Milan tiene seis años y se levanta a las seis de la mañana. Afuera hace mucho frío, sus manitas calan el viento de enero. El cielo está gris cuando llega a la Escuela Primaria Josefa Ortiz de Domínguez, a las 8:30, con su mochila colgada, gorrito y las manos dentro de su chamarra azul. Camina rápido al lado de su papá porque se hace tarde. La banqueta está llena de niñas y niños como él; todos aguardan la hora del receso: salir a divertirse.
La calle de Hidalgo en el Centro Histórico de Querétaro se llena de mochilas de colores —una muy peculiar de Frozen— y otra más pequeña con una lonchera que golpea las piernas al andar. Algunas niñas visten falda y calcetas largas, con tal de desafiar la adversidad climática. Una jovencita carga un oso de peluche apretado contra el pecho, sabe que este será su fiel acompañante en su invernal regreso a clases. El viento juega con las melenas de los niños. Las mamás se inclinan para abrazar más fuerte, para absorber el frío de sus criaturas antes de que crucen las puertas de la primaria.
Milan piensa que el frío es mental, pues se despierta con ánimo. Vive lejos de la escuela y el trayecto es largo, pero la ida no le pesa. Cuando se le pregunta qué es lo que más extrañaba de la escuela, responde sin pensar: “los juegos”. ¿Su favorito? Todo aquel que ocurra en “el patio de acá afuera”, a la hora del receso.
Mientras tanto, una agente de guardia vial levanta la mano y detiene los coches. Los adultos caminan rápido, se mezclan entre chamarras, cubrebocas y bufandas. Un elemento de vialidad observa con atención:
“Ahorita (estamos) resguardando niños, sobre todo porque es ahorita una calle de las más importantes”, señala sin bajar su guardia.
Las puertas se abren con anticipación por el clima.
“Ahorita están abriendo temprano por lo mismo del clima (…) se les está brindando el apoyo, dando vialidad y paso peatonal para evitar accidentes”.
Michelle, también de seis años, entra de vuelta a primer grado, igual que Milan. Su mamá, Verónica, la observa a lo lejos a través de la reja amarilla que separa la banqueta del tránsito vehicular. El regreso a clases significa volver a levantarse temprano, dejar la casa.
“La levantada, regresar a la rutina (…) Ellos quisieron más vacaciones”, dice su mamá tras haber dejado a Michelle en su escuela.
Aun así, el horario de invierno les da un respiro.
“Es una ventaja para ellos porque así no los levantamos tan temprano. Les ayuda a que descansen un ratito más”.
Verónica vive por Avenida de la Luz, por lo que, al igual que Elías, papá de Milan, despertó a las 6:00 para llegar a tiempo. Para ella, este regreso no implicó gastos mayores. “Sigue la misma mochila, el mismo uniforme. A lo mejor nada más bufandas y gorros”.
Milan ya no escucha más la melodía de la calle. Está más cerca del patio de juegos. La escuela recibe entre 250 y 300 estudiantes esta mañana, de acuerdo con la intendencia. Es una de las muchas primarias que hoy vuelven a llenarse en Querétaro.
En todo el estado, regresan a clases 356 mil 335 alumnas y alumnos de dos mil 114 escuelas públicas, según la Unidad de Servicios para la Educación Básica en el Estado de Querétaro (USEBEQ). El horario de invierno se mantiene hasta el 20 de febrero y se permite el uso de ropa abrigadora. “Hoy lo principal es la salud de nuestros niños”, recalca la coordinadora general, Irene Quintanar Mejía.
Afuera, el invierno gris se queda en la reja amarilla. Adentro, la escuela vuelve a llenarse de pasos pequeños, risas y aprendizaje. Milan entra con la mochila puesta. El patio, todavía vacío, será suyo en unas horas.






