eso, compras la ilusión de volver a sentirte niño. Pero las estampas cuestan como si cada sobre trajera unos milímetros del césped del Azteca. Y entonces aparece esa duda silenciosa que antes no existía, ¿vale la pena?

Uno hace cuentas absurdas. Piensa cuántos sobres faltan, cuánto dinero se ira en repetir jugadores de Uzbekistán, centrales de Curazao y escudos brillantes del Congo, Senegal o Haití. Uno mira el montón de repetidas sobre la mesa como quien revisa derrotas pequeñas. Y aun así uno vuelve a comprar otro sobre.
Porque algo dentro de nosotros entiende que no estamos pagando estampas. Estamos pagando la posibilidad de tocar el Mundial.

Es el intento de dejarle a las manos algo físico cuando todo lo demás se vuelva recuerdo digital o historia de Instagram que desaparece en veinticuatro horas. Queremos pruebas materiales de que estuvimos ahí sin estarlo. De que vivimos este tiempo. De que escuchamos otra vez el himno antes de un México contra quien sea, mientras mi corazón de niño se acomoda otra vez como puede.

Tal vez por eso duele tanto lo caro que se ha vuelto todo.

Porque el fútbol siempre había sido el refugio de los que no tenían demasiado, como yo. Una radio pequeña. Una televisión vieja. Un balón parchado. Un álbum compartido entre hermanos. Y ahora, hasta completar un Panini parece pertenecer a otra división económica.

Un Mundial en casa debería sentirse cercano.

Popular.

Nuestro.

Y sin embargo, ha sido diseñado para unos cuantos: boletos imposibles, camisetas prohibitivas, experiencias VIP, televisión de pago… y sobrecitos que empiezan a sentirse como pequeños lujos semanales.

Pero aquí esta otra de las trampas hermosas del fútbol, incluso cuando se vuelve inaccesible, encuentra la manera de regresar a lo esencial: la convivencia. Porque apenas salió a la venta hace cinco o seis días y ya veo gente intercambiando estampas en centros comerciales. Padres ayudando a sus hijos a pegar sin arrugarla la de Marcel Ruiz a pesar de que no ira. Adultos de cuarenta años emocionándose por una holográfica como si acabaran de meter gol. Amigos mandándose mensajes absurdos: “¿te salió la de Messi, la de Cristiano?” como si preguntaran por un familiar querido.

Y entonces entiendes que quizá el álbum nunca se trató de completarlo. Tal vez se trata de acompañar el camino. De llenar páginas mientras también se llena el tiempo, de construir una pequeña cápsula emocional del Mundial que nos tocara vivir tan cerca y tan lejos. Es el mismo impulso que nos hace saturar Instagram con fotos de quienes amamos, el miedo a que se nos escapen, la urgencia de atraparlos en una pantalla o en un papel.

Yo soy de los que ya no tendrán pensión cuando me jubile, soy de los que deberían estar pensando mejor en un plan de retiro en lugar de estar abriendo sobrecitos.

No sé si terminaré juntándolo completo.

No sé si dentro de unos meses miraré el gasto y pensaré que fue demasiado.

No sé siquiera si vale la pena.

Pero también sospecho algo,
que algún día abriré ese álbum viejo, ya doblado en las esquinas, y volveré a escuchar el ruido de los sobres rompiéndose sobre una mesa. Volveré a recordar quién estaba conmigo. Qué soñábamos y sobre todo, quienes éramos mis hijas y yo antes de que empezara a rodar el balón en este Mundial.

Y quizá ahí, muchos años después, encuentre la respuesta.

Etiquetas: Album del MundialFIFA 2026mexicoPanini

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