Fui uno de los jóvenes seleccionados por la Secretaría de la Juventud del Estado de Querétaro (SEJUVE) para participar en una estancia académica de una semana en la NASA, a través de la empresa AEXA, representando a la Universidad Autónoma de Querétaro. Desde el inicio, el proceso implicó preparación, documentación y compromiso, pero también la convicción de aprovechar una oportunidad que marcaría un antes y un después en mi formación.
El primer día estuvo acompañado de nervios e incertidumbre. Al llegar, no conocía a nadie y me encontré con estudiantes de distintas instituciones del país, como el Tecnológico de Monterrey, la UNAM y otras universidades. Sin embargo, pronto logré integrarme a un equipo con el que se generó una dinámica de colaboración muy enriquecedora. Cada idea era escuchada y tomada como punto de partida, permitiendo construir soluciones colectivas en lugar de descartar propuestas individuales.
El eje central del programa fue el desarrollo de un proyecto enfocado en la integración de inteligencia artificial y hologramas para atender situaciones de emergencia en misiones espaciales, no solo médicas, sino también de ingeniería y apoyo emocional a astronautas. Al inicio, surgieron ideas ambiciosas que, tras analizar su viabilidad técnica y económica, resultaron poco realistas. Finalmente, optamos por una propuesta innovadora y alcanzable: prendas inteligentes inspiradas en los trajes interiores de los astronautas, capaces de brindar comodidad, monitoreo y asistencia integral tanto en la Tierra como en Marte. El proyecto integró conceptos como telas piezoeléctricas, sistemas hápticos y sensores avanzados, logrando una solución multidisciplinaria.
Además del trabajo académico, la experiencia incluyó actividades prácticas que fortalecieron habilidades clave. Tuvimos la oportunidad de pilotear una aeronave ligera, participar en simulaciones de buceo utilizadas en el entrenamiento de astronautas, experimentar túneles de viento de caída libre y trabajar en equipos para el diseño de robots destinados a simular la extracción de material lunar y la exploración con drones. Cada actividad reforzó el trabajo en equipo, la toma de decisiones y la resolución de problemas bajo presión.
Uno de los momentos más significativos fue la simulación de una misión espacial análoga. Me correspondió asumir el rol de comandante, enfrentando múltiples tareas de manera simultánea, lo que permitió dimensionar la complejidad real de una misión. También participamos en roles de Mission Control y en análisis posteriores de laboratorio, ampliando nuestra comprensión del trabajo científico en contextos espaciales.
La estancia concluyó con la presentación final de los proyectos desarrollados. Nuestro equipo obtuvo el segundo lugar, reflejo del esfuerzo colectivo y de la calidad del trabajo colaborativo. Además, tuvimos la oportunidad de asistir a conferencias con profesionales destacados, como el ingeniero Anthony Bruins, quien habló sobre aprender del fracaso, y el astronauta Kevin A. Ford, quien compartió su experiencia en la Estación Espacial Internacional.
Este tipo de experiencias internacionales refuerzan la importancia de acercar a los estudiantes de la UAQ a entornos científicos y tecnológicos de alto nivel. Regresar de esta estancia significó hacerlo con una visión más amplia, nuevas herramientas y la certeza de que la formación universitaria puede trascender fronteras!!
Luis Gerardo González Chagoya,
Estudiante de la Universidad Autónoma de Querétaro






