El 17 de octubre de 2019 se dio el Culiacanazo al ser liberado El ratón Ovidio, hijo de El chapo Guzmán. Tartufo alegó que así evitó muchas muertes de inocentes.
Pues, el 12 de este mes se repitió la historia: en Cuautla, Morelos, se capturó al asesino apodado El Güero Gym, a quien momentos después las autoridades locales lo liberaron a fin de rescatar a 3 policías que habían sido secuestrados por el mismo grupo criminal. En seguida, la que parlotea diariamente desde el Palacio Nacional aprobó la referida excarcelación arguyendo que siempre se debe privilegiar el salvar vidas humanas, pero que se insistirá en la aprehensión del susodicho.
La decisión gubernamental del sexenio pasado y la del actual tuvieron un propósito loable. Sin embargo, en ambos casos el fondo es complejo y reviste suma gravedad por sus indeseables consecuencias:
1) En las dos ocasiones las autoridades violaron impunemente el orden jurídico, lo cual no debe considerarse pecata minuta.
2) Abrieron caminos de chantaje para que los más siniestros criminales burlen la justicia.
3) El gobierno demostró su postración ante las amenazas de las mafias que le tienen tomada la medida.
Los hechos anteriores traen a mi memoria que hace 6 décadas se conoció que un grupo de maleantes secuestró a un personaje, amenazando con asesinarlo si el gobierno no liberaba a 5 de su gavilla sujetos a proceso. Al recibir la noticia, el presidente Díaz Ordaz preguntó tranquilamente quiénes eran los presos, así como el plazo dado para liberarlos. Se comentó que, cuando supo los nombres y que disponía de 3 días o matarían al secuestrado, la respuesta de Díaz Ordaz fue rápida y tajante: “Díganles a esos hijos de su puta madre que yo les doy a ellos 24 horas para que lo suelten o mando fusilar a los 5 criminales”. La exigencia presidencial se satisfizo sin dilación.
Lejos estoy de sugerir ese proceder gubernamental, pero de lo narrado surgen dos conclusiones: La primera, que es monumental la ineptitud de los gobiernos cuatroteros, porque hay en el mundo tácticas eficaces que con pericia y responsabilidad histórica salvan vidas inocentes, sin violar la ley. La segunda conclusión es que antes los criminales le tenían pavor al gobierno, y ahora el gobierno le tiene pavor y gratitud a los criminales.
Por eso la irrupción del narcogobierno y su cantaleta de “amor con amor se paga”, mientras estos crápulas destrozan a México.





