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¿Dónde se recarga nuestra agua?

Reforestando Conciencias

por Katia Reséndiz Jaime
22 octubre, 2026
en Editoriales
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La semana pasada escribí sobre lo que ocurre en Jalisco y sobre la importancia de cuidar las fuentes de agua. Después de publicar esa columna, varias personas me hicieron una pregunta. Y es: ¿de dónde viene el agua que usamos en Querétaro? Y para entenderlo conviene crear una pequeña fotografía de nuestra situación hídrica.

En el estado hay once acuíferos reconocidos oficialmente por la Comisión Nacional del Agua. Siete están en déficit: extraemos de ellos más agua de la que se repone cada año. Entre los siete suman un faltante de más de 170 millones de metros cúbicos anuales. Es una cantidad difícil de imaginar, pero lo que importa es que estamos usando reservas subterráneas a un ritmo que la recarga no puede alcanzar. Es como sacarle a diario agua a una cubeta más rápido de lo que se llena.

Los acuíferos más presionados coinciden con los valles donde se concentra buena parte de nuestra vida económica y urbana: Valle de Querétaro, San Juan del Río, Amazcala, Buenavista, Tequisquiapan, Huimilpan y Tolimán. El primero presenta la mayor presión. Los cuatro acuíferos que aún registran disponibilidad se encuentran, en su mayoría, en la Sierra Gorda y en Amealco. Eso no quiere decir que en esas regiones sobre el agua. Quiere decir que la disponibilidad y la demanda están en lugares distintos. De ahí, en parte, la necesidad que hemos tenido de buscar fuentes de abastecimiento cada vez más lejanas.

Ahora, ¿cómo llega el agua de lluvia a los acuíferos? No siempre se infiltra en el mismo valle donde después tendremos un pozo. Una parte puede entrar al subsuelo por las sierras que lo rodean y desplazarse bajo tierra. Los estudios oficiales sobre el Valle de San Juan del Río, por ejemplo, identifican aportaciones desde las sierras de Tequisquiapan, San Juan del Río y Huimilpan. En el entorno metropolitano también debemos prestar atención al Cimatario y a Peña Colorada. Lo que ocurra en esas laderas puede afectar a territorios que están bastante más abajo.

Es por esa razón que existe tanta tensión entre los grupos ambientalistas cuando el crecimiento urbano parece avanzar sin control. Se demanda una revisión más cuidadosa de dónde y cómo se está construyendo, porque la ciudad ha comenzado a ocupar terrenos en pendiente que antes conservaban vegetación y suelo permeable. Cuando se pavimenta o compacta el terreno, disminuye la posibilidad de que el agua se infiltre. Si además se pierde vegetación, aumentan los escurrimientos y la erosión.

Cuando coordinamos la elaboración del Programa Hídrico del Estado de Querétaro, este tema apareció tanto en la consulta pública como en observaciones provenientes de distintos sectores. Una de las preocupaciones era precisamente cómo mantener una extracción de agua saludable y, al mismo tiempo, conservar y promover espacios donde la lluvia pudiera infiltrarse y ayudarnos a reponer las reservas subterráneas. El Programa establece una ruta de trabajo, pero hace falta voluntad para convertirla en hechos.

La idea es contar con un mapa oficial, público y actualizado, preferentemente en línea, de las zonas de recarga. Un repositorio que reúna toda esa información técnica y académica que hoy se encuentra dispersa. Tenerla en un solo lugar permitiría que los municipios, los desarrolladores de proyectos y la propia ciudadanía sepan qué áreas requieren especial atención y puedan reconocer su verdadero valor por los servicios ecosistémicos que prestan. No tendría que ser un instrumento reservado a especialistas.

Hay otra tarea menos visible, pero también crucial: recuperar los sitios degradados. Restaurar zonas de recarga en nuestro semidesierto es una tarea enorme. No consiste solamente en plantar árboles. Se requieren estudios previos, entender los procesos de sucesión vegetal, realizar obras de conservación de suelo y agua, como zanjas y curvas a nivel donde sean adecuadas, y mantener un monitoreo constante. Hace falta tiempo y paciencia, porque los resultados no siempre se ven de inmediato. Sobre esto quisiera detenerme en la próxima entrega.

En Querétaro discutimos con frecuencia cuánta agua podemos extraer y de dónde traer más. Deberíamos prestar la misma atención a los terrenos donde la lluvia todavía puede infiltrarse. Cada decisión sobre su uso va a pesar durante años. También en el agua que tendremos disponible.

Etiquetas: acuíferosaguamedio ambientequeretarozonas de recarga

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