Tendría yo unos 12 años cuando me metí al cine a ver “La nave de los dioses” (Chariots of the gods), uno de los filmes documentales más exitosos (hay otro, al menos, bastante conocido en los años setenta, “El mensaje de los dioses”) que realizó el director de cine austriaco Harald Reinl para divulgar la obra del suizo Erich von Däniken, padre de un sinnúmero de patrañas que tuvieron millones de seguidores en todo el mundo, incluido el pequeño y crédulo Ariel, que ahora escribe esto profundamente apenado.
¿Qué decía Von Däniken? “Yo afirmo –escribió en su libro “Recuerdos del futuro”– que nuestros antepasados recibieron visitas del universo en el pasado remoto, aunque todavía no sé quiénes fueron estos extraterrestres o de qué planeta vinieron. Sin embargo, proclamo que estos «extraños» aniquilaron parte de la humanidad existente en ese tiempo y produjeron un nuevo, quizás el primer homosapiens”. Nada más, ni nada menos.
Todavía no leía ningún libro de Däniken, pero la película de Reinl me voló la cabeza y durante un tiempo, breve con todo, participé del culto a ese “sabio” que había retado a historiadores, arqueólogos y científicos para demostrar la conexión de diversas culturas con los extraterrestres.
En ese tiempo yo estaba abandonando la religión católica, no sin profundas crisis y grandes dudas, todas pascalianas ciertamente pero sin apuestas de por medio (porque no sabía aquello de que vale la pena creer en la existencia de Dios, puesto que si existe ganaremos el cielo, y si no existe pues no perderemos nada). Así que no sé si fue lo más natural, pero sí lo único que se me ocurrió: dejar a Dios por un lado y empezar a creer en “dioses” venidos del espacio exterior. Ya se sabe: dejar una religión por otra.
Däniken mostraba “pruebas” suficientes para las que la ciencia, según él, no tenía respuesta. Sin embargo, como vine a entender más tarde, la mayor parte de estas “pruebas” eran interpretaciones suyas y de otros que, como él, no confían en la imaginación, genio y voluntad humanas para escribir textos (en la Biblia) que aparentemente describen naves extraterrestres o explosiones nucleares; pintar supuestos astronautas y cohetes espaciales; construir pirámides colosales con técnicas por demás ingeniosas y muchísimo trabajo esclavo; o diseñar tumbas asombrosas.
Me hubiera gustado decir que Von Däniken –quien acaba de fallecer el pasado 10 de enero– nunca quiso dedicarse a la charlatanería y que sus convicciones, aunque equivocadas, eran honestas. Sin embargo, su trayectoria como estafador comenzó a temprana edad.
Con pocos estudios, a los 19 años cayó en prisión por robo; aprendiz de hotelería, llegó después a Egipto, donde cometió otras fechorías muy acordes con su naturaleza: fraude y malversación de fondos. Durante los años sesenta, en medio de más estafas, falsificaciones y estadías en prisión, encontró su verdadera vocación: la pseudociencia, algo muy cercano a todas sus fraudulentas habilidades, pero que le podría reportar enormes ganancias sin tomar muchos riesgos.
Aun cuando en 1970 ya había publicado “Recuerdos del futuro”, que se estaba convirtiendo rápidamente en un best-seller, pasó todavía un tiempo en prisión y ahí pudo escribir su segundo libro “Regreso a las estrellas”. Al salir, había encontrado su camino, que lo llevaría a publicar tres decenas de libros (que vendieron 60 millones de copias), un montón de documentales, conferencias, un parque temático y constante exposición mediática que se tradujeron, por supuesto, en una enorme fortuna. A esta contribuí comprando al menos dos libros y viendo dos películas. Mea culpa.
De sus forzadas, descabelladas e irrisorias “teorías” diversos científicos se han ocupado en algún momento descalificándolas de punta a punta por sus falsas conclusiones, interpretaciones ilógicas y erróneas, cuando no por sus evidencias falsificadas, una especialidad del autor: cerámicas “antiguas” que resultaron ser fabricaciones modernas o viajes y recorridos hechos a medias, así como “hallazgos” absurdos.
El astrofísico Carl Sagan (un convencido de que es muy probable que la Tierra no sea el único planeta con vida inteligente en el universo) lo criticó en varias oportunidades y desmontó toda la superchería alrededor de su obra. Fue quizás lo más serio que le pasó al estafador Erich Von Däniken.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González Jiménez






