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Guardián de las estrellas

Ciencia y tecnología

por Reforma
18 febrero, 2026
en aQROpolis
Guardián de las estrellas

Eduardo participó en el desarrollo del primer laboratorio de nanociencias y nanotecnología en la universidad, que estuvo en la facultad y luego se trasladó al Parque PIIT, obra iniciada en el plan Monterrey Ciudad Internacional del Conocimiento en 2004.

10
VISTAS

Daniel de la Fuente

Es el Laboratorio Nacional de Clima Espacial UANL-UNAM, adyacente a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas.

En cada área hay estudiantes trabajando en diversos proyectos.

Pocos saben de esta área en la que labora Eduardo Pérez Tijerina: alto, afable.

No sólo fue promotor de esta dependencia universitaria, sino también de la creación del Observatorio Astronómico de la UANL, en Iturbide.

Adscrito al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) con reconocimiento de Nivel III, el máximo, desde 2003 es profesor de la UANL y, en 2005, fundó el primer Laboratorio de Nanociencias y Nanotecnología.

Fue acreedor a la Medalla al Mérito Cívico Presea Estado de Nuevo León y a la Presea Fray Servando Teresa de Mier.

“Hoy mi proyecto más importante en la universidad es la implementación del Laboratorio Nacional de Clima Espacial”, cuenta entusiasmado.

“En este momento estamos enfocados en consolidar el laboratorio, en paralelo con otros proyectos relevantes.

Entre ellos destaca explicar por qué la Universidad Autónoma de Nuevo León y la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas trabajan en el área del clima espacial, así como otro eje estratégico: el monitoreo de asteroides”.

Hacia 2017, narra, a solicitud de la ONU y sus países miembros, se exhortó a incorporar en las leyes los posibles efectos de fenómenos astronómicos capaces de provocar desastres naturales. México atendió el llamado y se modificó la Ley de Protección Civil para incluirlos oficialmente.

Desde entonces se reconocen dos riesgos principales: el impacto potencial de asteroides y el clima espacial, agrega. Este último se refiere a las afectaciones que las tormentas solares pueden causar en la Tierra, especialmente en los sistemas tecnológicos.

“Gracias a los sistemas de monitoreo actuales, hoy es posible prever eventos asociados a la actividad solar, como auroras visibles en latitudes donde no suelen observarse”, dice.

“El año pasado se registraron dos en Nuevo León y recientemente se reportó otro avistamiento en García, dentro de un fenómeno de alcance global”.

Ante este panorama, la UANL impulsó el Programa Universitario para el Desarrollo de la Astrofísica y Ciencias del Espacio, orientado a explorar áreas emergentes de la astronomía. Ahí ha estado presente Eduardo.

Patricia Zambrano, investigadora de la UANL, habla de él:

“Es un investigador muy dedicado y con una gran conciencia social. A través de los años ha logrado concretar grandes proyectos que han incrementado el prestigio de la UANL y de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas.

“Su contribución al avance de la investigación científica es excepcional y su compromiso con la institución es palpable en cada una de sus acciones”.

INTERESADO EN LAS MATEMÁTICAS

Nacido el 10 de junio de 1972, Eduardo es el décimo de una familia de 11 hijos de Carlos Gabriel Pérez García y Francisca Tijerina Marroquín, avecindados en la colonia Nuevo Repueblo.

Con esfuerzo, su padre, dedicado a la plomería y a la electricidad, les dio estudios a sus hijos. Eduardo, muy inquieto, se interesó por las matemáticas.

Esto se reforzó con la cercanía del maestro José Luis Rosas Chapa y con libros de ciencia del Fondo de Cultura Económica, ejemplares de la Biblioteca Salvat y Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking.

“Me acerqué a un concurso y descubrí el libro Un universo en expansión, de Luis Felipe Rodríguez. Sus páginas sobre la formación de las estrellas y los agujeros negros me fascinaron.

“En preparatoria escribí una monografía; no fue seleccionada, pero recibí una carta del autor reconociendo la calidad del trabajo. Ese gesto fortaleció un interés que ya venía desde la secundaria, cuando decía que quería ser astronauta”.

Un profesor le sugirió acudir al Planetario Alfa. Tomaba el camión los sábados para asistir a reuniones de astronomía, donde conoció a Leopoldo Pineda del Bosque, entonces estudiante de física.

Cuando le preguntó qué debía hacer para ser astrónomo, le respondió: estudiar física.

Así decidió inscribirse en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas.

Entre la guía de sus profesores y la experiencia de observar el cielo nació su vocación por la ciencia y la astronomía.

Posteriormente se fue a la Universidad Autónoma de Baja California; ahí concluyó sus estudios y realizó el posgrado en el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, con especialidad en Física de Materiales. Ahí conoció a Mauricio Reyes Ruiz, profesor con el que sigue colaborando.

“Eduardo me impresionó por su ingenio para hallar soluciones, no siempre convencionales, a problemas complejos, y sobre todo por su inagotable motivación intrínseca en el quehacer académico”, cuenta.

“Me ha complacido comprobar que estas cualidades no sólo se han mantenido, sino que las ha potenciado, consolidándose como uno de los investigadores de mayor nivel en su disciplina a escala nacional”.

Mauricio destaca el proyecto científico más ambicioso: el Observatorio Astronómico Universitario, en Iturbide.

A Eduardo no le importaron las voces que le decían: “No te metas en cosas que ya se hacen en la Ciudad de México”.

“Está todo para cumplir ese sueño de estudiantes: tener nuestro propio instituto, nuestro propio observatorio astronómico en la universidad”, dijo entonces.

“En 2015 empezamos a trabajar con el Observatorio Astronómico Universitario que está en Iturbide, que es parte de este proyecto, donde diseñamos y construimos el primer telescopio diseñado y construido completamente en México para observación astronómica, en colaboración con la UNAM para el monitoreo específico de asteroides”.

Por otro lado, dice, está el tema de las tormentas solares y el clima espacial, donde se coordinaron con el Instituto de Geofísica de la UNAM.

Eduardo sabe convocar para lograr objetivos. Para el observatorio habló con colegas de Ensenada y de otros institutos para que vinieran a apoyarlo. Impulsó la creación de la Comisión de Ciencia y Tecnología en el Congreso local; quiere que todos los municipios del estado tengan una comisión de ciencia y tecnología; y en 2023 encabezó la construcción del Museo Universitario de Ciencias, inaugurado el 19 de abril y armado en parte con exposiciones del desaparecido Planetario Alfa que él gestionó.

También impulsó una red de monitoreo de incendios forestales.

Otro gran logro es el Observatorio de Monitores de Basura Espacial en México, que se encuentra en Galeana, en el ejido Corona del Rosal.

Este centro es también operado por la UANL y forma parte de una red internacional de vigilancia espacial.

Años antes, Eduardo participó en el desarrollo del primer laboratorio de nanociencias y nanotecnología en la universidad, que estuvo en la facultad y luego se trasladó al Parque PIIT, obra iniciada en el plan Monterrey Ciudad Internacional del Conocimiento en 2004.

“Resulta que con la nanotecnología, con un solo material, por ejemplo, oro”, explica.

Detalla cómo, al reducir su tamaño a escala nanométrica y modificar su geometría, cambian radicalmente sus propiedades eléctricas, lo que permite manipular electrones y generar nuevas funcionalidades.

Una revolución tremenda, afirma. “Eso lo decíamos hace 20 años y sí ha estado funcionando”.

El investigador destaca también el avance científico en el estado: cuando llegó de Ensenada había 80 miembros del Sistema Nacional de Investigadores en Nuevo León.

“Ahorita somos como mil 400 después de 20 años”, sonríe.

LA SUFRIÓ

La vida de Eduardo ha sido de esfuerzo. Cuando hacía sus estudios en Ensenada recuerda que su familia le enviaba 200 pesos por semana y vivía en un “campercito”.

“Fueron muchas latas de atún”, ríe. Ya iba casado con Miriam Tello Guzmán y tenía a su primera de tres hijos.

Ahora, a este investigador le piden un planetario móvil para divulgar la ciencia, que lleva a varios lugares. Además promueve el turismo astronómico, que ayuda a Iturbide a salir adelante, e incluso está involucrado en la producción de agave.

“Su visión estratégica también se expresó en el impulso al destilado de agave en Nuevo León, integrando conocimiento científico con identidad productiva regional”, dice Rubén Leonardo de la Torre Salazar, director de Innovación en la Secretaría de Economía estatal.

“Promovió la instalación de un laboratorio de propagación in vitro con capacidad de hasta un millón de plántulas de agave, asegurando sostenibilidad y visión de largo plazo para el sector. Además, organizó el Simposio Internacional del Agave, celebrado el año pasado”.

Por su parte, Eduardo, involucrado en diversas tareas, no puede despegarse de su gusto por las estrellas.

“Las estrellas y el espacio han sido como un refugio para expandir mi visión sobre qué hacemos aquí”, dice.

“Así como a mí me interesó la astronomía desde pequeño, creo que mucha gente tiene esa espinita de conocer lo desconocido del universo”.

Etiquetas: cienciaespacioestrellastecnologia

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