Factores como la deuda pública, la desconfianza en las autoridades y los altos niveles de inseguridad limitan el desarrollo de los países de América Latina e impiden aprovechar oportunidades de crecimiento, advirtió la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
En el estudio Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica, el organismo señala que el reducido espacio fiscal de la mayoría de los países de la región se ha convertido en una limitación determinante para sus estrategias de desarrollo.
La deuda reduce el margen de acción
“Los elevados niveles de deuda pública están obligando a los gobiernos a destinar una proporción cada vez mayor de los recursos públicos al servicio de la deuda, en detrimento de la inversión en ámbitos fundamentales para el desarrollo a largo plazo”, afirmó el organismo.
El documento también advierte sobre una erosión de la confianza y la legitimidad institucional en la región, derivada de la brecha entre las expectativas ciudadanas y el desempeño del Estado, la percepción de corrupción y captura del sistema, la aplicación discrecional de las normas y los horizontes políticos de corto plazo, que generan cambios frecuentes en las políticas públicas.
“Estas dinámicas alimentan un círculo vicioso: los malos resultados y la falta de integridad merman la confianza, y los niveles reducidos de confianza disminuyen el cumplimiento y la cooperación, lo que limita aún más el rendimiento y agrava la falta de legitimidad. El resultado es una combinación de elevados costos y baja confianza que socava la planificación a largo plazo y la construcción de pactos sociales”, subrayó.
Violencia y crimen organizado agravan el panorama
La Cepal también destacó que los altos niveles de violencia, la delincuencia organizada y los mercados ilícitos generan importantes costos económicos, debilitan el Estado de derecho y reducen la confianza ciudadana en las instituciones.
Explicó que las organizaciones criminales se apoderan de territorios, se infiltran en estructuras estatales y penetran mercados legales, creando círculos en los que las rentas ilícitas financian la corrupción y la coerción, mientras que la debilidad institucional y las vulnerabilidades sociales facilitan sus procesos de reclutamiento y control territorial.
“Las redes delictivas transnacionales implicadas en el tráfico de drogas, la minería y la tala ilegales, la trata de personas, la ciberdelincuencia y el contrabando operan a través de circuitos transfronterizos que superan las capacidades de las fuerzas del orden nacionales y explotan las lagunas existentes entre jurisdicciones fragmentadas”, consideró.
El documento establece que esta interdependencia delictiva erosiona la soberanía, obstaculiza la cooperación regional y afecta la credibilidad internacional de América Latina.
“La debilidad institucional, la polarización interna, la fragmentación regional y la falta de una visión común han limitado la capacidad de los países de América Latina y el Caribe para actuar de forma concertada en los asuntos internacionales. La región debe pasar de esta posición periférica a la de un actor proactivo, capaz de influir en la reescritura de las reglas globales que se está llevando a cabo”, concluyó la Cepal.






