Virginia Hernández Vázquez
Hay una ansiedad silenciosa que se ha vuelto parte nuestra generación y esa es la sensación de que todas y todos llegaron antes que tú.
Abres tus redes sociales y parece que alguien ya consiguió el trabajo que querías, alguien ya está viajando, alguien ya emprendió, alguien ya se compró algo que tú quieres. Todo el tiempo hay alguien “más adelante”. Y sin darnos cuenta, empezamos a vivir con la idea de que vamos tarde.
Tal vez por eso incluso en días como estos, cuando el ritmo baja, no hay escuela y las calles se sienten distintas, a muchas y muchos jóvenes nos cuesta descansar. Nos cuesta pausar. Nos cuesta no sentir culpa por no estar haciendo algo “productivo”. Como si detenernos fuera perder.
Y es ahí donde la salud mental empieza a cobrar factura.
No solo en los momentos de crisis, sino en esa presión diaria por correr detrás de un estándar que casi siempre está editado por filtros, algoritmos y apariencias. En la frustración de creer que si no avanzas a la velocidad de otros, entonces estás fallando. En la tentación de buscar atajos porque el camino largo parece no alcanzar.
Y eso desgasta tu salud. Nos han hecho creer que el valor personal se mide por qué tan rápido llegas, qué tanto produces o qué tan impresionante se ve tu vida en pantalla. Pero hay algo que en medio del ruido vale mucho más que eso, la tranquilidad de llegar a casa y sentirte en paz contigo.
Esta pausa que nos da la semana santa también puede servir para hacer una retrospectiva distinta. No para reclamarte todo lo que no has logrado, sino para preguntarte si el ritmo que llevas realmente se parece a la vida que quieres construir.
A veces la ansiedad viene de intentar vivir al ritmo de alguien más.
Por eso estos días también pueden ser una oportunidad para volver a lo esencial, tu familia, las personas que te hacen sentir segura y seguro, las conversaciones que sí te aportan, el tiempo contigo, el silencio, incluso la posibilidad de descansar sin culpa.
Y si en medio de esta pausa te das cuenta de que algo no está bien, no tienes que cargarlo sola o solo. Hablar con tu familia, con tus amigas, con tus amigos o pedir acompañamiento también es parte de cuidarte. Desde la Secretaría de la Juventud seguimos construyendo espacios para escucharte y acompañarte cuando lo necesites.
A veces lo más valioso no es correr más rápido. Es saber que todavía estás a tiempo de volver a ti.






