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Estudian fósil humano de al menos 8 mil años

Recuperados de las laberínticas profundidades de Sac Actun

por Reforma
3 marzo, 2026
en aQROpolis
Estudian fósil humano  de al menos 8 mil años

La posición en que se encontraba este nuevo fósil, recuperado en noviembre pasado por encima de una duna de sedimento, ofrece una pista interesante sobre por qué se encontraría en este sitio en particular.

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Ricardo Israel Sánchez Becerra

Los vestigios de un fósil humano, de por lo menos 8 mil años de antigüedad, fueron recuperados de las laberínticas profundidades de Sac Actun, sistema de cuevas submarinas en la Península de Yucatán.

Tal hallazgo, el número 11 realizado en Ox Bel Ha, cerca de Tulum, es una osamenta que se localizó aproximadamente a 200 metros de penetración y a 8 metros de profundidad dentro de una sección de la cueva actualmente inundada.

“Sabemos que no pudo haber llegado ahí de otra manera más que cuando la cueva estaba seca”, explica en entrevista telefónica Octavio del Río (Ciudad de México, 1965), investigador en arqueología subacuática y precursor de las exploraciones en cenotes y cuevas sumergidas de esta región.

Fue en la transición del Pleistoceno al Holoceno, ocurrida hace unos 11 mil 700 años, al final de la última glaciación, cuando el nivel del mar —entonces a 150 metros por debajo del nivel actual— comenzó a elevarse como consecuencia del derretimiento de glaciares por el alza de la temperatura global.

Hasta antes de eso, los habitantes primigenios de América habrían hallado una valiosa guarida en el intrincado sistema de cuevas de Sac Actun, con una extensión de 368 kilómetros.

“Fueron lugares propicios para estos primeros pobladores del continente. Se metían en estas cuevas para buscar agua, y además les daban protección y refugio contra los grandes depredadores de aquel entonces: mamíferos gigantes como el tigre dientes de sable, osos chatos, pumas, grandes coyotes y lobos. Era un sitio muy estable; salían, cazaban y regresaban a estos puntos”, ilustra Del Río.

De ahí la decena de hallazgos en esta zona que preceden al de ahora, empezando por los restos de la Eva de Naharon a inicios del milenio, que con 13 mil 700 años de antigüedad es considerado el fósil humano más antiguo descubierto en América. Del Río lideró al equipo responsable de ese trabajo de recolección.

La posición en que se encontraba este nuevo fósil, recuperado en noviembre pasado por encima de una duna de sedimento, ofrece una pista interesante sobre por qué se encontraría en este sitio en particular.

“Es, suponemos, un depósito mortuorio, un sepulcro donde dejaron a esta persona; quizá una forma de protegerlo contra los depredadores, posiblemente por el olor que pudiera haber emitido en aquel entonces”, apunta Del Río.

“Por el espacio seleccionado particularmente para depositarlo, es un indicio de quizá una ceremonia mortuoria de aquel entonces, de las primeras a lo mejor registradas en el continente”, agrega el investigador.

Si bien sólo se ha recuperado alrededor del 50 por ciento de la osamenta, muy erosionada además por el tiempo que ha pasado sumergida, lo siguiente es hacer los análisis de laboratorio para poder identificar, entre otras cosas, género, edad, talla, patologías, antigüedad y hasta su posible relación con los otros fósiles hallados.

“Seguir una secuencia de ADN sería muy interesante. Esto nos corroboraría un origen de estos individuos, y a lo mejor una filiación con la gente local, con esos otros que hemos detectado aquí, cosa que sería también súper importante”, destaca Del Río.

“A ver qué nos cuenta, a ver qué nos dice”.

Años en ver la luz

Aunque es hasta ahora que se ha podido sacar este fósil de las profundidades, en realidad llevaba ya unos años de haber sido descubierto: 2022.

El primero en detectarlo y pasar el reporte al INAH fue el italiano Alessandro Reato, quien hacía labores de cartografía. “Fue el detalle minucioso de la pared, a qué distancia, dónde está el recoveco, hacia dónde se va el otro brazo, el salto y eso, lo que lo llevó a este lugar, que es un nicho alejado de la ruta principal de la cueva donde normalmente se bucea”, detalla Del Río.

“Lo reporta hace 4 o 5 años, se pasa a una cédula y quedó ahí; no hubo más avance de esa exploración”, prosigue el investigador, quien tuvo noticia de tales restos apenas hace año y medio por parte de su colega sueco Peter Broger.

“Peter es también explorador y andaba curioseando en la cueva”, relata Del Río, con humor. “Todo este tiempo, desde que nos lo reporta Peter hasta que hacemos el rescate, nos la pasamos elaborando un proyecto de investigación, tratando de justificarlo, haciendo todos los pormenores de lo que necesitábamos, incluyendo a todos los especialistas”.

Así fue como consiguieron la autorización del Consejo de Arqueología del INAH para proceder con este trabajo. El respaldo del arqueólogo Luis Alberto Martos López, titular de la Dirección de Estudios Arqueológicos, resultó decisivo.

“Él fue un gran promotor, un gran impulsor del proyecto, y actuó como el aval académico y científico; dio un gran soporte para que pudiéramos llevar a cabo esta investigación”, celebra Del Río.

El equipo multidisciplinario de especialistas mexicanos que llevará a cabo los estudios siguientes incluye al antropólogo físico Jorge Arturo Talavera; el hidrogeólogo Emiliano Monroy; el biólogo molecular Víctor Moreno; el ingeniero industrial Guillermo D’Christy, y el instructor Eugenio Acevez Núñez.

Y ante la incógnita sobre cuántos más fósiles pueda haber todavía en esas aguas subterráneas, la misión de los exploradores es clara: “Seguir metiéndonos en estos recovecos”, remarca Del Río.

“Por ahí tenemos un par, parece, de nuevos vestigios; sí te adelanto que hay, por lo menos, un nuevo fósil. Pero bueno, hasta no tener también todos los datos bien fundamentados, no podremos darlo a conocer”, acota el investigador, cuya labor busca ganarle terreno a los desarrollos que afectan estos ecosistemas y hasta a otros exploradores que se quedan los hallazgos cual “tesoros”.

Amenaza cumplida; nuevos aires de oportunidad

Con más de dos décadas de experiencia haciendo inmersiones en cuevas y cenotes de la Península de Yucatán, Del Río alzó la voz el sexenio pasado para advertir sobre el grave riesgo que representaba el polémico Tramo 5 Sur del Tren Maya.

Eso que entonces era sólo una amenaza ahora está provocando afectaciones reales ya documentadas, como la erosión y disolución de columnas de metal, lo cual contamina un cuerpo de agua que fluye por los ríos subterráneos hasta llegar a la costa y el arrecife.

“Ya se está salinizando el agua, ya se está viendo el cambio de coloración, ya están flotando estos metales en el líquido. Y eso eventualmente nos va a empezar a afectar a todos”, reprueba Del Río.

Tan sólo Sac Actun, designado como uno de los 100 geositios más importantes del mundo por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS), proporciona casi la totalidad del agua dulce que se consume en la zona.

No obstante, la Administración del hoy expresidente Andrés Manuel López Obrador hizo oídos sordos a las alertas de numerosas voces.

“La Administración pasada fue realmente una pesadilla; nadie era escuchado, éramos todos pseudocientíficos, pseudoambientalistas, pseudoactivistas, pseudo de todo”, condena Del Río, quien percibe ahora un panorama distinto dadas ciertas iniciativas.

En particular, por la intención de crear el área natural protegida “Sistemas Subterráneos de Quintana Roo”, que impulsa la propia Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

“Si se llega a aprobar este decreto y está bien configurado, con un plan de manejo estable y sólido, seguramente estos sistemas van a ser ahora sí protegidos y privilegiados en su magnitud”, comenta, en tono optimista, el investigador en arqueología subacuática.

“Tenemos aquí los vestigios de los ancestros más antiguos de toda América, los tenemos en México; esto es único, realmente de valor universal, y nosotros somos los responsables de hacer que se preserven, que se cuiden y darlos a conocer”, subraya el especialista.

Etiquetas: antropologíafósilINAH

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