Desde tiempos muy lejanos en la isla -de Cuba –desde el siglo XVII–, se venera a la virgen de la Caridad del Cobre, cuya advocación surgió en 1612 en la bahía de Nipe. Algunos la llaman “Cachita”. ¡Óyeme Cachita!
Como sucede con todas las virginales apariciones celestiales, la historia –o la leyenda–, pasa por el prodigio revelado a los más pobres: en este caso tres esclavos de una mina de cobre (los “tres Juanes”; un mulato y dos indios), quienes vieron flotar un tablón en el mar con la señora con un niño y una leyenda: “Yo soy la virgen de la Caridad”.
Hoy para Cuba esa alta virtud entre los méritos teologales, ya no surge de las milagrosas aguas antillanas sino de la selva lacandona: el señor de Palenque ha solicitado la práctica caritativa y a ella convocó al fraterno pueblo mexicano, en favor de los desvalidos y sufrientes “hermanos” cubanos, justo en los días cuando el imperio estadunidense comienza a negociar su futuro con la familia Castro y sus validos en el politburó del Partido Comunista.
Indudablemente imbuido por la doctrina del “Humanismo mexicano” y practicante del viejo aforismo de Publio Terencio “El africano (160 AC): “nada de lo humano me es ajeno”, el patriarca cuatroteísta exhibe su buen corazón y pasa la charola en favor de los cubanos. Verdaderamente conmovedor.
Pero la conmoción del alma tiene sus asegunes –dirían en mi pueblo–, porque la convocatoria pública, tan profunda como para sacarlo de su retiro selvático mayense, se debe a las condiciones cubanas, no a las de ninguna otra parte del mundo, lo cual equivale a decir: los demás miserables, los otros condenados de la tierra, los hambrientos, enfermos y desnutridos de otras partes del planeta, no le mueven a la justa, pública y generosa petición.
¿O alguien lo ha escuchado pedir dinero para nuestros hermanos de Etiopía o Tanzania afectados por hambrunas de espanto desde hace muchos años? Quizá porque la IV-T no los considera “pueblos hermanos”
De acuerdo con la Organización para la Agricultura y la Alimentación, la FAO, en este planeta hay (cifras del 2024) cerca de 638 y 720 millones de personas con hambre. Ni una sola de ellas ha conmovido la generosidad del ex presidente, excepto si en ese total asumimos a los cubanos.
“En 2024, el hambre afectaba a unos 307 millones de personas en África, 34 millones en América Latina y el Caribe y 323 millones en Asia, lo cual suponía un 20,2 %; un 5,1 % y un 6,7 % de la población, respectivamente.
“Está previsto que de 2025 a 2030 el número de personas subalimentadas en todo el mundo disminuya (sin contar la suscripción andresiana) , pero aun así se prevé que 512 millones de personas seguirán padeciendo hambre en 2030, de las cuales casi el 60 % vivirá en África.
“ Se estima –sigue la cita de la FAO–, que unos 2 mil 300 millones de personas en el mundo se vieron afectadas por la inseguridad alimentaria moderada o grave en 2024: 335 millones más que en 2019, (antes de la pandemia) y 683 millones más que en 2015, cuando se puso en marcha la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”.
En el caso mexicano todavía, a pesar de los programas sociales, hay un 7 por ciento de habitantes en condiciones de malnutrición. A diferencia de la atención médica y los servicios sanitarios, tan eficientes y universales como en Dinamarca, el fin de las condiciones famélicas de muchos, no ha sido alcanzado por completo.
La petición del expresidente quien nos ofrece el remedio y el trapito viene acompañada por una cuenta bancaria (cuyos fondos no sabemos quién vigilará), pero a cuya divulgación esta caritativa columna se solidariza: Banorte 13584512779 (Humanidad con América Latina A.C.)
Eso es tener buen corazón





