Hace años viví en carne propia la tragedia del pueblo cubano: la hambruna, las mujeres que me perseguían por un poco de plata para poder amamantar a sus críos. Una Cuba enferma de miseria e impotencia. Eran los tiempos de Fidel, de una dictadura insoportable. A caso la situación ha empeorado con Díaz Canel.
De alguna manera es justificable la ayuda humanitaria.
Tal vez por ello Andrés López Obrador haya salido de su madriguera para recaudar fondos para aliviar el estado de cosas. Pero ¿no es a fin de cuentas un despropósito? ¿No ratifica la dictadura no obstante que la ayuda en el mejor de los casos descienda directamente a ese pueblo afligido?
Como se dice coloquialmente “el buen juez por su casa empieza”
¿No sufren acaso por igual las comunidades marginadas de Chiapas?
Comprendo la compasión del ex presidente.
Pero se trata de la inteligencia emocional. Que es muy pobre en el caso de AMLO. Pues la filantropía y el exhibicionismo no sustituyen a una justa rebeldía.
Pero allá él y quienes condescienden con su despropósito.
En otra parte, un contraste, el pueblo cubano es admirable por su ingenio: sus escritores, sus médicos, sus atletas que ejercen su oficio a pesar del desaliento. Como escribí hace años, ¿la esperanza está en el mar, en la fuga?.
Creo más en la lucha del pueblo cubano.





