La presidenta Claudia Sheinbaum inicia en 2026 el primer año calendario en el que podrá ser evaluada como la única responsable de sus decisiones. El 2025 estuvo, hasta cierto punto, condicionado por metas y compromisos heredados del último año de gobierno del presidente López Obrador. El Presupuesto de Egresos de 2025, por ejemplo, tuvo que ser negociado entre ambos; el de 2026 ya no.
Lo que ocurra —o deje de ocurrir— en 2026 será responsabilidad exclusiva de la presidenta. Una presidenta que, además, cuenta con más herramientas de poder que las que tuvo su antecesor. Al capital político heredado del contundente resultado electoral de 2024 se suma la consolidación de reformas que concentran poder en el Ejecutivo: la desaparición de órganos autónomos, la configuración de un Poder Judicial afín y la alineación de instancias clave de investigación y procuración de justicia, como la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad Pública.
Sheinbaum comienza 2026 con más poder que cualquier presidente desde 1994. Pero esta concentración también entraña un riesgo mayúsculo: ya no hay excusas. La presidenta es hoy la principal dueña del destino político del país. Si algo no funciona, se irá instalando la idea de que es debido a la oposición o a las “fuerzas neoliberales”, sino a tensiones internas de su propio movimiento.
Como ocurrió en 1995, cuando al expresidente Salinas de Gortari se le atribuían muchos de los problemas que enfrentó el gobierno de Ernesto Zedillo, no faltará quien se pregunte si hay lopezobradoristas —Adán Augusto López, Ricardo Monreal o algunos gobernadores morenistas— detrás de los episodios más desafiantes para la presidenta.
A lo largo de 2026, el liderazgo de Sheinbaum será puesto a prueba en tres frentes centrales: la detonación de un crecimiento económico más sólido, la revisión del tratado de libre comercio, y la intensa presión política del presidente Donald Trump.
1.- Crecimiento económico sólido. Los gobiernos de la Cuarta Transformación han sido pobres generadores de crecimiento económico. Entre 2019 y 2025, la economía mexicana ha crecido a tasas inferiores al 1% anual. El gobierno distribuye recursos mediante programas sociales a partir de un pastel que no ha logrado hacer crecer y recurre a la redefinición de indicadores de bienestar para contrarrestar las críticas por el estancamiento económico.
Es necesario estimular de manera decidida la inversión privada para acelerar la creación de empleos bien remunerados y evitar verse obligado a proponer una reforma fiscal que incremente la carga tributaria para alimentar al erario.
2.- Un tratado trilateral incierto. Más de la mitad de 2026 transcurrirá bajo la incertidumbre sobre el futuro del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. Existe consenso en que ha sido benéfico para los tres países y que debería mantenerse, pero el diablo está en los detalles. Nadie puede anticipar si el gobierno de Donald Trump impulsará ajustes que alteren de manera significativa las reglas del juego para industrias o sectores específicos.
La presidenta, siguiendo la línea de su antecesor, no parece particularmente inclinada a viajar a Estados Unidos para movilizar aliados y construir una negociación más favorable para México. Confía en que los objetivos de política exterior pueden alcanzarse desde el púlpito del Salón Tesorería de Palacio Nacional.
3.- La doctrina Donroe. La detención de Nicolás Maduro en Caracas para enfrentar cargos de narcotráfico en una corte de Nueva York sería la expresión más clara de una nueva política de Washington hacia América Latina. La política exterior mexicana avanza por una ruta de colisión con Estados Unidos en varios frentes: la crítica al uso de la fuerza y a la violación de la soberanía venezolana; las crecientes presiones sobre Cuba, ahora afectada por la reducción del suministro de petróleo venezolano y por la posible cancelación de pagos relacionados con el envío de médicos y operadores políticos; y la persistente especulación sobre una eventual intervención de EU en México para capturar a un narcotraficante o incluso a un gobernador con presuntos vínculos con el crimen organizado.
2026 no será un año sencillo. Con el poder concentrado, el discurso controlado y los contrapesos debilitados, el margen de error se reduce a cero. Si el proyecto falla, no habrá adversarios externos a quienes culpar. El Mundial y el eterno sueño del quinto partido nos ofrecerán una tregua emocional. Pero cuando despertemos en agosto, la realidad seguirá ahí y con ella las preguntas incómodas. México seguirá esperando crecimiento, certezas y rumbo.






