El universo de DC Comics se prepara para mostrar uno de sus rostros más perturbadores con el estreno de Clayface, película que llegará a los cines hoy jueves 22 de octubre y que deja de lado la aventura tradicional de los superhéroes para adentrarse en el terreno del terror.
Dirigida por James Watkins, la cinta recupera a uno de los antagonistas más singulares de Ciudad Gótica -y Batman-, conocido por su capacidad para modificar su apariencia y convertir su propio cuerpo en una masa maleable. Sin embargo, antes de convertirse en una amenaza, Clayface fue Matt Hagen, un actor cuya carrera parecía encaminada al éxito.
La historia sigue el ascenso y la caída de Hagen, interpretado por Tom Rhys Harries, quien ve cómo su futuro en la industria cinematográfica se derrumba después de sufrir una agresión que le desfigura el rostro. Abandonado por quienes lo rodean y desesperado por recuperar su apariencia, recurre a un tratamiento experimental que le devuelve su imagen, pero desencadena consecuencias inesperadas.
Lo que comienza como una oportunidad para reconstruir su vida termina por arrastrarlo hacia una espiral de violencia, deterioro mental y venganza.
Del rostro de una estrella al nacimiento de un monstruo
A diferencia de otras producciones centradas en los enfrentamientos entre héroes y villanos, Clayface coloca en el centro de su relato a un personaje marcado por el rechazo, la pérdida y la obsesión por recuperar aquello que considera indispensable para su existencia: su rostro.
El horror no surge únicamente de las transformaciones físicas del protagonista, sino también de la progresiva destrucción de su identidad.
El reparto incluye a Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella y Eddie Marsan. El guion fue escrito por Mike Flanagan y Hossein Amini, a partir de una historia de Flanagan basada en personajes de DC.
Una apuesta distinta para DC
La producción forma parte de la nueva etapa cinematográfica de DC Studios, encabezada por James Gunn y Peter Safran, y propone ampliar las posibilidades narrativas de sus personajes más allá de las historias convencionales de acción.
Con una duración aproximada de 108 minutos, Clayface lleva a la pantalla una historia en la que el monstruo no aparece de un momento a otro: se construye a partir de la desesperación de un hombre que intenta recuperar su vida y termina perdiendo aquello que lo hacía reconocerse frente al espejo.





