Pocos libros tienen y merecen la oportunidad de ser prologados varias veces por su autor. “Caudillos culturales en la Revolución Mexicana”, de Enrique Krauze, es uno de ellos. Publicado por vez primera hace 50 años, periódicamente ha vuelto a las mesas de novedades de las librerías sin perder su frescura y rigor originales y aportando –como si hubiera sido escrito para servir de alguna forma como referente de la coyuntura actual– reflexiones y perspectivas siempre esenciales.
Con el paso del tiempo, ese ha sido su principal mérito. Surgió, nos cuenta el propio Krauze, como una necesidad intelectual que sintieron sus coetáneos historiadores: luego de leer el “Pueblo en vilo”, de Luis González y González; “Zapata y la Revolución Mexicana”, de John Womack Jr.; así como “La Cristiada”, de Jean Meyer, “mi generación, lastimada por el sacrificio colectivo del 68, se propuso ver con ojos críticos la historia del siglo XX y contestar, partiendo de la Revolución mexicana, una pregunta clave: ¿cómo nació, se formó y se desvirtuó el régimen que condujo a Tlatelolco?”
El proyecto original de Krauze, más general, tuvo algunas modificaciones sugeridas por su maestro Daniel Cosío Villegas, de tal suerte que terminó explorando la ruta de una valiosa generación de mexicanos que sería fundamental para la reconstrucción y la arquitectura institucional del México moderno.
Para ese propósito, Krauze utilizó una lente historiográfica singular y muy exigente, la de la biografía colectiva y la historia de las ideas. Todo ello, para examinar a la generación de 1915, mejor conocida, como la de “los Siete Sabios”: Antonio Castro Leal, Alberto Vásquez del Mercado, Vicente Lombardo Toledano, Teófilo Olea y Leyva, Alfonso, Caso, Manuel Gómez Morin y Jesús Moreno Vaca.
Sin embargo, aunque no desarrolla sus biografías de forma integral (se ocupa más bien de su intensa juventud y de sus primeros pasos en la vida pública) el libro termina gravitando alrededor de dos personajes, Lombardo Toledano y Gómez Morín. A partir de ellos, como apuntó Álvaro Matute en la edición conmemerativa por los 40 años de la aparición de esta obra, Krauze elabora “una reflexión seria y penetrante sobre los intelectuales y el Estado”.
En el prólogo a la edición de 1999, Enrique Krauze escribió que “en 1976, cuando el libro se publicó, parecía que los personajes centrales, Lombardo Toledano y Gómez Morin, habían arado en el mar, y que la única función sensata para un intelectual en México era criticar al poder por escrito o fundar instituciones culturales. Es decir, el destino que elaboró para sí mismo Cosío Villegas. Es por eso, en parte, que detuve la historia en los años 30, poco antes de que ambos fundaran las instituciones políticas por las que serían más recordados: el PP (luego PPS) y el PAN. El tiempo demostraría que aquellos afanes posteriores no fueron inútiles: la pluralidad política del México actual les debe mucho”.
Los caudillos culturales que estudió Krauze fueron hombres dedicados a la construcción de instituciones, a pensar día a día qué podían aportar para engrandecer al país y superar, por supuesto, el trauma de la guerra civil y la violencia política que parecía por momentos interminable en el México de los años 20 y 30.
50 años después, la reedición de este libro (a cargo ahora del Colegio Nacional) encuentra un México donde el quehacer, legado y espíritu de los caudillos culturales de los que se ocupó Krauze, han sido sustituidos por la compulsión destructiva y el rencor de un solo caudillo, populista para más señas, que todavía controla los hilos del poder político.
La pluralidad política, que Krauze veía como un patrimonio vigente de aquella generación en 1999, vive un momento de grave incertidumbre. Las instituciones que formaron y que décadas después sirvieron de fundamento para la creación de otras tantas (esas que muchos mexicanos de todas las corrientes ideológicas contribuyeron, entresiglos, a construir para beneficio de la transición democrática) han sido capturadas o de plano aniquiladas por la concentración autocrática del poder.
El México violento y bárbaro que quisieron dejar atrás los caudillos culturales, lo es aún más, desgraciadamente. Y sin embargo, a pesar de todas las calamidades que se nos han venido encima, la lectura de este libro es el recordatorio cierto de que el país puede tener un mejor futuro, uno a la altura de su historia y sus grandes figuras.
@ArielGonzlez
FB:Ariel González Jiménez






