Cuando México más sufría y Corea tomaba su mejor momento en el partido, Luis Romo, jugador surgido de Gallos Blancos de Querétaro, tomó del cielo el regalo del portero Seunggyu para empujar el balón, cambiar los abucheos por aplausos y amarrar el liderato del Grupo A, lo que garantiza que la Selección Mexicana dispute los dieciseisavos de final en el Estadio Azteca.
El 1-0 sobre Corea del Sur costó, pero se logró, con un equipo mexicano que defiende mejor de lo que ataca, pero que suple el talento ofensivo con corazón y entrega sobre el terreno de juego.
Un primer donde apostaron por la defensa
El Tricolor estuvo lejos de tener una actuación brillante. El primer tiempo fue gris y el público despidió con abucheos al equipo nacional, ya que Javier Aguirre apostó por defenderse primero y confiar en que Raúl Jiménez o Julián Quiñones tuvieran una oportunidad. El colombiano naturalizado mexicano la tuvo mediante un remate de cabeza que atajó el guardameta visitante.
Al inicio del segundo tiempo fue Jesús Gallardo quien, en un largo recorrido por izquierda, despertó nuevamente a la gente con un zurdazo apenas fuera de la portería. Esta vez el lateral izquierdo sí se animó a cruzar el medio campo.
Corea esperó hasta el 75’ para ser más agresivo. México reforzó la línea defensiva, ya sin Roberto Alvarado como carrilero por derecha y sí con Jorge Sánchez, además del ingreso de Obed Vargas, quien fue clave en el control del juego y la generación al frente. Incluso el debutante tuvo un disparo desde fuera del área que exigió una gran intervención de Seunggyu.
Al final del partido, Corea del Sur se fue con todo al frente y de nuevo la fortuna y la mano derecha de Tala Rangel evitaron el empate. Guesung remató de cabeza, pero el balón fue tapado por Rangel y ya en el piso el arquero reaccionó para detener un segundo intento.
Romo, héroe con sello queretano
México tiene claro que su fortaleza es la defensa, sigue sin recibir gol y Johan Vásquez junto a Edson Álvarez son los bastiones por el centro, con Gallardo por la izquierda y el sacrificio del Piojo Alvarado, más en labores defensivas que creativas.
Erik Lira volvió a meter la pierna fuerte con el apoyo de Luis Romo, quien luchaba en el mediocampo y apoyaba en la defensa. El mediocampista decidió avanzar unos metros y pisar el área; el debutante en Copas del Mundo vio cómo el balón le caía del cielo para enviarlo con destino de gol y pasar a la historia, la cual tuvo sus primeros capítulos en tierras queretanas con los Gallos Blancos.
Los centros delanteros, Raúl Jiménez y Santi Giménez, siguen batallando solos, aunque Raúl tuvo un remate que el guardameta atajó en el primer poste.
El liderato del Grupo A, pase lo que pase el miércoles ante Chequia, pondrá al Tricolor en la ruta del Estadio Ciudad de México tanto en dieciseisavos como en octavos de final, en caso de avanzar.







