Sus alumnos, que por cierto impartíamos más bien sus disciplinas, lo vemos llegar a clases de derecho penal. Parecía cansado de tanto vivir. Un enorme abdomen. La sonrisa perfecta. Me refiero a Agapito Pozo Balbás, nacido en 1899.
Un queretano con una larga trayectoria como político y jurisperito. Me lo hizo recordar una nota muy encomiosa. Y ciertamente en muchos aspectos tiene razón como el hecho de impulsar grandes industrias como kellogg’s. Pero ¿y el campo? Como gobernador vivió tiempos difíciles como la fiebre aftosa que lo obligó a sacrificar una inmensa cantidad de ganado vacuno con el famoso “rifle sanatorio”. Luces y sombras durante su administración.
Sobre su cabeza la responsabilidad de haber colaborado en el asesinato de 91 ejidatarios que tenían nombres y apellidos, amén de las denuncias de los propios ejidatarios de sabotear el mercado de sus productos.
Veo con nostalgia a aquel hombre con fama de elocuencia que me favoreció con su amistad.
Recuerdo que le insistí en publicar sus memorias.
Muchos secretos que llevó a la tumba.
Pues justamente presidió la Suprema Corte de Justicia en un año inicial: 1968. Pero su silencio se debió tal vez a su discreción, a un pudor político un tanto explicable.
Desde aquí saludo al maestro, al amigo. Y si la historia nos llama a comprender, yo lo hago en nombre de la circunstancia.






