El jueves 27 de marzo del presente año, la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) festejó la adquisición del Patio Barroco como patrimonio de la universidad, de manera oficial y a través de la sesión ordinaria de Consejo Universitario. Si bien se pensaba que, desde 1966, la Máxima Casa de Estudios del estado era la propietaria de esta joya arquitectónica del barroco mexicano, no era del todo cierto: la propiedad se dividía en tres y se compartía, por medio de un convenio amistoso, con la iglesia y el gobierno estatal.
El tema data desde las Leyes de Reforma, en el México gobernado por Benito Juárez, bajo las cuales esta propiedad estaba en manos de la nación. Para desentrañar esta lucha incansable de la UAQ por recuperar sus espacios, Plaza de Armas entrevistó a José Antonio Montes de la Vega, abogado general de la UAQ, quien narró el proceso cronológicamente de cómo la universidad recuperó sus joyas de la corona.
Desde el punto de vista del abogado, tanto el Patio Barroco como el Auditorio Esperanza Cabrera, son dos “joyas arquitectónicas e inmobiliarias” significativas para la vida y la historia, así como para el sentimiento de la comunidad universitaria. Ambas propiedades están localizadas en el Centro Histórico de la capital de Querétaro, y el Patio Barroco, antes de ser la Facultad de Filosofía que hoy conocemos, fue la Prepa Centro de la UAQ.
Desde bienes de la nación a patrimonio universitario
Montes de la Vega explicó que, para decretar al Esperanza Cabrera como patrimonio de la UAQ, fue necesario un juicio para obtener la sentencia; pero, en cuanto al Patio Barroco, explicó que fue un proceso “más confuso” debido a que eran bienes nacionales; es decir, propiedad de la nación desde las Leyes de Reforma, decretadas por Benito Juárez, quien fue presidente de México de 1858 a 1872.
“Si recordamos desde las Leyes de Reforma del presidente Juárez, la ley de desaportización de los bienes del clero, todos los bienes que pertenecían al clero, a la iglesia, pasaron a formar parte de la propiedad de la nación. En este sentido, como propiedad de la nación, era el entonces Colegio de Jesuitas; después, de San Francisco Javier y de San Ignacio Loyola, pues eran monasterios, eran conventos; propiedad del clero”, explicó los orígenes del Patio Barroco.
Posteriormente, el terreno pasó a ser el Colegio Civil de Querétaro, una instancia que dependía de los gobiernos emanados de la Revolución. Luego, se hizo de los predios para la creación de lo que más tarde, en 1958, sería la UAQ. Sin embargo, estos predios todavía eran propiedad de la nación, en virtud de las Leyes de Reforma.
Montes de la Vega enfatizó que, en la investigación documental que se hizo desde su oficina, no existió ningún documento que acreditara a la propiedad del Patio Barroco como oficial patrimonio de la Máxima Casa de Estudios del estado. “Nunca hubo un decreto de donación como tal a favor de la Universidad”, comentó. No obstante, el acceso por la calle Próspero C. Vega, sí era de la UAQ; y compartía, a través de un convenio, el área de los estacionamientos, propiedad del gobierno estatal.
Desde 1966, cuando las y los estudiantes defendieron al Patio Barroco como parte de la universidad, se acordó un trato con el Obispado de Querétaro para compartir la propiedad en términos de una “sana vecindad”. Fue entonces que la comunidad universitaria continuó sus actividades a lo largo del tiempo, aunque, mencionó Montes de la Vega, el territorio no pertenecía del todo a la UAQ y, para invertir en su mantenimiento, se aportaba recurso propio.
Este tema, dijo, significó de suma importancia para la gestión de la rectora en turno, Silvia Amaya Llano, porque, al no tener la certeza jurídica, no se podían realizar inversiones para mantenimiento y construcción. “Siendo una entidad pública, lo primero que se solicita para poder invertir recursos públicos es acreditar la propiedad del inmueble”, sostuvo.
“Tendríamos que invertirle solamente recursos propios, y los recursos propios de la universidad siempre serán muy pocos, muy escasos, no nos alcanzarían; sobre todo que, en este tipo de inmuebles, el mantenimiento es muy caro, porque el mantenimiento de los bienes históricos requiere de curadores, requiere de trabajos altísimamente especializados”, indicó.
Patio Barroco, legalmente territorio UAQ
Es así como la UAQ inició el proceso ante el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (INDAABIN), mediante el cual, explicó el abogado general, lograron obtener el Registro Federal de Inmuebles (RFI), una clave de identificación única que se asigna a cada inmueble federal registrado en el Sistema de Inventario del Patrimonio Inmobiliario Federal y Paraestatal (SIPIFP). Solamente resta que el INDAABIN otorgue la Declaratoria de Fin o Uso, un documento que también certifica al Patio Barroco como propiedad de la UAQ.
Con este logro, el Patio Barroco, sede de la Facultad de Filosofía, podrá ser acreedor a programas federales y resultar beneficiario de apoyos a favor de su mantenimiento, restauración y conservación. Entre estos programas, existen aquellos derivados del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para Mantenimiento de Bienes Históricos, de la Secretaría de Desarrollo Social federal y de la Secretaría de Cultura.
“Gracias a este esfuerzo, encabezado por nuestra rectora, la doctora Silvia Amaya, vamos a poder ya hacer solicitudes, ya vamos a poder inscribir al Patio Barroco de la universidad para que sea beneficiario de esos programas y lleguen recursos, recursos que además vienen etiquetados para todo ese tipo de trabajos altísimamente especializados, para el mantenimiento y la conservación”, celebró Montes de la Vega.
Asimismo, destacó los logros que tuvieron en cuanto a la posesión de las clínicas UAQ y los campus de Jalpan, Huimilpan, Tequisquiapan y Amazcala, en El Marqués, donde próximamente construirán también una unidad deportiva. En cuanto al campus Juriquilla, comentó que se está en proceso de defensa jurídica del patrimonio para protegerlo de invasiones y reclamarlo como predio de la UAQ.
Finalmente, el abogado general se refirió al Patio Barroco como “la joya arquitectónica más icónica de nuestra alma mater” y expresó su orgullo por incorporarla al patrimonio universitario de manera formal. “Estamos muy orgullosos de este gran logro que encabezó la iniciativa de nuestra rectora, de la doctora Silvia Amaya Llano. Estamos muy contentos, muy satisfechos; y, desde luego, continuando con esta ardua labor que nos ha encomendado la rectora Silvia”, concluyó.