Dos son las actitudes previsibles en el mundo frente a cualquier conflicto: la del Vaticano y la de México.
La Santa Sede, sea o no miércoles, como hoy, lamentará los hechos y confirmará sus oraciones en favor de la paz en favor de la paz y su profunda preocupación. México hará lo mismo ante cualquier conflicto –especialmente armado– como sucede ahora contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel.
El Papa, cualquier pontífice, esgrimirá la fuerza pacificadora del Evangelio. México mostrará orgulloso sus principios constitucionales en política exterior, los cuales –vale decirlo–, fueron consagrados con esa alta jerarquía jurídica, a partir de 1988. Fueron concebidos en 1930 por Don Genaro Estrada.
Pero últimamente México tiene un segundo comentario ante las crisis: demandar a las Naciones Unidas responsabilidad en el restablecimiento de la paz en el mundo.
La actitud de la 4-T y la 4-T.2P ante Naciones Unidas es muy extraña. Por una parte, se le exigen capacidades inexistentes y por la otra se le define como inútil e inservible.
Resulta inolvidable en este último sentido aquella frase inmortal del caudillo cuatroteísta: la ONU es un hermoso edificio de cristal en Nueva York. Esta es la inmortal declaración del 6 de julio del 2023.
“…Pero es que la ONU está muy anquilosada. No está haciendo su trabajo. No está haciendo nada para combatir el principal problema del mundo que es la desigualdad. No hacen nada, pero también (tampoco) , no hacen nada para evitar las guerras”.
Sin embargo, aquel gobierno recurría a la ONU hasta para vender un avión, cosa imposible para ese intermediario. ¡Ah!, pero cuando a México le tocaba presidir el (inútil) Consejo de Seguridad de ese edificio en Nueva York, el orgullo nacional era como si los ratones verdes hubieran ganado el mundial de fútbol o Shakira cantara en el Zócalo.
Ahora esas críticas se repiten. Al comienzo de la semana, la señora presidenta (con A), nos dijo:
“…en poco tiempo, Naciones Unidas ha perdido muchísimo. Y esto tiene que ser un asunto multilateral, no sólo de México: de un llamado a recuperar las instancias internacionales para la solución de los conflictos…”
Confundir la ONU con la omnipotencia pacifista es un error. Quizá provenga del desconocimiento de sus momentos fundacionales.
Cuando concluyó la conferencia de Yalta (1945) , ya con Roosevelt seriamente disminuido de salud en el reparto del mundo tras la derrota alemana, el presidente de los Estados Unidos ofreció un propósito, no una promesa:
“… debe anunciar el fin del sistema de acción unilateral, las alianzas exclusivas (y excluyentes), las esferas de influencia, los equilibrios del poder y todos los demás expedientes que se han probado y que han fallado siempre. Proponemos sustituirlos por una organización universal en que todas las naciones amantes de la paz, tengan , por fin, oportunidad de ingresar. Confío en que el Congreso y el pueblo de los Estados Unidos acepten los resultados de esta conferencia como los comienzos de una permanente estructura de paz.”
Pero Truman, quien terminó la guerra con el advenimiento de la era atómica, explicó mejor y más directamente el papel de Estados Unidos:
“…Nada es más esencial para la futura paz del mundo, que una continuada operación de las naciones que tuvieron que reunir la fuerza necesaria para derrotar la conspiración de los poderes del Eje por dominar al mundo. Aunque estos grande Estados tienen LA RESPONSABILIDAD, especial de IMPONER la paz, su responsabilidad se basa en las OBLIGACIONES que recaen sobre todos los Estados, GRANDES Y PEQUEÑOS, de no emplear la fuerza en las relaciones internacionales salvo en defensa de la ley…”
Obviamente la distinción entre responsabilidades y obligaciones y el papel de los vencedores de la guerra, explica hasta la conformación del Consejo de Seguridad y le da a la ONU un papel de foro; no de poder ejecutivo universal como se creería desde la ingenuidad.
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