Cualquiera podría asumir el encabezado anterior como alusivo al Golfo de México, pero no es así. La crisis nacional en materia ecológica no viene de tan cerca.
Es un progresivo deterioro frente al cual como va en su naturaleza, todos los gobiernos, de cualquier partido, no han hecho sino disimular y fingir.
Disimular la gravedad del problema, para justificar su intrascendencia operativa y fingir la solución para hacerle creer a la masa acciones de utilidad. Ambas conductas no han hecho sino agravar el desastre, ahora sin remedio.
En los años setenta el gran reportero de televisión –dueño además de una pequeña cadena de periódicos– Fernando Alcalá, entrevistó en Londres a un científico cuyo nombre ahora he extraviado entre la papelería de mi caótico estudio. La tesis de ese caballero era simple: para el valle de México ya había llegado el colapso, tanto en lo hídrico como en la mala calidad del aire y la degradación del suelo urbano, suburbano y forestal.
En estos días, también procedente de Inglaterra llega a nuestros ojos una investigación de la cual formó parte un caballero llamado Marcos Orellana, quien es relator sobre Sustancias Tóxicas y Derechos Humanos de la ONU. Sus puntos de vista, publicados en “The Guardian” complementan las investigaciones de “Quinto Elemento Lab” y traen a la discusión el concepto de “Crisis tóxica” para definir el medio ambiente mexicano.
“Orellana… estuvo en México el mes pasado en una misión de 11 días (Reforma) para investigar las amenazas tóxicas a las que se enfrenta la población.
“Dice que constató que los estándares ambientales y la vigilancia son laxos, lo que ha permitido que la contaminación se haya acumulado con el paso de los años.
“(Ahí) donde las normas no son lo suficientemente robustas para prevenir la contaminación”, afirmó, “lo que se genera es contaminación legalizada”, añadiendo que la importación de residuos peligrosos y de deshechos plásticos de Estados Unidos empeora la situación.
“El sobreconsumo y la actividad económica de Estados Unidos utilizan a México como sumidero de basura (basura en el patio de atrás)”, aseveró.
“El relator dijo que el Gobierno tiene identificados más de mil sitios contaminados en México, y que muchos se han convertido en “zonas de sacrificio” donde se ha normalizado el que las personas desarrollen enfermedades.
“Datos del Gobierno de Estados Unidos muestran que ese país exporta a México cientos de miles de toneladas de residuos peligrosos cada año para su reciclaje.
“Grupos de ambientalistas cuestionan si México puede manejar estas importaciones sin que provoquen más contaminación.
“En un informe de su visita, Orellana se refirió a las fábricas que vierten residuos peligrosos al río Atoyac, en Puebla, al derrame químico en el río Sonora, y a las enormes granjas porcinas que contaminan el agua en la península de Yucatán.
“Como escuché durante una reunión: ‘vivir en una zona de sacrificio es perder el derecho a morir de viejo’”, escribió.
“Orellana visitó el corredor industrial de Tula-Tepeji, en Hidalgo, donde las siderúrgicas, las cementeras y las plantas petroquímicas operan cerca del río Tula, contaminado por las descargas industriales y las aguas negras sin tratar de la Ciudad de México”.
Obviamente si el gobierno federal o los estatales llegaran a escuchar ese diagnóstico, de inmediato responderían como es su como es su costumbre: con la negación por delante. Mentira.
Si en algún tiempo los informes de relatores o agencias dependientes de Naciones Unidas eran tomados en cuenta, ahora son simplemente negados y rechazados con virulencia como ha sucedido en días recientes con el documento sobre los desparecidos y la insuficiente respuesta pública ante tales hechos.
Ayer mismo la señora presidenta (con A), nos dijo sobre las segundas intenciones (perversas, supongo) de las Naciones Unidas al no reconocer cuánto se ha hecho en su gobierno para resolver las desapariciones no obstante la opinión en contra de las cifras y el, volumen de la tragedia y anunció un panel de refutación.




