- Cuatro obispos: Alfonso, Mario, Faustino y Fidencio
- Don Salvador Septién, en proceso de beatificación
- El consejo de Carlos Castillo Peraza para salvar el alma
- Políticos queretanos que no respetan ni Días de Guardar
Semana Mayor.
A lo largo de más de medio siglo en los medios locales y nacionales este reportero ha conocido y entrevistado a los principales hombres de Dios queretanos, incluidos los monseñores Salvador Septién y Ezequiel de la Isla, además de los últimos cuatro obispos: Alfonso Toriz Cobián, Mario de Gasperín Gasperín, Faustino Armendáriz Jiménez y Fidencio López Plaza.
Hace 46 años, en febrero de 1980, en aquél Querétaro de una iglesia, publicamos en Noticias la conversación con quien dirigía la diócesis desde hacía 25 y hablaba por primera vez de sus aficiones, sus “chifladuras”, el trato con los políticos, desde Juan C. Gorráez hasta Rafael Camacho Guzmán y del futbol, entre otros muchos temas.
Diálogo que a algunos pareció inusual, por decir lo menos.
Dos años después ese el séptimo obispo ordenaría como sacerdote, el 19 de febrero de 1982, a un joven venido de El Capulín, municipio de San José Iturbide. Guanajuato, que ingresó a nuestro Seminario Conciliar en 1964. Era Fidencio López Plaza, hoy -y desde 2020- décimo obispo de Querétaro.
Antes de serlo, en 2015, el Papa Francisco le encomendó la diócesis de San Andrés Tuxtla, en Veracruz (la de los brujos de Catemaco) desde donde nuestra colaboradora y amiga Ana María Arias nos envió una espléndida crónica.
Ella misma, Anita, le haría su primera entrevista telefónica para la página web de Plaza de Armas, la madrugada de su nombramiento como obispo de Querétaro.
Desde entonces, a través de los reporteros encargados de la fuente, seguimos puntualmente los trabajos de Fidencio en favor de una iglesia misionera.
La asignatura pendiente era una entrevista exclusiva, que procuramos a través de varios contactos y que se pudo concertar hace dos años a través del vaticanólogo Roberto Velázquez, autor entre otra obras de la mejor biografía de don Ezequiel Montes.
Finalmente se cumplió el encuentro con uno de los personajes más interesantes que hayamos conocido. Sencillo, cordial, ingenioso, culto, pluralista y tolerante.
Al cabo de dos horas de preguntas, respuestas y anécdotas, aceptó y hasta celebró el comentario del inolvidable armero Sergio Arturo Venegas Ramírez sobre la coincidencia de que don Fidencio y el autor de esta columna nacieran en el mismo año. “Son modelo 50 y todavía hay refacciones” embromó.
Ahí nos dijo don Fidencio que la Iglesia no tiene preferencia por ningún partido y que los ciudadanos deben discernir, analizar y votar por la opción de su preferencia.
Antes de concluir el encuentro nos invitó a la capilla presidida por la Virgen de Guadalupe, bendijo y acompañó a los reporteros hasta a la puerta de su casa.
Lo recupero hoy porque en estos Días de Guardar los periodistas solemos buscar las palabras de los varones de la Iglesia como una especie de Guía Roji, hoy diríamos Waze, para llegar al sentido profundo de la Pasión de Cristo.

-SEPTIÉN, EN OLOR DE SANTIDAD-
De memoria
Ya le he contado también que hace más de medio siglo, en 1973, el joven aprendiz de reportero tuvo el privilegio de entrevistar a don Salvador Septién Uribe (1886-1978) a quien la queretanidad ya declaró santo por los muchos milagros probados que el Vaticano, conforme a sus dilatados tiempos, todavía estudia. Tan profunda es la huella de este hombre de Dios, ex vicario de la Diócesis, que el ex obispo de Querétaro y hoy arzobispo de Durango Faustino Armendáriz Jiménez trae en su cartera una imagen suya, como nos lo mostró hace diez años, considerándolo “muy ilustre y muy santo”.
Y sí.
Se cuenta que sanaba a los enfermos y que las mujeres que no podían ser madres lo visitaban para que les impusiera las manos en el vientre. Una distinguida amiga nuestra fue a verlo. Tuvo siete hijos.
Don Salvador nació en San Juan del Río. Fue secretario del obispo Alfonso Toriz Cobián, cura de la Parroquia de Santiago, maestro de oratoria sagrada y teología dogmática en el Seminario Diocesano, vicario general de la Diócesis de Querétaro, canónigo y arcediano de Catedral.
Al cumplir sus bodas de oro sacerdotales, el Papa lo nombró monseñor y protonotario. Nunca quiso salir de su estado y prefirió renunciar a mitras que le fueron ofrecidas.
Este columnista pudo de entrevistar a don Salvador en la Semana Santa de 1973, el 22 de abril justamente. Se advertía que era un hombre más allá de todo. En olor de santidad, diríase. Generoso, tolerante, dispuesto, atendió al muy joven e inexperto reportero.
“Es censurable –me dijo- que en los días santos se tomen actitudes que no están conformes con el recogimiento y la piedad” refiriéndose a las personas que preferían los paseos y fiestas en tiempos de oración.
Estas fechas, continuó, están destinadas por la Iglesia para perfeccionar la conversión a una mejor vida cristiana que se procura obtener mediante prácticas adecuadas durante la Cuaresma, especialmente en la recepción de los sacramentos, la penitencia y la comunión, todo lo cual debe disponer a la celebración de la Pascua.
Hoy, medio siglo después, el Vaticano analiza su causa y posiblemente lo declare santo.
La queretanidad ya lo hizo.
Amén.
-EL HISTORIETARIO-
2014.
Ante la proximidad de la Semana Santa -que “es una propuesta de dolor, pero también de resurrección”- el entonces obispo de Querétaro y actual arzobispo de Durango Faustino Armendáriz Jiménez llamó a no sacarle la vuelta a la Cruz e intensificar la oración en este mundo Exhortó el IX Obispo de Querétaro a valorar, discernir y elegir
Así lo manifestó el pastor de la grey católica en entrevista exclusiva con PLAZA DE ARMAS, El Periódico de Querétaro, en la que calificó de muy ilustres y muy santos a la madre María Eugenia de la Santísima Trinidad González Lafón, fundadora del Instituto de las Hermanas Catequistas de María Santísima y, como le decía, al ilustre monseñor Salvador Septién Uribe.
Recordó también la visita del Papa Francisco y las tareas dejadas a los mexicanos, especialmente la de no caer en la peor tentación: la de la resignación y a propósito de la Procesión del Silencio, que hoy cumple 60 años, invitó a no sacarle la vuelta a la cruz, a orar con objetividad y autocrítica, sin autocomplacencia.
De negro absoluto, sólo roto por el alzacuellos blanquísimo y su cadena plateada, nos recibió en la misma casa, en donde este reportero ha entrevistado a cuatro dignísimos pastores de la Iglesia queretana.
Y a él más que a ninguno.

Foto: Archivo
-FIDENCIO LÓPEZ PLAZA-
2024.
Para Fidencio López Plaza, el X Obispo para quien la actual no es una época de cambios, sino un cambio de época, en la cual la Iglesia dialoga con todos los políticos sin preferencia por ningún color. Lo importante es que los ciudadanos valoren, disciernan, elijan y hagan avanzar esta democracia incipiente.
“Todos los partidos se identifican con el bien común, pero la iglesia no se identifica con ninguno” aclaró ante los armeros en un diálogo sin reservas y sin límite de tiempo para analizar las transformaciones sociales, la resurrección de Querétaro tras la pandemia y su mayor preocupación, los jóvenes y cómo convencerlos de que vale la pena seguir a Jesucristo.
Nos recibió de saco oscuro y pantalón gris, camisa blanca y colgada del alzacuellos una cruz de madera, a más de tres años de haber sido nombrado por el Papa Francisco y asumido en el Seminario Conciliar, en donde hace más de seis décadas inició sus estudios.
Le preguntamos por la inseguridad
-Yo nací en Guanajuato, en San José Iturbide y sí noto la diferencia. He recorrido todas las parroquias limitantes con Guanajuato y sí veo la diferencia del estado de Guanajuato al estado de Querétaro y yo creo que no estamos exentos de todo esto que ocurre en el país, pero ciertamente noto menos inseguridad y violencia entre nosotros.
Quisimos saber si le preocupaba a la iglesia la llegada de gobiernos con teorías o perfiles diferentes a lo que la iglesia pide, el bien común.
-Yo considero que todos los partidos inciden cada quien desde su ideología en el bien común, sino cómo atraen a la población, pero la iglesia no se identifica con ninguno. A todos los valora, a todos los somete a un discernimiento e invita a todos también a hacer lo mismo para tener una buena elección, porque nos interesa que los cristianos, los ciudadanos participen y hagan avanzar esta democracia incipiente que estamos viviendo.
Y finalmente el tema del aborto, aprobado en lo federal, y aquí no. Bueno, remató Fidencio López Plaza, el gobierno tiene sus principios y sus leyes y las va a aplicando. Nosotros tenemos también nuestra postura muy clara y eso ya lo hemos repetido muchas veces.
Sí a la vida.
-SALVAR EL ALMA-
Don Mario.
Rodrigo Guerra López, doctor filosofía y asesor del entonces gobernador de Querétaro Ignacio Loyola Vera (1997-2003), hoy en una importante función en el Vaticano, tuvo un conflicto de conciencia y de lealtad con su jefe al revelarle al VIII obispo Mario de Gasperín Gasperín algunos contenidos del programa “Crecer”, vinculado a la educación.
Un lunes, en la acostumbrada reunión de gabinete, el también secretario privado comentó que había personas en desacuerdo con el proyecto y su forma de abordar los valores de manera relativa.
¿Y quién dice eso? preguntó Loyola.
-El Obispo, respondió Rodrigo.
-¿Y tú le platicas todo lo que comentamos aquí?
-Es que es mi confesor, explicó.
-Pues confiésale tus pecados!, no los míos ¡cabrón!
Rodrigo, sumamente confundido, por la reclamación del gobernante, buscó el consejo de uno de los santones del PAN, don Carlos Castillo Peraza.
-A ver, muchacho, dime ¿cuál es tu mayor aspiración en la vida.
-¡Salvar mi alma!
-Entonces dedícate a otra cosa. A la política uno viene a salvar el pellejo, no el alma.
La política es así
-JUGADA FINAL-
Semana Santa.
A los del Grupo Jamás, a los que parece no importarles su alma sino las posibles candidaturas y quisieron aprovechar el cambio de mesa directiva en la Legislatura del Estado y propiciaron un zafarrancho en la llamada “Casa del Pueblo” un oportunista y descreído ¡Jaque Mate!






