Hace unos días, con el gratificante complejo de inferioridad como herencia de la conquista, las autoridades del turismo nacional presentes en España echaron a vuelo las campanas de su felicidad y dijeron a voz en cuello:
–Los reyes de España visitaron el local de la feria internacional de turismo (Fitur) dedicado a México en Madrid y compartieron algunos momentos de su majestuoso tiempo con nosotros los plebeyos originarios de allende la Mar Océano. Y saludaron de mano a los indígenas.
Ese entusiasmo proviene de dos cosas: la ignorancia o el falaz aprovechamiento del indigenismo tan en boga.
Los reyes no fueron a admirar el espacio mexicano en la feria. Fueron a la feria. Y nada más.
El espacio de México –anfitrión por rotación y celebrado como excepción–, ni siquiera fue tomado en cuenta en el concurso de los “stands”. Hasta Guatemala lo hizo mejor. Y con menos multitud de invitados y gorrones.
¡Ah!, pero eso sí. La autoridad turística nacional en la FITUR tuvo acceso al palco del Santiago Bernabéu. Cosa imposible para la antigua capitanía general cuya presentación se ganó el primer lugar entre todos los expositores:
“Guatemala –dice la información oficial de la feria–, cuenta con un stand delicado, elegante y dotado de belleza ancestral. El espacio utiliza cuatro elementos esenciales: la madera, los hilos textiles de color, una gran pantalla piramidal y la imagen de los glifos mayas. De esta forma, el destino traslada a un diseño minimalista la representación perfecta de lo que es el país: naturaleza, arquitectura, artesanía y tradición.
“En el stand de Abu Dhabi. -segundo lugar–, el lujo y las tradiciones del país quedan patentes a través de acabados elegantes y toques étnicos”.
“Egipto, traslada su legado histórico a Fitur con su “stand”. Por un lado, Abu Simbel y, un pabellón más al sur, el nuevo museo de El Cairo. La presencia faraónica se refleja en estos dos montajes monumentales, tanto en el espacio comercial como en el expositivo (museo)”.
Bueno, ni medalla de bronce.
Pero los ridículos van más allá de creerse el ombligo universal.
Hay algo peor: la utilización sacrílega de las manifestaciones religiosas de los pueblos originarios convertidas en vil chaquira superficialmente decorativa de objetos ajenos al pensamiento wixárika (huichol).
Como todos sabemos las chaquiras hundidas en cera –como las combinaciones de hilos en los textiles–, son originalmente una interpretación del órden universal. En sus versiones primarias son cosmovisiones.
Significan en sí mismas un lenguaje hierático ajeno de las intenciones mercantiles de forrar con chochitos objetos alejados de la ritualidad indígena. En ese sentido hemos visto vivales de la falsificación artesanal, cuya intervención las aleja de su sentido esencial. No importa si es para cubrir el casco del “Checo” Pérez o el cinturón de pelea del “Canelo “ Alvarez.
Los automóviles alemanes recubiertos de chaquira, no dejan de ser alemanes y no se transforman de ninguna manera en expresiones culturales genuinas de los pueblos originarios,cuyos artesanos siempre están dispuestos y disponibles –por conveniencia mercantil–, a participar en su trivialización cultural en cualquier parte.
Muy distinto por ejemplo, el caso del esplendoroso mural obsequiado por México a la ciudad de París, permanentemente exhibido en la estación Palacio Real-Museo de Louvre.
Pero ahora hemos visto algo extremo: el lagotero intento por “quedar bien” con la alcaldía madrileña, mediante una réplica del símbolo alegórico de la capital de España: el oso y el madroño envueltos en chaquira falsamente “huichol”.
Poner las incomprendidas manifestaciones del arte ritual al servicio de la leyenda fundacional de Madrid es una nueva forma de rendición tlaxcalteca ante los rubios barbones.
Así como la indumentaria tradicional no debería usarse como decoración o vestimenta de carnaval –como sucede con la toga bordada de pajaritos mixtecos sin Mixteca en la SCJN–, las expresiones artísticas merecen respeto, pero para lograrlo sería necesaria una mínima cultura etnológica, ausente por lo visto del intento cuatroteista de turismo VTI.






