jueves, marzo 12, 2026
Sin resultados
Ver todos los resultados
Plaza de Armas | Querétaro
  • Andadores
  • aQROpolis
  • Editoriales
  • Efectivo
  • En tiempo real
  • Local
  • México
  • Planeta
  • Ráfagas
  • Roja
  • Andadores
  • aQROpolis
  • Editoriales
  • Efectivo
  • En tiempo real
  • Local
  • México
  • Planeta
  • Ráfagas
  • Roja
Sin resultados
Ver todos los resultados
Plaza de Armas | Querétaro
Sin resultados
Ver todos los resultados

Pintar la luz que habita en lo invisible

Nurhi Calleja, artista plástica

por Lila Cruz
12 marzo, 2026
en aQROpolis, Destacados
Pintar la luz que habita en lo invisible
3
VISTAS

En un tiempo donde el ruido parece dominarlo todo, hay artistas que aún buscan en el silencio el origen de la belleza. La pintora y escultora Nurhi Calleja pertenece a esa estirpe de creadores para quienes el arte no es sólo una disciplina estética, sino una forma de exploración interior. Su exposición Ventanas al Universo, presentada en el CEAR de Querétaro, abre un recorrido donde la pintura se convierte en energía, la materia en símbolo y la mirada del espectador en un viaje hacia lo invisible.

Hay artistas que aprenden a dominar una técnica. Otros perfeccionan un estilo. Pero existen algunos cuya obra parece brotar desde un lugar más profundo, como si cada trazo fuera una conversación silenciosa con algo que no se ve, pero se siente. Frente a sus cuadros no se tiene la impresión de estar mirando una pintura: se tiene la sensación de asomarse a un umbral.

Algo así ocurre con la obra de la pintora y escultora Nurhi Calleja, una creadora cuya búsqueda no se limita al oficio artístico, sino que se adentra en territorios donde el arte, la intuición y la espiritualidad se entrelazan.

Nos encontramos en el CEAR, dentro del Museo de Arte, donde presenta su exposición Ventanas al Universo, un título que parece contener una declaración íntima de su propia mirada. Porque sus lienzos no pretenden describir el mundo; más bien parecen abrirlo. Frente a ellos uno descubre que el color puede convertirse en energía y que la forma puede ser también una vibración.

Antes de convertirse en la artista que hoy conocemos, la historia de Nurhi comenzó con una revelación temprana, una de esas intuiciones que aparecen en la infancia y que permanecen como una semilla silenciosa.

Tenía apenas siete años cuando conoció a una alfarera. Aquella mujer que modelaba la tierra despertó en ella un asombro inmediato por la plasticidad de la materia. No era solamente el acto de crear un objeto: era la experiencia de sentir cómo algo nacía a través de las manos. Desde entonces comprendió que había un lenguaje secreto entre el ser humano y los materiales, un diálogo que ocurre antes de las palabras.

Poco después, ese descubrimiento encontró su paisaje.

Durante su niñez pasó largas temporadas en Tehuacán, Puebla, en el rancho de su padre. Allí, entre el horizonte áspero del desierto y la luz dorada de los atardeceres, la pequeña Nurhi subía a lo alto de un tinaco con su guitarra, un cuaderno y acuarelas para pintar el cielo. Era una escena casi cinematográfica: una niña observando el horizonte mientras el sol incendiaba la tierra seca.

Ese gesto infantil —mirar el mundo desde lo alto para capturar sus colores— parece haber quedado inscrito en su manera de crear. En sus cuadros aún vive ese impulso de contemplación.

“Mis padres me enseñaron a amar la naturaleza vibrante”, recuerda.

Esa naturaleza se percibe en su pintura como un jardín en expansión. Los colores florecen, las formas se despliegan con libertad, los espacios parecen respirar. Nada en su obra se siente rígido; todo fluye como si siguiera el pulso orgánico de la vida.

A finales de los años ochenta, esa intuición artística la llevó a San Miguel de Allende, donde comenzó a estudiar cerámica. Tenía apenas dieciocho años y, como ocurre a esa edad, la pregunta sobre la identidad empezaba a abrirse con fuerza.

Más que encontrar una profesión, estaba tratando de encontrarse a sí misma.

Aquella etapa tuvo algo de espíritu bohemio: viajes en camión, huaraches de suela de llanta, canciones en cafés cantantes, tardes que parecían dilatarse entre conversaciones y música. Pero bajo esa libertad había una búsqueda profunda.

El arte, aún sin saberlo del todo, ya era el lenguaje para explorarla.

La vida, sin embargo, tiene sus propios tiempos. Durante años el arte quedó en pausa mientras otras responsabilidades ocupaban el centro de su existencia: la maternidad, la vida familiar, las exigencias cotidianas.

Hasta que llegó un momento decisivo.

Cuando cumplió cuarenta años, Nurhi vivió lo que podría llamarse un despertar interior. Después de mucho tiempo dedicada a otros, se miró al espejo con una honestidad radical y se hizo tres preguntas que pocas veces nos atrevemos a formular con claridad: ¿quién soy?, ¿a dónde voy?, ¿qué quiero realmente de mi vida?

Fue entonces cuando el arte dejó de ser una inclinación latente y se convirtió en un camino inevitable.

Las experiencias difíciles —las pérdidas familiares, el divorcio, las heridas emocionales— no desaparecieron, pero encontraron una forma de transformarse. Para Nurhi, el dolor no es una frontera para la creación, sino una puerta hacia el autoconocimiento.

“Las heridas no siempre nos las provoca otro”, reflexiona. “Muchas veces aparecen cuando dejamos de vernos a nosotros mismos”.

Esa mirada interior se convirtió en el centro de su obra.

Parte de su visión espiritual también proviene de su propia historia familiar. Su padre es musulmán sufí y su madre era profundamente espiritual dentro del catolicismo. Crecer entre ambas tradiciones le permitió comprender que la espiritualidad puede adoptar múltiples caminos.

Hoy se define como una librepensadora, pero conserva una relación íntima con la idea de una energía universal que atraviesa todo lo que existe.

Esa convicción aparece en su pintura de forma casi natural.

Las esferas luminosas que atraviesan muchos de sus lienzos representan ese universo invisible donde todo se conecta. Para ella, el mundo no es una suma de objetos aislados, sino un tejido vibrante donde cada elemento dialoga con los demás.

En su taller, el proceso creativo comienza con una especie de ritual personal. Coloca música en frecuencias específicas —los llamados hertz que influyen en la vibración emocional— y entra en un estado meditativo antes de comenzar a trabajar.

Luego deja que el lienzo hable.

No hay un plan rígido ni bocetos previos. El color aparece, se expande, se transforma.

A veces incluso la sorprende.

Uno de esos momentos ocurrió cuando comenzó la serie que hoy presenta en el CEAR. Extendió un enorme lienzo sobre el suelo —de más de dos metros por cinco— y lanzó una aguada de pintura.

Cuando se volvió para observar la superficie, descubrió que entre los colores comenzaba a dibujarse la figura de un ave fénix.

No era algo que hubiera planeado.

Era una imagen que había emergido.

De ese hallazgo nació Ventanas al Universo, una colección donde los elementos naturales —agua, fuego, aire, tierra y éter— dialogan con campos cromáticos que evocan energía en movimiento.

Pero el lenguaje de Nurhi no se limita al lienzo.

Hace poco más de una década descubrió la escultura durante un proceso de exploración interior que utilizaba el arte como herramienta terapéutica. En ese taller creó una figura que parecía una bailarina convertida en flor.

La reacción de quienes la vieron fue inmediata.

Aquello tenía una fuerza especial.

Poco tiempo después encontró por casualidad un anuncio de clases de escultura en Querétaro y decidió profundizar en esa disciplina. Desde entonces ha trabajado con distintos maestros y ha desarrollado una obra escultórica donde las manos ocupan un lugar central.

Para ella, las manos representan algo esencial: la energía que crea, que contiene, que cuida, que transmite.

Su primera pieza fueron dos manos entrelazadas, símbolo del equilibrio entre lo masculino y lo femenino, entre la fuerza que impulsa y la que sostiene.

Entre sus obras públicas destaca una escultura monumental de once toneladas ubicada en el Gómez Morin.

“Cuando tienes un reto en la vida”, dice, “simplemente lo haces”.

Esa misma filosofía atraviesa su visión del arte.

Para Nurhi, una obra no debe imponer una interpretación. Cada persona se acerca a una pintura desde su propia historia. Hay arte que confronta, arte que cuestiona y arte que busca elevar.

El suyo, confiesa, aspira a lo último.

Tal vez por eso el comentario que más se repite entre quienes visitan su exposición es sencillo y profundamente revelador:

“Tu pintura me hace sonreír”.

En tiempos donde la velocidad y la incertidumbre parecen dominarlo todo, esa sonrisa se vuelve una forma de reconciliación con lo esencial.

Nurhi llama a su trabajo arte con alma, una expresión que resume su intención de crear desde un lugar sincero, donde la intuición y la espiritualidad acompañan el gesto artístico.

Actualmente trabaja en una nueva serie escultórica titulada “Nuri”, inspirada en el significado de su nombre en árabe: mi luz. Cada pieza representará una faceta distinta de la mujer que ha llegado a ser —la sabia, la alegre, la plena— como si fueran reflejos de su propio proceso de transformación.

Antes de despedirnos le pregunto si pudiera resumir su obra en una sola palabra.

No duda.

Plenitud.

La exposición permanecerá abierta hasta el 5 de abril en el CEAR.

Quien se acerque a recorrer Ventanas al Universo descubrirá algo más que pinturas o esculturas. Descubrirá la mirada de una artista que aprendió a convertir la introspección en color y la búsqueda espiritual en forma.

Porque en los lienzos de Nurhi Calleja no sólo habita el arte.

Habita una certeza silenciosa: que incluso en tiempos inciertos, la belleza sigue siendo una forma de luz.

Etiquetas: Arteartistaescultoraexposicionpintora

RelacionadoNoticias

Huntrix sonará en vivo en los premios Oscar

Schwarzenegger revive franquicias

12 marzo, 2026
Aplasta Madrid al City

Aplasta Madrid al City

11 marzo, 2026
Ana Luisa Peluffo y el 8M

Alista OFEQ su Divina Locura

11 marzo, 2026
Ana Luisa Peluffo y el 8M

Inaugura UAQ exposición urbano-colectiva

11 marzo, 2026
Siguiente noticia
Es hora de regenerar Querétaro

Gobernar el agua exige información

 

 

 

Categorías

  • Andadores
  • aQROpolis
  • Cartón
  • Editoriales
  • Efectivo
  • En tiempo real
  • Fuego amigo
  • Fuente de El Marqués
  • Local
  • México
  • Planeta
  • Portada
  • Ráfagas
  • Roja

Enlaces Internos

  • Aviso de Privacidad
  • Aviso Legal
  • Contacto
  • Aviso de Privacidad
  • Aviso Legal
  • Contacto

© 2020 MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. Todos los derechos reservados.

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Andadores
  • aQROpolis
  • Editoriales
  • Efectivo
  • En tiempo real
  • Local
  • México
  • Planeta
  • Ráfagas
  • Roja

© 2020 MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. Todos los derechos reservados.

Este sitio web utiliza cookies. Al continuar utilizando este sitio web, usted está dando su consentimiento para el uso de cookies. Visite nuestra Política de privacidad y cookies.