Julio Scherer y Jesús Ramírez Cuevas fueron los principales operadores políticos del expresidente Andrés Manuel López Obrador durante la primera parte de su sexenio. Scherer operaba desde la Consejería Jurídica de la Presidencia, donde se abrogaba las funciones de secretario de Gobernación y tutelaba la Fiscalía General de la República. Ramírez Cuevas, su vocero, era la pieza que utilizaba el expresidente para resolver problemas y diferendos políticos dentro de Morena. La relación entre ellos nunca fue buena, pero fue empeorando. Ramírez Cuevas lo intriga de manera sistemática, con un odio que se mantuvo más de cinco años después de haber dejado la Presidencia y el poder. Ahora, viene la reversa.
Ramírez Cuevas construyó la maquinaria de propaganda del obradorismo, y fue figura central en la estrategia de la polarización y odio que vivimos y seguimos pagando todos, que vio Scherer de cerca durante su paso por la Presidencia sin que pudiera atenuar los ataques ni convencer a López Obrador de lo maligno de esa política. Scherer salió de la Presidencia porque quiso, pero derrotado en la política realista por Ramírez Cuevas, hasta ahora que empieza a empatar el juego al haber abierto una puerta que nadie sabía que existía: su presunta relación con “el rey del huachicol”, el empresario Sergio Carmona, asesinado en 2021.
Lo hace en la forma de libro, “Ni venganza ni perdón”, que hoy empieza a ser vendido en librerías. Escrito por su amigo, el periodista Jorge Fernández Menéndez, narra la historia de su amistad con López Obrador. El título del libro se ajusta, cuando menos a la luz de los extractos publicados a la fecha, con el caso del expresidente y de su némesis, el exfiscal Alejandro Gertz Manero. Sin embargo, no todo parece edulcorado. El señalamiento contra Ramírez Cuevas y su relación Sergio Carmona, es una revelación inesperada como sorprendente, porque lo que revela es algo de lo cual no había ninguna referencia previa y estaba por debajo de todos los radares de inteligencia.
Saca al escrutinio público la relación entre los dos, que por lo que se ve, fue uno de los secretos mejor guardados del sexenio de López Obrador, y también, uno cuya revelación se perfila a ser nuclear. Con documentos de inteligencia y testimonios recabados y a los que tuvo acceso Scherer, señala que le abrió a Carmona el círculo presidencial para convertirlo en financiero de varias campañas electorales.
Asegura que Ramírez Cuevas sostuvo varias reuniones con “el rey del huachicol”, y se convirtió en parte del engranaje electoral de Morena en el norte del país. Según la información a la que tuvo acceso desde su posición en Palacio Nacional, Carmona también financió campañas en 2018, cuando se puso en juego la Presidencia que ganó López Obrador, y el Congreso, donde obtuvo la mayoría Morena. Pero de todas esas campañas, hay tres que menciona específicamente Scherer: Sinaloa, Sonora y Tamaulipas.
El exconsejero jurídico es muy enfático en establecer que el exvocero ayudó principalmente a su amigo, el actual gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, que aparece en la investigación de inteligencia binacional como parte importante en la estructura de mando de la organización criminal que encabezaba Carmona que, para entonces, añade, controlaba un tercio del total de huachicol a lo largo de la frontera con Estados Unidos.
Sorprende que Scherer exhibiera a su viejo amigo Alfonso Durazo, a quien acercó a López Obrador hace más de dos décadas, como beneficiario del dinero del crimen organizado para financiar su campaña para gobernador, colocándolo en una situación delicada porque es presidente del Consejo Nacional de Morena y está buscando ser secretario de Gobernación. Poner el dedo en el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, parecería que está haciendo leña del árbol caído, pero no es así. Rocha Moya era el enlace político-electoral con el Cártel de Sinaloa en el sexenio pasado, de acuerdo con las investigaciones binacionales.
Carmona hizo su fortuna del negocio del huachicol a partir de 2015, cuando según Scherer, su hermano Julio fue nombrado administrador de la aduana de Reynosa. En este espacio se detalló que el empresario fue financiero de líderes de partidos políticos de todos los colores y mecenas de Morena, que solía decir que “yo le doy a todos, porque si un día me agarran, me los llevo a todos”. Nunca pudo canjear su seguro de vida porque fue asesinado en noviembre de 2021 al salir de una peluquería en San Pedro Garza García, suburbio de Monterrey.
Carmona es el eje de una investigación en una corte federal texana por haber utilizado dinero del huachicol para financiar al menos ocho candidaturas de Morena a gobernador en 2021, en donde figura también el exlíder del partido, Mario Delgado. Scherer aporta detalles desconocidos de esa relación, al asegurar que Delgado llegó a Carmona por intermediación de Ramírez Cuevas, quien también, sugiere el exconsejero presidencial, lo llevó con López Obrador.
Un documento de inteligencia mexicano y estadounidense publicado en este espacio señala que el vínculo de Delgado con Carmona fue facilitado por Erasmo González, que era diputado por Ciudad Madero y que presidió la poderosa Comisión de Presupuesto, conocido entre los tamaulipecos como publirrelacionista del empresario asesinado, contrario a la afirmación de Scherer.
Otra revelación en el libro, es que Ramírez Cuevas tiene investigaciones abiertas en su contra en las cortes federales de Texas y Nueva York, donde se llevan los casos de Carmona y del Cártel de Sinaloa por lavado de dinero y financiamientos electorales con dinero del crimen organizado, aunque Scherer aclara que no hay acusaciones formales en su contra, hasta ahora. Aunque incorpora información que no está contenida en el trabajo binacional sobre Carmona, hay elementos que se empalman con la otra gran investigación en curso en Estados Unidos, sobre la economía criminal paralela que se creó, afirman, durante el gobierno de López Obrador.
Las imputaciones contra Ramírez Cuevas son, desde la perspectiva del poder, en donde sigue Scherer, inexplicables, por la ilegitimidad e ilegalidad con la que mancha de huachicol el movimiento de López Obrador y pone en entredicho la pureza del caudillo. Scherer tendrá sus razones para mostrar con Rayos X el corpus obradorista, describiendo a un político que quiso cambiar la historia de México, como concluye, que en cuyo intento, “también cambió la mía”.
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