martes, septiembre 29, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Plaza de Armas | Querétaro
  • Andadores
  • aQROpolis
  • Editoriales
  • Efectivo
  • En tiempo real
  • Local
  • México
  • Planeta
  • Ráfagas
  • Roja
  • Andadores
  • aQROpolis
  • Editoriales
  • Efectivo
  • En tiempo real
  • Local
  • México
  • Planeta
  • Ráfagas
  • Roja
Sin resultados
Ver todos los resultados
Plaza de Armas | Querétaro
Sin resultados
Ver todos los resultados

El caso Harwicz

Desde la terraza

por Ariel González
29 septiembre, 2026
en Editoriales
0
VISTAS


Que un festival literario se vea en la necesidad de modificar su programación sucede todo el tiempo. Pero que lo haga cediendo a la intolerancia de ciertos grupos, a la “corrección política” o al afán cancelacionista de los nuevos inquisidores que desde su “progresismo” pretenden imponer una sola visión del mundo, es sumamente grave y sienta oscuros precedentes que recuerdan  muchos otros que en el pasado devinieron persecusión y terror.

No importa lo que piense o deje de pensar en el terreno político la escritora argentina Ariana Harwicz. Lo relevante, y claramente crucial para el futuro plural de la cultura –como nos lo imaginamos quienes abrazamos convicciones democráticas–,   es que ningún festival, foro o espacio que se diga tolerante y cercano a las más elementales libertades debería cancelar su participación para no irritar a los “solidarios” grupos que suponen que apoyar a los palestinos equivale a cancelar, boicotear y perseguir a los creadores e intelectuales judíos por el simple hecho de serlo.

Como todos, judíos o no, Harwicz tiene el derecho a pensar distinto y a no llamarle, si no quiere, genocidio a las atrocidades del ejército israelí en Gaza, o a oponerse al boicot cultural contra Israel. Y todos, judíos o no, actores y escritores, zapateros o estudiantes, tienen también derecho a no estar de acuerdo con ella, pero no creo que ninguna perspectiva política “justa” o “progresista” tenga derecho a suprimir o cancelar el derecho de ella a manifestarse como prefiera en un foro supuestamente cultural.

Y eso es exactamente lo que ha sucedido. La segunda edición de Cultur Alh, que se presenta como Festival internacional de arte, literatura y humanidades, auspiciado además por la Universidad de Granada,  hizo de la cancelación y la censura un acto institucional. Se sabe que lo hizo a partir de las amenazas, presiones e intolerancia de activistas estudiantiles y agrupaciones que conforman la llamada Red Universitaria por Palestina, pero es el Festival el que ha tomado esta decisión simplemente inconcebible desde el punto de vista de la libertad de expresión.

Y ya en esa ruta, no sé qué es más horrendo: que hayan excluido a Harwicz por sus ideas –todas incómodas en un mundillo literario más acostumbrado a la complacencia que a la crítica; o en un ámbito cultural donde la “solidaridad” se ejerce por moda, como si fuera un libro en la mesa de novedades exitosas, pero siempre de forma selectiva, cuando manifestarla no los pone en riesgo frente a nada–  o meramente por ser judía. O tal vez por ambas cosas.

El primero que rechazó participar en un espacio cultural donde la censura se está normalizando fue el escritor John Banville. Después, se ha hecho público un documento suscrito por cientos de escritores, editores y personajes de la cultura entre los que me dio mucho gusto encontrar firmas como la de María Negroni, Piedad Bonnett y Margo Glantz, mujeres que creen en la literatura como un ejercicio de libertad y que, por lo mismo, desconfían de todas las formas que adopta en estos tiempos la censura.

Igualmente, con toda razón, la propia Universidad de Granada ha rechazado públicamente la exclusión de Harwicz: “Una universidad pública debe ser un espacio abierto al pensamiento crítico, al contraste de ideas y a la expresión de posiciones plurales, también cuando estas resultan discrepantes o controvertida”.

En contrapartida, no han faltado los correctísimos escritores que han salido a apoyar, ni más ni menos, que una colega suya sea excluida de este Festival por pensar diferente frente al conflicto en Medio Oriente. Una de ellas, la escritora Brenda Navarro, quien de la forma más contradictoria y absurda le dijo al diario El País: “Estoy a favor de la libertad de expresión y no temo disentir, pero tras escuchar los argumentos del movimiento de liderazgo palestino Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) creo que hay que apoyar a los estudiantes y posicionarse”.

Es decir, están de acuerdo con la libertad de expresión siempre y cuando quienes busquen expresarse coincidan con los argumentos de los palestinos del BDS que ellos apoyan. La sinceridad de Navarro es agradecible, porque otros escritores “sensibles” y “solidarios” no dan la cara y, cuando lo hacen, se enredan más que ella al intentar justificar lo que simplemente es un acto de intolerancia y censura.

 

@ArielGonzlez

FB: Ariel González Jiménez

Etiquetas: Harwicz

RelacionadoNoticias

Va por Alberto, va por Andrés

Lanzan hoy convocatoria en la UAQ

28 septiembre, 2026
Raymundo Riva Palacio

Cambio de juego

28 septiembre, 2026
José Fonseca

Poder Judicial y austeridad franciscana

28 septiembre, 2026
Por la reconciliación nacional

Hablando de “corruptos, traidores y desechables”

28 septiembre, 2026

 

 

 

Categorías

  • Andadores
  • aQROpolis
  • Cartón
  • Editoriales
  • Efectivo
  • En tiempo real
  • Fuego amigo
  • Fuente de El Marqués
  • Local
  • México
  • Planeta
  • Portada
  • Ráfagas
  • Roja

Enlaces Internos

  • Aviso de Privacidad
  • Aviso Legal
  • Contacto
  • Aviso de Privacidad
  • Aviso Legal
  • Contacto

© 2020 MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. Todos los derechos reservados.

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Andadores
  • aQROpolis
  • Editoriales
  • Efectivo
  • En tiempo real
  • Local
  • México
  • Planeta
  • Ráfagas
  • Roja

© 2020 MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. Todos los derechos reservados.

Este sitio web utiliza cookies. Al continuar utilizando este sitio web, usted está dando su consentimiento para el uso de cookies. Visite nuestra Política de privacidad y cookies.