Candidatos de origen hispano, una inversión inédita en publicidad en español o el peso central del debate migratorio en las campañas son apenas muestras del lugar preponderante que ocupa la comunidad latina en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, tras alcanzar en 2026 la cifra récord de casi 39 millones de posibles votantes.
Los latinos son el grupo poblacional que más ha crecido en los últimos 20 años en el electorado estadounidense, tras pasar de representar el 9 % de los votantes en 2006 al 16 % este año, luego de un ascenso de más de cinco millones de personas habilitadas para acudir a las urnas en los últimos cuatro años, según cálculos del Pew Research Center.
Ese crecimiento sostenido desde 2022 pone de relieve un hecho clave: los latinos son ya el segundo mayor grupo de electores en Estados Unidos, solo por detrás del electorado blanco (61 %). Además, su perfil político plantea interrogantes de cara a los comicios del próximo 3 de noviembre debido a su diversidad y a que más de cuatro millones de jóvenes hispanos han cumplido los 18 años desde las últimas elecciones.
El nuevo rostro del voto latino
El universo de votantes latinos configurado para estos comicios no solo es predominantemente joven, sino que está compuesto en mayor proporción por nacidos en Estados Unidos. Esta transformación se refleja en sus prioridades políticas: la economía, la inflación y el costo de vida se ubican por encima de la agenda migratoria, según análisis de organizaciones como UnidosUS o Americas Society / Council of the Americas (AS/COA).
Muestra de ello es que en los comicios presidenciales de 2024, el 48 % de esta comunidad respaldó a Donald Trump. Asimismo, la fidelidad electoral hacia el Partido Demócrata en elecciones de medio mandato ha descendido del 69 % registrado en 2018 al 60 % en 2022, mientras que en ese mismo periodo la votación hispana por el Partido Republicano aumentó del 29 % al 39 %.
¿Quiénes son entonces los que acuden a las urnas ahora en 2026? Los cerca de 39 millones de latinos habilitados para votar conforman el electorado más joven frente a otros grupos demográficos del país: con una edad promedio de 39 años, tres de cada diez votantes hispanos (30 %) tienen entre 18 y 29 años, mientras que en términos de género la distribución se sitúa en un 51 % de mujeres y un 49 % de hombres.
Además, el poder de decisión será dispar en todo el país, ya que la mayor proporción de votantes latinos sobre el total estatal se concentra en Nuevo México (43,3 %), California (33 %), Texas (32,3 %), Arizona (25,4 %), Florida (22,6 %) y Nevada (22,2 %), mientras en estados con fuerte dinamismo político como Colorado, Nueva Jersey, Nueva York, Connecticut, Illinois, Rhode Island, Utah y Oregon, los electores de origen hispano superan ya el 10 %, de acuerdo a los datos de Pew.
El dilema partidista del electorado hispano
El apoyo al presidente entre los latinos que votaron por Trump en 2024 ha bajado, con apenas un 57 % que aprueba su desempeño al frente de la Casa Blanca, mientras en febrero de 2025 era del 93 %.
Un universo de 39 millones de votantes latinos clave en las elecciones de EE.UU.
Esta tendencia incide en que un 51 % de los electores latinos prevén votar por candidatos demócratas a la Cámara Baja en noviembre, frente a un 24 % que planea apoyar a los republicanos. El cambio de postura coincide, según el análisis de Pew, con el 70 % del electorado hispano que considera que las políticas de la actual Administración han sido perjudiciales para su comunidad.
Pero tal descontento no es un cheque en blanco, pues un sondeo de la organización latina UnidosUS indica que, aunque más de un 50 % de los votantes latinos creen que los demócratas harían un mejor trabajo en el Congreso en áreas como salud, educación, empleo, vivienda, derechos electorales, inflación o reforma migratoria, cerca de cuatro de cada diez piensan que no habría mayor diferencia o confían en los republicanos en esos asuntos.
Así es que este electorado de 39 millones de latinos, que es más grande que antes, es igualmente más complejo de definir debido a su diversidad tanto de procedencia como de prioridades, sumado a que no hay garantía de que todos los votantes registrados, en ningún grupo poblacional, acudan a las urnas, lo que hace más grande el desafío para los partidos de cautivar el voto hispano.







