El Banco de México (Banxico) redujo este jueves su tasa de interés de referencia 25 puntos base, a 6.25 por ciento, en una decisión que pone a prueba el diferencial de tasas frente a Estados Unidos, en un contexto de incertidumbre cambiaria y persistencia de algunos componentes de la inflación.
La reducción implica un menor margen de rendimiento para los instrumentos financieros mexicanos frente a los estadounidenses, particularmente si la Reserva Federal (Fed) mantiene sin cambios su tasa de referencia.
Este escenario podría restar atractivo relativo a los activos denominados en pesos y aumentar la sensibilidad del tipo de cambio ante los movimientos de capital.
“La Junta de Gobierno juzgó que el proceso desinflacionario ha continuado. Valoró que ante las condiciones de holgura prevalecientes el traspaso de movimientos cambiarios a los precios sería limitado. Estimó que actualmente no se perciben presiones de demanda en la economía y que el grado de restricción monetaria implementado aún sigue operando”, indicó Banxico en su comunicado de política monetaria.
“Hacia adelante, la Junta de Gobierno considera que mantener la tasa por un tiempo prolongado en el nivel alcanzado apoyará la convergencia de la inflación a su meta y será adecuado para enfrentar los retos macroeconómicos externos. En sus decisiones tomará en cuenta el comportamiento observado y esperado de la inflación y sus determinantes, incluyendo el traspaso del tipo de cambio a los precios del consumidor, las condiciones de holgura y las expectativas de inflación”, añadió la institución financiera.
Debate sobre la flexibilidad
La decisión se produce pese a que la inflación todavía enfrenta algunos obstáculos para consolidar su convergencia hacia la meta de 3.00 por ciento. Aunque el indicador general ha mostrado una desaceleración al pasar de 4.59 por ciento en marzo a 3.45 por ciento en septiembre, durante la primera quincena de octubre repuntó a 3.62 por ciento.
Por su parte, la inflación subyacente, que excluye los productos con precios más volátiles y permite identificar mejor la tendencia de los precios, se ubicó en 3.78 por ciento, impulsada principalmente por el componente de servicios.
A ello se suman las expectativas de los analistas, que anticipan una inflación de 3.83 por ciento al cierre de 2026, por encima del objetivo puntual del banco central.
Estas cifras mantienen vigente el debate sobre la velocidad a la que Banxico puede flexibilizar su política monetaria sin comprometer la estabilidad de precios.
Las estrategias de los inversionistas
Uno de los principales riesgos de la decisión se concentra en el mercado cambiario: con una tasa de interés más baja, el diferencial de rendimiento entre México y Estados Unidos se reduce, lo que podría modificar las estrategias de los inversionistas internacionales y disminuir el atractivo de mantener posiciones en activos mexicanos.
El efecto dependerá, en buena medida, de las decisiones de la Fed, de las expectativas sobre futuras reducciones de tasas y de la percepción de riesgo sobre la economía mexicana.
En este contexto, analistas de JPMorgan habían advertido que un recorte de 25 puntos base podría generar una depreciación cercana a 5.00 por ciento del peso y llevar al dólar a niveles de 19.50 unidades.
La reducción también puede interpretarse como una apuesta del banco central por dar mayor margen de maniobra a la actividad económica, en un entorno donde el costo del financiamiento continúa siendo un factor relevante para el consumo, la inversión y las decisiones empresariales.
Sin embargo, el movimiento representa un desafío para la conducción de la política monetaria, pues una depreciación significativa del peso podría encarecer las importaciones y trasladarse gradualmente a los precios internos.
Antes de la decisión, Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Banco Base, había advertido que no existía espacio para reducir la tasa debido al repunte inflacionario, el crecimiento económico y la depreciación de la moneda mexicana.






