En materia de inteligencia artificial parece que lo mejor (y lo peor) está ya ocurriendo. Las posibilidades infinitas de investigación y desarrollo se abren paso a la vez que miles de empleos, especialmente los de oficina, se tambalean o ya cayeron. Las expectativas y el optimismo marcan parte del panorama, mientras que los temores no se quedan atrás.
Sin embargo, ningún prejuicio contra la IA se puede equiparar al hecho de que uno de sus propios “padrinos”, como Geoffrey Hinton, ganador del Premio Nobel de Física en 2024 junto a John Hopfield por sus descubrimientos fundamentales en el aprendizaje automático de las redes neuronales artificiales, haya dado la voz de alerta acerca no sólo de que la IA pueda superar la inteligencia humana sino que pueda volverse incontrolable, como la ciencia ficción ha planteado en innumerables cuentos, novelas y películas.
Hinton considera que hay entre un 10 y 20% de probabilidad de que la IA evolucione a tal punto de que rebase cualquier control humano. Es decir, según este científico las peores pesadillas que hemos visto en el cine, protagonizadas por robots asesinos o máquinas que propician la extinción de los humanos, son perfectamente posibles. El bajo porcentaje que de momento le asigna a esa posibilidad no nos puede dejar tranquilos, porque debemos suponer que junto con el vertiginoso desarrollo de la IA se incrementará este factor de riesgo.
Aun así, mientras esto simplemente “puede suceder”, otras de sus previsiones ya están en marcha. Su temor de que el mundo se llene de fotos, videos o textos falsos, de tal suerte que muchos no puedan distinguir la verdad de la mentira, es ya un hecho si miramos a diversos medios, para no hablar de las redes sociales, infestadas ya de imágenes falsas con los más diversos propósitos.
Los aparatos de propaganda totalitarios viven su mejor momento. Mientras la realidad no los desmienta fehacientemente, pueden seguir mientiendo con una cantidad ilimitada de nuevos recursos. Antes, regímenes como el de Corea del Norte eran expertos en recrear ex profeso escuelas modelo, mercados perfectos con gente inmensamente feliz o lugares paradisiacos de vacaciones. Apenas los turistas a quienes estaban dirigidos estos montajes se retiraban del lugar, volvía la miseria, la escasez y la degradada realidad. Ahora la inteligencia artificial les prestará una gran ayuda para toda clase de puestas en escena y otras simulaciones.
Pero no todo luce tan siniestro. Antes de que termine con nosotros (por motivos acaso fundados) la IA tiene un montón de opciones para hacernos la vida más grata y sana. En el terreno de la medicina tiene importantes promesas como una eficacia absoluta en los diagnósticos; la precisión de las cirugías utilizando la robótica es una maravilla; y ni qué decir tiene que la IA hará posible el desarrollo de nuevos fármacos a una velocidad increíble. Puede que luego nos mate, pero primero ha de curarnos y prolongar nuestras vidas. Esto último, por cierto, va a ser un gran problema, ya de hecho lo es, por aquello de la seguridad social y las pensiones, pero eso es harina de otro costal.
Ahora bien, las predicciones –que también las hay– de que todo esto todavía va a tardar un tiempo en llegar, lucen francamente temerarias. Hagamos memoria: si usted tiene ahora más de 50 años y alguien le hubiera dicho a los 10 que habría autos manejados con IA, usted habría pensado muy probablemente que le estaban tomando el pelo. Lo mismo si le hubieran dicho que en su llavero podía lleva una biblioteca entera. Esto ya no para.
Sin embargo, mucho de lo que sucederá se va a seguir, para bien o para mal, confundiéndose con la irrealidad. Una historia de X, muy divertida, me lo dio a pensar. Se llama algo así como “México superando a la IA” y mostraba fotos y videos de una fiesta de 15 años que costó 40 millones de pesos; es de la hija de uno de los nuevos magnates de la 4T que se han hecho a la sombra de los muy oscuros contratos de Pemex y a costillas de los castigados acreedores y de las enormes pérdidas de la paraestatal mexicana.
Todo en ese video que circula es tan kitsch y ridículo que no podían faltar cantantes como Belinda, un pastel con la Estatua de la Libertad y un orgulloso padre vestido como conductor de un programa de variedades de los años 60. Alguien venido de fuera habría pensado que todo era obra del ChatGPT o de cualquier otra IA para desprestigiar al nuevo rico. Pero no. Es un video que no generó la inteligencia artificial, sino la artificiosa realidad mexicana, que parecen disputarse cotidianamente nuestra capacidad de asombro.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González Jiménez






