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La costumbre de vivir en el horror

El cristalazo

por Rafael Cardona
18 marzo, 2026
en Editoriales
Los electores también son responsables
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Las noches de esta semana deben haber sido las más oscuras en la de por sí historia reciente de Cuba porque “el apagón”, de guapachosa cadencia musical se convirtió de pronto en la boca del lobo y todos quedaron bajo el paladar  de la negrura.

 Sin energía eléctrica, sin bombas de agua con hospitales en tinieblas, sin ascensores ni pisos a dónde subir; sin computadoras en un mundo de pilas secas, sin refrigeración en los calorones del trópico; ventilador de aspas quietas, sin aire acondicionado, ni desagüe para el retrete, sin nada de nada excepto un viejo y descascarado discurso cuyo secreto anhelo es el rescate venga de donde venga, mientras las cosas parecen haber llegado (otra vez) al fondo de la fosa séptica.

Sin ánimo de palabras simples, hoy  podemos decir:

Hoy Cuba es una isla habitada por sus propios náufragos.

Una cita en la red me ofrece esta charla en la Feria del Libro de Guadalajara:

–“Los cubanos hemos tenido que desarrollar infinitas estrategias de supervivencia, hemos tenido que inventar las cosas que nadie se imaginó que había que inventar de nuevo, y una de ellas ha sido andar con la pata de palo, el parche en el ojo y el garfio, es decir, la piratería, para poder tener acceso a bienes culturales…

“…En Cuba he visto todas las series de televisión importantes que había que ver; he visto todas las películas que había que ver gracias a la piratería, y gracias a la piratería mucha gente en Cuba accede a mis libros…

“Por ejemplo, esta novela “Morir en la arena” salió al mercado el 27 de agosto… y el 30 de agosto ya había una copia pirata circulando en sitios cubanos”.

Esa conversación teñida de buen humor fue de Leonardo Padura, el enorme novelista cubano en cuya prosa circulan con la misma frescura las libretas de racionamiento, la escasez, la pobreza, la chatura del horizonte, el fracaso y la frustración acumulada por años y años de riguroso dominio político en la isla de Cuba.

Sobre el dominio de las conciencias, Padura también tiene una opinión:

— “…para mí, personalmente, y para esas personas que acceden de esa forma a mis libros es un acto que yo les agradezco a ellos y también es un acto que reivindica algo que creo que es muy importante y es que yo no creo que un gobierno tenga derecho a decirles a sus ciudadanos qué cosa es lo que pueden leer y lo que no pueden leer… Salvo que esos libros o contenidos afecten éticamente la esencia de una sociedad, que éstos sean fascistas, xenófobos o racistas.

“Ese es el límite, un límite de carácter ético, no político ni de carácter social…(pero) si libros impresos en México o en España llegaran a Cuba, los cubanos tampoco podían comprarlos, porque el salario promedio cubano es de 10 a 14 dólares e imagínense cómo van a poder comprar un libro que vale 20 dólares”.

Y sobre esta condición de vencidos cotidianos el propio Padura dice (Agua por todas partes):

“… asediados (por las tragedias) por las del presente (los cubanos de hoy), sufren a diario la tensión de sus eternos problemas y muchas veces responde a ellos con la exaltación y hasta la violencia que se respíra en toda la ciudad, pero que se palpa como una malla invisible en sus zonas más degradadas, superpobladas, envilecidas por la historia y por la vida donde se ha forjado una marginalidad compacta y cada vez más extendida que en ocasiones toma expresiones viuolentas casi inexistentes en aquellos tiempos del socialismo “abundante” de los años 80 cuando casi todo el mundo podía arreglárselas con su salario…la vida en casi eterno hacinamiento y promiscuidad, que es el modo más común en los municipios del centro de la ciudad,  va creando bolsones repletos de desesperación y resignación; de frustración y marginación…”

El paraíso socialista se hundió en la oscuridad del mar.

                                            –0–

Etiquetas: apagonesCubaTrump

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