Hace unos días, acompañado por la Dra. Fabiola Larrondo, quise visitar la biblioteca de Hugo Gutiérrez Vega. Un candado nos impidió la entrada. Estaba en reparación.
El drama es que nadie acude a ella para consultarla. Pues que la lectura ha tenido una caída drástica. Según datos oficiales sólo el 27.1 por ciento logra comprender la totalidad de lo que lee. Los talleres y ferias amén del fomento de la lectura, siguen siendo bajas. Las grandes bibliotecas como la de José Vasconcelos están a punto de cerrar. La ausencia de lectores ha redundado en la clausura de algunas sucursales de la afamada librería Gandhi.
Un amigo experto en traducción vive una crisis laboral. Aún en las distintas profesiones, libro físico se abre pocas veces. La visita a internet y la inteligencia artificial parecen resolver la mayoría de los problemas o desafíos. Prospera el libro digital por razones obviamente económicas; aunque nada sustituye a la estética del libro impreso. Un síntoma del desinterés por la lectura son las revistas que colman el cesto de una estilista a la que acudo a arreglarme el cabello: Vanidades … frivolidades. Nada más.
El desazón de los escritores queretanos es lamentable. Ojalá mi apreciable Margarita Ladrón de Guevara organice una feria que los aliente.






