A las 17:15 horas de una tarde soleada de febrero comienzan a llegar las primeras personas a la Santa Iglesia Catedral de Santiago de Querétaro. Es Miércoles de Ceniza. El ambiente se vuelve pausado dentro del templo. Mujeres, hombres, infancias y personas mayores ocupan las bancas en silencio, en espera de la entrada del obispo Fidencio López Plaza, quien no solo presidirá el acto eucarístico, sino también impondrá la ceniza.
A las 17:37, por fin entra el obispo para presidir la eucaristía en la que se impondrá la ceniza. En el altar, sacerdotes y acólitos con túnicas blancas preparan la celebración. Velas encendidas iluminan el centro del templo, mientras una acólita sostiene una vela grande al frente. El humo del incienso se desprende lentamente del turíbulo, con un aroma amaderado que envuelve a la comunidad reunida y les prepara para elevar sus oraciones a Dios.
A un costado, descansa una cruz de madera, telas moradas y elementos simbólicos de la Cuaresma. Cerca, la pila bautismal yace en silencio. Es un momento solemne: el inicio de los 40 días de preparación hacia la Pascua, con la comunidad reunida en oración.
En su sermón, el obispo toma el micrófono y propone vivir “una cuaresma centrada en la escucha y centrada en el ayuno”, siguiendo las exhortaciones del Papa León XIV. La primera invitación para los fieles es vivir una cuaresma eucarística, reconocer la eucaristía como “manantial y cumbre de la vida cristiana” y asumir que no es solo un rito, sino un estilo de vida que transforma a la comunidad.
La segunda exhortación, dice, es vivir la Cuaresma como testigos de la verdad, recordar a Jesús como mártir y testigo, y reconocer que el cristiano también debe dar testimonio con su vida. “Cuando decimos mártir, decimos testigo”, expresa, y destaca que la fe implica coherencia y compromiso.
La tercera exhortación llama a centrar la Cuaresma en la escucha. Escuchar como un ejercicio que permite pasar “del yo al tú, y del tú al nosotros”, abrir espacio a la palabra de Dios y a la voz del prójimo, para reconocer el dolor y las necesidades de quienes sufren.
La cuarta exhortación se enfoca en el ayuno. Para el obispo de Querétaro, el ayuno no sólo implica dejar alimentos, sino cuidar el lenguaje, renunciar al juicio inmediato y ordenar los sentimientos para construir comunión. López Plaza invita a un ayuno que transforme “el corazón y las palabras”.
Minutos después, dos filas se forman para recibir la ceniza. Entre ellas, una madre carga a su hija dormida mientras avanza lentamente. Cuando llega su turno, el obispo marca la frente de la mujer y, con suavidad, la cabeza de la niña. Algunas personas reciben la ceniza en la coronilla; otras, inclinan la frente. En las bancas, cabezas espolvoreadas permanecen hincadas unos minutos, en oración silenciosa, antes de regresar a tomar asiento.
“Que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren sea escuchado”, es otro de los mensajes de López Plaza. Con la cabeza en señal de reverencia y gratitud, la comunidad inicia así el camino cuaresmal, entre humo de incienso, luces de velas y el eco de una tradición que cada año vuelve a reunir a Querétaro en silencio y esperanza.
Al terminar, varias personas se persignan e inclinan, de nuevo, la cabeza en señal de reverencia a Jesucristo. La imposición de ceniza en la catedral del corazón de Querétaro continúa cada 20 minutos hasta las 21:00 horas. El humo del incienso sigue elevándose, mezclado con el murmullo de las oraciones y el ruido lejano de la calle Francisco I. Madero.





