Fernando Toledo
Hablar del vestuario del grupo coreano BTS, que se presentará en México los días 7, 9 y 10 de mayo en el Estadio GNP, es hablar de algo más grande que la moda: es hablar de identidad, de estrategia cultural y de cómo un grupo de siete jóvenes surcoreanos, de rasgos finos y melenas lacias, logró que el mundo entero aprendiera códigos estéticos que van del K-Pop al lujo, del uniforme a lo andrógino.
Desde sus inicios, BTS entendió algo fundamental: la ropa también proyecta y sirve para transmitir sentimientos y emociones, tanto en sus apariciones públicas como en sus exitosos shows.
En sus primeras etapas, la banda utilizó el vestuario tipo uniforme para todos sus integrantes, como un sistema definido con trajes coordinados, siluetas cercanas al streetwear y guiños escolares muy presentes en las culturas orientales, que hablaban de juventud, presión social y pertenencia.
“Con el tiempo, ese uniforme se rompió, y ahí comenzó la verdadera revolución, ya que cada integrante empezó a construir una identidad propia sin perder el discurso grupal. El resultado: una estética coral donde la individualidad no divide, sino que suma”, afirma el experto en imagen Marco Corral.
La entrada de BTS al universo del lujo no fue una casualidad, sino una fórmula estratégica. Casas como Louis Vuitton, Dior y Gucci encontraron en ellos algo más poderoso que simples embajadores, pues se volvieron traductores culturales para conectar con los jóvenes del mundo.
“En alfombras rojas y pasarelas, BTS redefinió el traje masculino con siluetas fluidas, colores suaves, joyería visible y blusas que sustituyen a la camisa rígida. El mensaje era claro: la masculinidad ya no necesita armadura; puede ser elegante, sensible y experimental, y permitirse jugar al máximo con lo femenino”, agrega Corral.

Inspiración global
No es de extrañar, entonces, que las prendas y accesorios que este exitoso grupo utiliza se repliquen de inmediato entre sus millones de seguidores en redes sociales, convirtiéndolos en una inspiración global.
“Su impacto se nota principalmente en la ropa sin género, la normalización del maquillaje masculino, las melenas lacias con reflejos de color, el regreso del traje holgado y la mezcla entre el streetwear y la alta moda”, señala la experta Araceli Motta.
Esto es relevante, ya que tanto firmas reconocidas como marcas emergentes, diseñadores asiáticos y estilistas occidentales han tomado nota de este caso de éxito: el consumidor ya no busca rigidez, sino emoción.
‘Visten’ generaciones
Otro fenómeno clave es el llamado airport fashion, pues BTS convirtió las terminales aéreas en pasarelas contemporáneas: looks cómodos, bien pensados y altamente fotografiados. Sudaderas, bolsos de lujo, pantalones amplios, chaquetas tipo cargo o militar y sneakers de edición limitada conforman una estética aspiracional, pero alcanzable.
En el escenario, el vestuario se vuelve épico, llamativo y altamente fotografiable para Instagram y otras plataformas. Bordados, referencias históricas y trajes que dialogan con la coreografía y la iluminación. Aquí, la moda narra historias al ritmo de su música.
“Podemos decir que el vestuario de BTS no sólo viste cuerpos, sino generaciones de jóvenes. Ha influido en cómo los chicos entienden el lujo, la identidad, el género y la autoexpresión. En un mundo que busca etiquetas, BTS propone algo más complejo y más interesante: libertad estética con propósito”, aporta Motta.






