El gobierno de la Ciudad de México resolvió la vialidad de vehículos para el partido México contra Portugal este sábado, en la re-inauguración del Estado Azteca, rebautizado por su nuevo patrocinador como Estadio Banorte: no permitirá que los vehículos particulares -salvo unos pocos de los palco habientes y de los invitados especiales- lleguen hasta el coliseo. Fácil. Ni le inyectó dinero en infraestructura, perdiendo la oportunidad de modernizar la ciudad, ni se complicó la vida, transfiriéndole a los aficionados las peripecias para llegar al estadio, donde tendrán que invertir unas tres horas para llegar al silbatazo inicial.
Las utopías que se imaginó la jefa de Gobierno capitalina, Clara Brugada cuando gobernaba Iztapalapa, y extendió ahora por toda la ciudad de México, se volverá una distopía. No todo es producto de su creatividad (ojo, es una ironía), sino también un intento tropicalizado para acomodar la ciudad a los parámetros que diseña la FIFA para las sedes mundialistas, con el menor esfuerzo. Una de las exigencias exógenas es la implementación de anillos de seguridad perimetral, aunque su tamaño y reglas varían según el país sede, el estadio y el contexto de riesgo.
En cada Mundial, para no pensar que es producto autóctono de la capital, se establecen zonas concéntricas de seguridad.
Hay un perímetro externo, que es donde se cierra la circulación vehicular alrededor del estadio, con restricciones al transporte no autorizado, y empieza el control urbano, que en el caso de la Ciudad de México será de un kilómetro. Si decide llevar su vehículo al estadio, tome en cuenta que el estacionamiento del Banorte está cerrado porque se utilizó como bodega de materiales de construcción de lo que aún falta por detallarse, y que tampoco hay muchos lugares para estacionarse, ni sobre Tlalpan, ni sobre el Viaducto, ni hacia el sur, por la zona de hospitales.
Luego viene el perímetro intermedio, que la FIFA llama “perímetro de seguridad”, donde se colocan controles de acceso peatonal, las primeras revisiones antes de llegar al estadio y los filtros -retenes- de la policía y la seguridad privada, que solo atraviesan quienes tengan boleto digital, acreditación o demuestren ser residentes de la zona sellada. Finalmente encontrará el perímetro interno, la llamada “zona esterilizada”, que es el más estricto, inmediatamente alrededor del estadio, donde debe esperar inspecciones de seguridad, detectores, y prohibiciones específicas sobre objetos que no pueda ingresar al estadio, que puede consultar en el Código de Conducta de la FIFA, con la siguiente dirección: https://shorturl.at/0wlMr.
El radio entre el estadio y el perímetro externo le llamaron las autoridades “la última milla”, como la de las telecomunicaciones, aunque realmente ese trayecto de mil 600 metros es elástico. Distancias, no menores de un kilómetros, se han aplicado en algunos juegos de la FIFA en el pasado, como aquellos de alto riesgo -¿recuerdan a los hooligans?-, o en inauguraciones, como la habrá este año en México.
En mundiales recientes como Catar en 2022 o Rusia en 2018, los perímetros variaron considerablemente según el estadio y la ciudad, en función de la evaluación de amenazas como el terrorismo o disturbios sociales, la infraestructura urbana, la capacidad del estadio, la tecnología para el control social (como el C-5) y las leyes locales, lo que, al menos esto último, ya sabemos que son tan flexibles como el chicle.
Quienes utilicen taxis públicos o de plataforma, llegarán a tres áreas designadas para ascenso y descenso de pasaje, desde donde tendrán que caminar: Viaducto Tlalpan, en la zona de la glorieta de Huipulco y la avenida San Fernando, está a casi dos kilómetros y medio del estadio; la avenida Renato Leduc, que cruza con la Calzada de Tlalpan a espaldas del Azteca-Banorte, se encuentra a un kilómetro y medio aproximadamente, y el tercero, Paseo de Acoxpa, a un kilómetro 700 metros. Para todos, sin importar cómo lleguen, solo habrá dos entradas: desde Huipulco o Calzada de Tlalplan, y desde Santa Úrsula o Avenida del Imán.
Las autoridades han dicho que quieren priorizar el transporte público, y desde cuatro horas antes de que comience el partido -a las siete de la noche-, habrá estacionamientos remotos, que es un eufemismo de una carcajada a los aficionados, como el del Centro Comercial Santa Fe a unos 30 kilómetros, y el de Plaza Carso a 20. También organizó corridas del Metro, Trolebús y Metrobus a Huipulco desde zonas tan distantes como Bellas Artes, a 18 kilómetros, privilegiando el transporte para los aficionados en el poniente de la ciudad.
La inexistencia de un plan de acceso real al estadio, sin una nueva arquitectura de vialidades, y la improvisación sobre las experiencias que tiene el gobierno capitalino cada vez que hay desperfectos en el Metro -hay que reconocer que es amplia por la frecuencia con la que falla ese transporte público-, anticipan que este sábado, día de una gran afluencia vehicular, el tráfico será angustiante, la congestión superior a los estándares, de sí la más alta del mundo, y para muchos, quizás, excruciante.
El gobierno de la ciudad no ha publicado mapas definitivos de los perímetros, pero ha dado a conocer lineamientos generales para este sábado, que tienen que ver con las preocupaciones materiales y existenciales de cómo llegar al estadio. Si va por una experiencia de vida, como será la re-inauguración de uno de los estadios más imponentes del mundo, ármese de paciencia porque experimentará restricciones desde bastante lejos del estadio, por el acceso escalonado, lento y controlado. La ciudad alrededor del estadio sufrirá un rediseño temporal, donde el coliseo será el centro de un ecosistema de control territorial que convertirá cuadras y colonias enteras, en zonas reguladas.
NOTA: esta columna dejará de publicarse la Semana Santa.





