Durante cinco años, Marisol Plara habitó una montaña en Chiapas. No había caminos, ni electricidad constante, ni comodidades mínimas. La vida cotidiana se organizaba alrededor de lo esencial: construir refugio, resolver el agua, observar el clima, convivir con plantas, insectos y animales que parecían dominar un territorio al que ella apenas aprendía a pertenecer. En ese contexto, lejos del ritmo urbano y de la infraestructura artística convencional, comenzó a gestarse ‘Red Fotónica’, la exposición que ahora se presenta en el Museo de los Conspiradores, en el centro histórico de Querétaro.
De la montaña al museo: orígenes de Red Fotónica
“Mi compañero y yo fuimos a vivir al monte, a observar la naturaleza, a hacer bioconstrucción”, relata. No se trató de una residencia artística en el sentido tradicional, sino de una experiencia de vida que transformó por completo su manera de mirar y de producir. “En esta relación de vida empezamos a descubrir nuevos patrones que no teníamos idea que existían, de comportamiento de los seres endémicos, tanto plantas como animales, el clima”, explica. Frente a ese descubrimiento constante, la pintura apareció como una necesidad de traducción y de divulgación. “Decidí que es un conocimiento muy importante que se tiene que compartir”.
Las obras que integran Red Fotónica surgieron de esa convivencia prolongada con un entorno que no concede tregua. Antes de llegar a Querétaro, la serie tuvo una primera exhibición en el Museo de Pinal de Amoles. Sin embargo, no todas las piezas pudieron mostrarse entonces. “Ahí algunas piezas no se expusieron por el espacio, por el tamaño”, recuerda. El traslado implicó una logística compleja: mover las obras desde Chiapas hasta el Estado de México, luego a Querétaro y finalmente a Pinal de Amoles. Más tarde, el acervo completo encontró un espacio adecuado en el Museo de los Conspiradores.
Ese recorrido físico de las piezas refleja también un tránsito conceptual dentro de la trayectoria de la artista. En su obra anterior, Marisol exploraba la relación entre la arquitectura contemporánea y la naturaleza desde un contexto urbano. “Había mucho interés por la naturaleza, pero también una exploración arquitectónica, porque yo vivía en un entorno más urbano”, explica. La estancia en la montaña supuso un quiebre radical. “Ahí no había realmente nada, ni siquiera camino, todo era totalmente virgen”. Ese cambio de entorno modificó no solo los temas, sino el enfoque completo de su trabajo.
“Todo es luz”
El concepto de Red Fotónica nace de una reflexión. Para Marisol, la luz funciona como un principio unificador que atraviesa todos los espacios y todas las formas de vida. “No importa en dónde estés, todos son fotones, todo es luz”, afirma. Su investigación la llevó incluso a procesos evolutivos antiguos: “Hace como 700 millones de años las algas comenzaron a transformar la luz en materia viva”. Desde ahí, la artista propone una lectura poética y científica a la vez: “Digamos que nosotros somos luz, pero mucho más compleja, y nuestras creaciones de alguna forma también lo son”.
Más que una ruptura, Red Fotónica se presenta como una continuidad dentro de su trayectoria. Para la artista, se trata de “una continuidad de la intención de seguir divulgando estas reflexiones”, señala. La diferencia está en el lugar, en el público y en las piezas que ahora pueden mostrarse en su totalidad. “Es diferente presentarla en Pinal de Amoles a presentarla en el centro de Querétaro, porque hay diferentes tipos de público, diferentes diálogos y reflexiones que pueden surgir”.
El proceso creativo detrás de la exposición estuvo marcado por la precariedad material y la adaptación constante. Pintar en el monte, sin infraestructura, implicó replantear todo. “Creí que no iba a poder pintar”, confiesa. Ante la imposibilidad de trabajar en gran formato, decidió reducir las dimensiones de las obras para continuar. También tuvo que resolver la ausencia de luz eléctrica. “Yo estaba muy acostumbrada a pintar de madrugada, pero allá no había luz”. La solución llegó a través de la energía solar: cargaba lámparas durante el día y las utilizaba por la noche.
La reflexión se extendió a los materiales. En un entorno natural, el uso de acrílicos, óleos y solventes comenzó a resultarle contradictorio. “No tiene mucho que ver estar utilizando esos materiales”, dice. Por ello incorporó tierra, barniz de copal, resinas naturales, pigmentos orgánicos y alumbre como fijador. Sabía que los colores durarían menos que los industriales, pero asumió el costo. “Para no contaminar tanto se debe implementar un proceso de limpieza diferente”, explica. Los residuos, incluso, se transformaron en nuevas piezas de arte: “Tal vez guardarlos como esculturas”.

Materiales, cuerpo y entorno
Ese proceso llevó a Marisol a una reflexión más profunda sobre el cuerpo humano frente a la naturaleza. La observación de la flora y la fauna la confrontó con sus propias limitaciones físicas. “Yo me sentía casi como un bebé desnudo en el monte”, recuerda. En la sequía, observó cómo los insectos rascan la corteza para absorber agua, cómo el rocío matutino es la única fuente de humedad durante meses. “Son estrategias evolutivas que yo pienso que el humano ha perdido”.
Esa conciencia la llevó a experimentar incluso en lo personal. Intentó prescindir de zapatos y ropa como un ejercicio de acercamiento. “Ahí fue cuando dije: no estoy preparada biológicamente como ellos”, reconoce. Para la artista, los seres que habitan esos entornos poseen tecnologías incorporadas a su propio cuerpo, mientras que el ser humano depende cada vez más de herramientas externas. “Nos hemos hecho dependientes físicamente de cosas como los zapatos, la ropa, los lentes, los repelentes”.
Red Fotónica también plantea una crítica al antropocentrismo. Marisol espera que el público salga de la exposición con una mirada distinta hacia el entorno natural. “Me encantaría que observaran la flora y la fauna con mucha más reverencia, que no llegaran a ensuciar o a violentar sus espacios”, dice. Para ella, el progreso no necesariamente está en seguir acumulando tecnologías externas, sino en repensar la evolución humana desde el cuerpo y el conocimiento interno.
Esta exposición marca un momento importante en la carrera de la artista. Es su décimo quinta muestra individual y la primera que presenta en el centro de Querétaro. Más allá del espacio, le interesa el encuentro con nuevos públicos y las conversaciones que puedan surgir. Red Fotónica fue inaugurada el cinco de febrero en el Museo de los Conspiradores, a las 18:30 horas, como una invitación a mirar la luz, la vida y la naturaleza desde una perspectiva más consciente.







