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Fracturas en el régimen

Estrictamente personal

por Raymundo Riva Palacio
15 enero, 2026
en Editoriales
Raymundo Riva Palacio
95
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Lo que hasta hace pocos meses se apreciaba como grieta, hoy estamos viendo una fractura pública en la cima del poder de la cuatroté. Ya no hay simulaciones. Ya se quitaron las máscaras. No es una redefinición de proyecto, sino cuáles son los alcances, los límites, las necesidades cupulares y, al final del camino, quién se queda como cabeza del régimen. Las dos corrientes que existían, los puristas de Andrés Manuel López Obrador y los claudistas de Claudia Sheinbaum, se han atomizado al grado que grupos antes homogéneos, han entrado en conflicto.

La fractura se aprecia como derivada de tres noticias que, en sí, son espectaculares: la creencia dentro de una ala del gobierno de la presidenta Sheinbaum de perseguir y eventualmente entregar a funcionarios con presuntos vínculos con el crimen organizado, como reveló The New York Times; la discusión en el gabinete sobre qué hacer ante las “exigencias insostenibles” de Estados Unidos que incluye la captura de políticos supuestamente relacionados con el narcotráfico, como abundó The Wall Street Journal, y la censura a una entrevista de la dramaturga Sabina Berman en el Canal 14 al radical activista Eduardo Verástegui.

Las dos primeras tienen como su mayor valor, no que exista la petición, que ya alcanzo el nivel de queja, de altos funcionarios de la Administración Trump que durante meses le han pedido al gobierno mexicano que procese a políticos, principalmente de Morena, vinculados al narcotráfico, que se ha venido detallando en la prensa mexicana, sino el hecho de que sean miembros del gabinete de Sheinbaum quienes, por primera vez, hablan del tema con preocupación e incertidumbre sobre qué se hará y las consecuencias que podría haber si no hay acción punitiva, como hasta ahora.

No son muchos los funcionarios de Sheinbaum que son buscados por los medios estadounidenses y hablan regularmente con ellos, que tienen como común denominador que no son considerados como nativos de la cuatroté, y que tienen vasos comunicantes importantes con la Administración Trump. Si decidieron sacar la cabeza, aunque sea de manera anónima -algo muy común en todo gobierno cuando se habla de temas delicados y buscan evitar represalias-, es porque están viendo y sintiendo la creciente presión de Washington sobre un tema que la presidenta ha buscado evadir. Todavía ayer negó esas peticiones, aunque la última precisa fue el sábado pasado por teléfono y en reuniones previas le han dado nombres específicos de con quién pudiera empezar.

El caso del affaire Berman-Verástegui y la censura que le impusieron en el Canal 14, uno de los entes bajo la responsabilidad de Jenaro Villamil, director interino del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, a su vez, pieza estratégica de Jesús Ramírez Cuevas, jefe de la maquinaria propagandista del régimen y coordinador de asesores de Sheinbaum, a la entrevista que le hizo al activista de extrema derecha, no hubiera sido tema de debate si el exactor no lo hace público. Berman, que es una de las plumas más sofisticadas del régimen -y de las que lograron transitar en el último relevo del establo de intelectuales orgánicas-, debió sentirse atrapada en la contradicción de alegar que no hay censura en la cuatroté y ser víctima de ella, e hizo público, en respuesta a Verástegui, que la decisión de transmitir la entrevista no fue de ella, sino del Canal 14.

Lo que vino después fue un reproche de varias de las plumas en la nómina de Ramírez Cuevas, a quienes se sumaron otros intelectuales orgánicos del régimen en su severa crítica a la censura. Aunque algunos de ellos deslizaron que su ulterior motivo no era escuchar voces que piensan diferente, sino que iba a dar municiones a los críticos de la cuatroté, lo que exhibió es una molestia que se venía anidando hace meses contra Villamil, por la manera como ha ejercido un control sobre los medios públicos imponiendo una línea rígida que responda al espíritu estalinista de los puros de López Obrador.

Pero el conflicto no es entre puros y moderados, o entre obradoristas nativos y simpatizantes que se sumaron al proyecto una vez consolidado. También se está dando al interior del ala radical, donde además de Ramírez Cuevas su cara más visible es Rafael Barajas, el monero de La Jornada apodado El Fisgón, que es el responsable de la capacitación de cuadros políticos de Morena. Los puros del régimen no han chocado por desviaciones del proyecto de López Obrador, sino por el control y la disposición de los recursos presupuestales.

Hace varios años, el periodista, investigador y escritor Humberto Musacchio, decía que los periódicos en México no morían, sino que se pudrían por dentro. Aquella frase podría aplicarse a lo que está comenzando a suceder al interior del régimen, sin que quienes podrían frenarlo, Sheinbaum o López Obrador, lo estén haciendo.

La presidenta, una líder con un poder absoluto como no había tenido México probablemente en casi un siglo, es terriblemente débil hacia el interior del régimen, donde no le hacen caso, le juegan las contras y no tiene forma de tomar las riendas de lo que sucede al interior de la cuatroté. Incluso, que algunos miembros de su gabinete estén revelando intimidades político-estratégicas del gabinete, no debió haber sido de su agrado. Quien pudiera meter orden, López Obrador, como el caudillo y hombre fuerte del movimiento, no lo está haciendo porque, proyectado en las posiciones de sus principales voceros, vive con miedo desde hace tiempo por la eventualidad de que pudieran capturarlo los estadounidenses, no ha dado más señales que preocuparse de su futuro y el de su entorno inmediato.

Problemas en los gobiernos siempre hubo. Algunos trascendieron, y muchos otros se dirimieron intramuros. Aunque algunos fueron temprano en el sexenio, nunca significó una epidemia de régimen, como la que está empezando a darse en este gobierno. Estamos viendo el estallamiento de conflictos diversos que muestran una falta de control y disciplina interna que merman la credibilidad de la Presidencia en un momento de cohesión indispensable -aunque, por acciones de Sheinbaum, solo sea hacia el interior del movimiento-, a solo, no hay que olvidar, 15 meses y medio de haber iniciado su gobierno, e iniciando un año que probablemente defina el rumbo y destino de la cuatroté.

Etiquetas: López ObradorMorenaSheinbaum

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