Virginia Hernández Vázquez
Llevamos años escuchando la misma frase. En discursos, en graduaciones, en documentos que nadie lee dos veces. “Los jóvenes son el futuro.”
Ya no.
Los jóvenes no somos la espera del futuro: somos el presente.
Nuestra generación no está esperando que le llegue el turno. Está aquí, con criterio, con preguntas que incomodan y con propuestas que vale la pena escuchar. Seguir hablándonos como si nuestro momento estuviera por llegar es, en el mejor de los casos, un error de percepción. En el peor, una excusa para no abrirnos espacio.
Querétaro acaba de vivir algo importante. Más de mil jóvenes reunidos en el Mundial Joven, Aquí Contigo. Ciento ochenta liderazgos juveniles de todo el estado en el Campamento Generación Contigo, junto al gobernador Mauricio Kuri. Dos momentos que, vistos por separado, podrían leerse como agenda institucional. Vistos juntos, son otra cosa: la evidencia de que hay una generación organizada, lista y con voluntad de participar. Que no está pidiendo permiso.
La pregunta que sigue no es si queremos involucrarnos. Eso ya lo demostramos.
La pregunta es si las instituciones están dispuestas a recibirnos como lo que somos: interlocutores, no beneficiarios. Actores, no público.
Hay una diferencia importante entre reunir a los jóvenes y gobernar con ellos. El primer paso es necesario, pero no suficiente. Lo que define si esto fue una foto o el inicio de algo real es lo que pasa después: que nuestros diagnósticos lleguen a mesas de trabajo, que nuestras propuestas tengan seguimiento, que los liderazgos que emergen encuentren cauces donde ejercer y crecer.
Un estado que no incorpora a su generación más joven a la agenda pública no está siendo generoso con ella: está tomando decisiones con la mitad de la información. Está planeando un futuro sin preguntarle a quienes van a vivirlo.
Desde la Secretaría de la Juventud lo entendemos como responsabilidad concreta. No basta con crear espacios de encuentro. Hay que sostenerlos, articularlos con la agenda de gobierno y garantizar que lo que se escucha en esos foros tenga consecuencias reales. Eso es lo que diferencia a una institución que acompaña de una que simplemente administra.
Querétaro tiene la oportunidad de ser el estado que no nos hizo esperar. El que decidió que la participación juvenil no era un apartado de la agenda pública, sino una condición de ella.
Los que van a decidir el rumbo de este estado ya estamos aquí. La pregunta es si van a decidir con nosotros.





