- Don Jesús Romero Flores murió a los 102 años
- Recibió la medalla Belisario Domínguez en 1976
- Versión sobre la botella firmada por los diputados
- Claudia Sheinbaum reúne hoy aquí a la República
-TRINCHERA-
De memoria.
Yo conocí al último de los Constituyentes: Jesús Romero Flores, michoacano de La Piedad, solía venir al sitio en donde él y otros 217 diputados discutieron, diseñaron y aprobaron nuestra Carta Magna, esa que hoy cumple 109 años de promulgada y reúne a la República encabezada por Claudia Sheinbaum, la primera presidenta.
Privilegio del oficio.
Don Jesús, junto con Palavicini, Cándido Avilés y Celestino Pérez y Pérez, eran invitados de honor a las celebraciones del 5 de febrero en los tiempos del gobernador Antonio Calzada Urquiza, con los Presidentes Luis Echeverría y José López Portillo.
Nunca fueron mejores las conmemoraciones que con los mismísimos constituyentes en el macizo escenario del Teatro de la República, opina este columnista en más de medio siglo de atestiguarlas.
Venían todos -a los que la edad y la salud les permitía- para revivir los momentos en que fueron hacedores de leyes e historia, al lado del Presidente Venustiano Carranza y su debilidad por Querétaro.
Al final solo quedaba Jesús Romero Flores, fallecido hace casi 40 años, a los 102. Me lo presentó uno de sus alumnos de la secundaria, el michoacano Jorge Torres Vázquez, a la sazón presidente municipal de Querétaro (1973-1976).
Impresionaba la claridad de su pensamiento y su fortaleza, con nueve décadas encima. Era un hombre de ideales, de la estirpe del General Francisco Mújica.
Hablaba de los debates y de sus amigos del grupo de liberales, como Terrones Benítez y Heriberto Jara.
Aquí en Querétaro era feliz. Vino por lo menos una vez al año. Revolucionario de verdad, estuvo con Obregón en la batalla de Celaya y fue cercano de su también paisano Lázaro Cárdenas.
Fue diputado local y federal, además de senador de la República. Recibió la medalla Altamirano por 50 años de servicio a la educación, la Generalísimo Morelos del Gobierno michoacano y la más alta, la Belisario Domínguez, otorgada por el Senado de la República en 1976.
Vivió modestamente con su jubilación de profesor a partir de 1957 y hasta se desempeñó como director de la biblioteca pública “Melchor Ocampo” en la Cámara de Senadores.
Ya no hay de esos.

Foto: Cortesía Francisco Briseño López.
Foto: Especial
-BALA DE PLATA-
La botella.
Ya es bien sabido que los padres de la Constitución discutían no solamente en la Academia de Bellas Artes y en el Teatro Iturbide, hoy de la República, sino en las cantinas cercanas, como El Águila de Oro y El Puerto de Mazatlán, pero hay una incógnita sobre la famosa botella de champán que el Presidente Venustiano Carranza hizo autografiar a los diputados al término de un brindis para que se la bebieran -algún día- los dos últimos sobrevivientes.
Don Jesús Romero Flores no supo nunca de su paradero.
Pero hay una versión del periodista Gustavo Adolfo Iram Ávila, según la cual ese elíxir histórico se lo tomó un queretano.
Así lo cuenta:
“En la casa del prestigiado doctor Manuel Velasco Suárez, exgobernador de Chiapas, se llevaba a cabo una cena a la que asistió el ideólogo Gustavo Hernández, uno de los hombres más inteligentes que he conocido, hermano de Silvia Hernández, exsenadora y exsecretaria de turismo con José López Portillo, y muy amigo del veracruzano Alfredo Bielma. Gustavo después de haber ingerido varias copas, descubrió en una esquina de la sala una vitrina que entre terciopelo albergaba una gran botella, mi tocayo sin más ni más sacó la botella, le quitó el tapón, que salió con gran facilidad, y empezó a apurar el contenido, en ese momento el hijo del doctor Velasco se la arrebató, pues era la botella firmada por los constituyentes, pero parte del contenido ya se la había tomado el buen Gustavo y ni siquiera era diputado”.
¡Imagínese!

-BALA PERDIDA-
El Champán.
Cuenta Gustavo Adolfo Iram Ávila haberle preguntado por la mítica botella a don Jesús Romero Flores. Aprovechando que estaba entrevistando al último constituyente, le preguntó si era cierto lo de la botella, y don Jesús le confirmó que era verdad, pero que ignoraba qué había sido de ella. Comentó que estaba enterado que la botella pasó de mano en mano, y que alguna vez le dijeron que se rompió, incluso también le dijeron que ya se la habían tomado, en fin que estaba perdida y jamás se volvió a saber de la famosa botella.
Al oír eso, su esposa María Pureco dijo:
-“Que ni aparezca, porque si se la toma mi Chuchito se me muere”.
Genial.
-CABO DE CUARTO-
Lo niega todo.
A la muerte del ideólogo Gustavo Hernández, este columnista le preguntó a su hermana Silvia Hernández si tenía conocimiento de la anécdota de la famosa botella y respondió que no.
Quizá sepa algo el coordinador del Partido Verde en el Senado, Manuel Velasco Coello, nieto del doctor Manuel Velasco Suárez, en cuya casa -supuestamente- fue bebido el champán de los constituyentes.
Como será difícil acercársele a los invitados, le pedimos al diputado federal Ricardo Astudillo, también verde, se lo pregunte.
Nomás por curiosidad.
-FOGONAZO-
Carta Magna.
Hoy se conmemora el 109 aniversario de la Constitución de Querétaro, con sus más de 800 modificaciones.
¡Y las que faltan!

Foto: Sergio A. Venegas Alarcón.





