- Se apagó una de las últimas estrellas del cine
- Escandalizó su desnudo en los años cincuenta
- Encarnó a Diana Cazadora y Camelia La Texana
- La entrevistamos en exclusiva en abril de 1980

Una discreta esquela anunció su fallecimiento en un rancho de Jalisco.
Foto. Especial
De memoria.
Parecía eterna, pero ayer se apagó en Jalisco una de las últimas estrellas de la época de oro del cine mexicano: Ana Luisa Peluffo, la Diana Cazadora, la actriz queretana que conmocionó a la sociedad de su tiempo al verla desnuda en la película “La Fuerza del Deseo”, a principios de los 50.
De eso y más habló con este reportero en una entrevista exclusiva publicada el 17 de abril de 1980 -hace casi medio siglo- dentro la serie “Personajes de Querétaro” de Noticias.
Ella, la protagonista doscientas cintas, incluida la primera, “Tarzán y las sirenas”, al lado del mítico Johnny Weissmuller, repasó su larga trayectoria al lado de los actores Pedro Armendáriz, Arturo de Córdoba, Ramón Gay, Jorge Mistral, Armando Calvo y Abel Salazar, pero también de los hombres que la cortejaron como el rey Farouk de Egipto y el Marajá de Baroda, así como de sus romances con Vittorio Gassman y Maximiliam Shell o una cena con Clark Gable.
Considerada una de las mujeres más bellas de México, la Peluffo hizo papeles de santa y prostituta igual que de Diana la Cazadora o Camelia la Texana, aunque debió enfrentar -dijo aquella mañana, mientras desayunaba huevos rancheros- severas reticencias familiares, hasta obligarla a ocultar su verdadero apellido (Quintana) y tomar el de su padrastro.
Ana Luisa, sobrina del diputado constituyente Julián Adame y prima del empresario Bernardo Quintana Arrioja -que hoy es Boulevard- nació en pleno centro de Querétaro hace 96 años.
“No me pregunte cuándo, porque no le voy a decir cuántos años tengo” declaró festiva.
Va de cuento.

Foto: Raúl Servín
Su historia inicia en esta ciudad, en un hotel que estaba ubicado en Madero y Juárez, después fue la elegante tienda denominada La Ciudad de México, propiedad de don Clemente Proal y actualmente una tienda de telas, en contra esquina del Gran Hotel.
Aquél era de doña María Alegría.
Ahí paraba don Luis Quintana, el rector más joven que ha tenido la Universidad de Puebla. Iba de viaje con su esposa, una linda sonorense que frisaba ya el noveno mes de embarazo y en ese establecimiento se produjo el parto.
-Me gusta decir que nací en el Zócalo de Querétaro y mis amigos me preguntan ¿en qué banca?
Y, bueno, un tema inevitable era el de la película “La Fuerza del Deseo” que con ojos azorados, escandalizada, conmocionó a la sociedad de su tiempo, al verla completamente desnuda a principios de los años cincuenta. Era la primera nudista del cine mexicano.
Sonrió al recordarlo y advirtió que los tiempos han cambiado, que el mundo está más liberado y que aquella cinta de escándalo era ahora un cuento de niños, frente a las cosas que se ven en el cine.
A ello hay que agregar que, aunque su permanencia aquí fue muy corta, siempre presumió su origen y como queretana se le identificó en todas partes, pero ¿qué pasó en los años siguientes? Que su educación primaria y secundaria la adquirió entre monjas teresianas e irlandesas, para luego aprender decoración interior en la Universidad Femenina de Adela Formoso. Sin embargo siempre le llamó la atención el cine y deseaba ser artista.

Foto: Archivo
La oportunidad surgió cuando formaba parte del equipo nacional de nado dirigido por Mario Tovar, dependiente del deportivo Chapultepec. Aquél magnífico ballet acuático fue contratado para participar en la película “Tarzán y las Sirenas” que con Johnny Weissmuller se rodó en Acapulco.
Empero su primer trabajo estelar fue en “La Fuerza del Deseo” gracias a la confianza del señor Guillermo Calderón. La cinta marcó una época en la cinematografía americana y desató grandes polémicas. Lo mismo, era prohibida en diferentes ciudades que exhibida en salas de arte de Nueva York. Ana Luisa Peluffo apoya las palabras con el vigoroso movimiento de sus manos largas en las que lleva dos enormes anillos de perlas que van muy bien con su coordinado blanco y la blusa también blanca, pero con franjas negras.
Los expresivos ojos se ocultan tras amplias gafas oscuras que quieren negar la desvelada de la noche anterior. en que acudió al homenaje a su amigo el poeta sanjuanense Pablo Cabrera y la cena posterior.
Pero hablemos de “La Fuerza del Deseo”, que se rodó en la Academia de San Carlos con Armando Calvo y Abel Salazar. Su personaje era el de una modelo. Y ahí estaba: Joven y desnuda, inmóvil, pero apretando fuertemente en la mano derecha una estampita con la imagen de su santo más querido: San Martín de Porres. Nos lo contó. A ello se debe que su único hijo lleve el nombre de Martín Luis. Ella también fue hija única. Una muchacha que antes de aquella película ya había viajado por varios países y ampliado su criterio.
-El desnudo, si está bien hecho no tiene nada de malo. A mí no me hizo daño la película porque tenía sentido artístico. Lo que no se puede controlar es la mentalidad de la gente. De ahí que muchos hayan reaccionado con morbo.
Al decir lo anterior, Ana Luisa subraya que “la moralidad es según el mapa” y que en Japón niños, adultos y mujeres se bañan desnudos en el mismo lugar. Por eso, justifica Ana Luisa, los desnudos que hizo, aunque advierte que todo abuso es malo.
Para hacer aquella película, tuvo la oposición familiar. ¡Cómo una Quintana iba a salir desnuda! “Si necesitas dinero, dinos, pero no lo hagas”. Pero lo hizo y fue la primera nudista. Luego vendrían Columba Domínguez, Kitty de Hoyos y algunas más.
Trabajó en doscientas películas en México, Italia, España, Inglaterra y otros países. Por “La venida del Rey Olmos” recibió la Diosa de Plata, premio al que se añaden la medalla “Virginia Fábregas” y la presea “Josefa Ortiz de Domínguez” que le entregó aquí el entonces gobernador Antonio Calzada Urquiza. Obtuvo también un premio en Checoslovaquia y cinco en Argentina.
Es la Diana Cazadora de la película, es la Mujer Marcada, Camelia La Texana y muchos otros personajes del celuloide. Su rostro quedó impreso en una moneda lanzada por la Numismática Internacional, cuyos representantes le expresaron que ni a Chaplin le hicieron ese homenaje. Pero ahí está de tres cuartos, oteando el futuro.

Foto: Archivo
Fue musa de poetas y músicos. El queretano Pablo Cabrera le escribió varios poemas y Antonio Prieto le dedicó “Señora Princesa”, cuya canción fue la más popular en Argentina en 1957.
Entre sus grandes recuerdos ocupa un lugar muy importante Clark Gable, el actor de “Lo que el viento se llevó”, a quien conoció de cerca y trató porque su última esposa, Keit Williams, era su entrañable amiga, mucho antes de que Ana Luisa entrara al cine. Una noche en Hollywood fueron a cenar a un buen restaurante. La presencia de El Rey causó sensación entre las muchachas presentes, que de inmediato se les acercaron a solicitarle autógrafos. Con toda cortesía Gable les pidió que lo esperaban al término de la cena. Las chicas aceptaron gustosas y al cabo de una hora, “cuando yo ya creía que se le había olvidado, se disculpó y fue hasta donde se encontraban sus admiradoras para atenderlas; esa ha sido una de las más grandes lecciones de sencillez que recibió.
Fueron casi dos horas de plática con Ana Luisa Peluffo, la leyenda, un torrente cristalino, una mujer en plenitud que afirmó con voz sincera: Quiero mucho a Querétaro y aunque no he tenido tanta oportunidad de venir como yo quisiera, es un lugar bellísimo que ha estado siempre en mi vida y lo seguirá estando.
Ella era Ana Luisa Peluffo, la primera actriz queretana.
Y la primera nudista del cine mexicano.





