Esta semana, más de 30 rectores y representantes de universidades públicas y privadas de nuestro estado se dieron cita para dialogar sobre el Programa Hídrico del Estado de Querétaro. La reunión, convocada por la Comisión de Educación de COPARMEX Querétaro y celebrada en la Universidad Politécnica de Querétaro, no fue un acto protocolario más: fue un punto de partida.
El agua es el mayor desafío estructural que enfrenta Querétaro en las próximas décadas. No basta con garantizar el abastecimiento; necesitamos transitar hacia un modelo de aprovechamiento eficiente, responsable y sostenible. Y en ese tránsito, las universidades no son observadoras: son protagonistas.
Instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México campus Juriquilla, la Universidad Autónoma de Querétaro, el Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro, la Universidad Anáhuac Querétaro y muchas más ya han comenzado a involucrarse. Pero el llamado es más profundo: no se trata solo de participar en foros, sino de asumir una corresponsabilidad activa en la construcción de soluciones.
Las universidades tienen el privilegio —y la obligación moral— de gestar conocimiento y formar conciencia. En sus aulas se están preparando los ingenieros que diseñarán infraestructura más eficiente; los abogados que fortalecerán el marco legal; los comunicadores que transformarán la cultura del consumo; los economistas que medirán el impacto de las políticas públicas. Cada disciplina tiene algo que aportar a la gestión hídrica.
Pero además, los campus son microciudades. Consumen agua, generan residuos, influyen en hábitos. Convertir a cada universidad en un laboratorio vivo de eficiencia hídrica —con medición, indicadores y metas claras— enviaría un mensaje poderoso a toda la sociedad.
El Programa Hídrico no está concebido como una carta de buenas intenciones. Está diseñado para medirse: con indicadores trimestrales, resultados anuales e impactos bianuales. Cada acción tiene responsable y seguimiento. Ese mismo estándar de evaluación puede replicarse en el ámbito universitario.
Hoy más que nunca necesitamos que el conocimiento salga del aula y se convierta en acción. Que la investigación dialogue con la política pública. Que la juventud no sea espectadora, sino agente de transformación.
A los retos hay que darles la cara. Y en el tema del agua, Querétaro tiene la oportunidad de demostrar que cuando academia, sociedad y gobierno trabajan de manera corresponsable, el futuro no se improvisa: se construye.





