Cristian Vázquez tiene 24 años, es padre de familia… El sábado estrenó micrófono en la sala de su casa y se echó media hora de transmisión en vivo. El micrófono era nuevo.
La confesión, viejísima.
Es activista del grupo de Gilberto Herrera Ruiz, de los que operan las páginas de ataque de esa corriente contra panistas y contra morenistas rivales. Su apellido se cruza con el de Astrid Ortega Vázquez, alcaldesa de Cadereyta, que también quiso coordinar a la 4T y acabó viendo el desfile desde la banqueta.
Mil vistas. Veintitrés reacciones. Y dentro de esos treinta minutos, el peritaje que ningún opositor habría podido firmar sin que lo acusaran de guerra sucia.
Querétaro, dijo, es para Morena “uno de los estados sacrificables”.
Aquí no se juntan los treinta y tantos millones de votos que rinden en otra entidad, así que al estado se le administra como cartera vencida.
El coordinador impuesto “no caminó”. No conoce la sierra. No conoce el semidesierto. Conoce, eso sí, el camino a las cámaras…
De la encuesta que lo ungió nadie ha visto un número. “No sabemos ni siquiera a quién le marcaron”.
Veintitrés días después, el resultado sigue siendo un rumor con cargo público.
Y al ciudadano que toca la puerta del partido sólo le espera “una patada en el culo”.
Textual, y dicho por un militante al aire.
Lo grave no es que lo piense la oposición. Es que ya lo grita la clientela.
Vino entonces el 18 de septiembre. Centro de Congresos. Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Estaban previstas ocho mil sillas. Se colocaron seis mil. Ante el hueco, los Servidores de la Nación terminaron de utileros, retirando alrededor de mil quinientas para que la cámara no delatara el vacío.
Llegaron unas cuatro mil quinientas personas.
Un año antes, un acto presidencial en esta ciudad reunió once mil.
La caída no la provocó el PAN.
La provocó el aparato que presume tener estructura en cada colonia.
Santiago Nieto celebró más de ocho mil asistentes, el recinto solo permite 5 mil.
La aritmética ya la habían resuelto los que cargaron las sillas. Un movimiento que esconde mobiliario para presumir llenos ya no moviliza: maquilla.
Los responsables tienen nombre. Nieto, coordinador de Morena y PT. Y Mauricio Hernández Núñez, delegado de los Programas para el Desarrollo de la Secretaría de Bienestar. Entre los dos manejan el padrón social más grande del estado y no alcanzaron para llenar un salón techado, con transporte y con presidenta en el escenario.
Afuera fue peor. Gilberto Herrera y Santiago Nieto caminaron al recinto en contingentes separados. Mismo evento, misma calle, cada quien con sus huestes, como dos equipos que llegan al mismo estadio a jugar contra el otro.
Adentro, el diputado federal Luis Humberto Fernández tuvo que hacer de terapeuta de pareja: tomó la mano de Chema Tapia, la jaló y la puso frente a Ricardo Astudillo, que no le hablaba desde 2024.
Se saludaron sin voltearse a ver.
Quedó la foto, que es lo único que en Morena queretana todavía se produce en serie.
Ese mismo día, Astudillo exigía otra encuesta para un cargo ya entregado.
Nadie ahí está discutiendo doctrina.
Están discutiendo el reparto.
Y en las bardas de Corregidora y la sierra aparecen Astrid y Gilberto en guinda, sin el logotipo del partido. Quien borra las siglas de su propia barda ya midió el divorcio.
El PAN debería leer todo esto sentado y sin sonreír.
Martín Arango medirá a fin de mes a Felifer Macías, Luis Bernardo Nava, Chepe Guerrero y Agustín Dorantes, con definición el 15 de octubre, a 234 días de la elección.
Esa antesala es justo donde un partido se cree ganador y empieza a perder.
Acción Nacional arrastra sus propios pleitos y todavía no halla quién los administre sin que se oigan desde la calle.
A Morena en Querétaro no la está desarmando el adversario.
Le entregaron un partido a Santiago Nieto.
En 23 días, lo desbarató.
A chambear.
@GildoGarzaMx






