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La literatura en tiempos de la IA

Desde la terraza

por Ariel González
6 octubre, 2026
en Editoriales
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Conforme avanza la inteligencia artificial, crecen también los dilemas éticos y profesionales para quienes trabajan en el ámbito de la creación artística. Hoy, es un hecho que desde la literatura hasta las artes visuales, pasando por la música y el ensayo, todos los procesos creativos humanos pueden ser reemplazados parcial o totalmente por las máquinas.

De aquí en adelante el arte en su conjunto tendrá que redefinir su esencia, sus parámetros y todo cuanto prefigura su existencia como tal. La creación original está abiertamente amenazada por el uso de las nuevas tecnologías digitales capaces de iniciar, completar o desarrollar íntegramente cualquier proyecto literario o artístico.

Ya desde antes de la llegada de la inteligencia artificial, había en todos los campos del arte un sinnúmero de farsantes, plagiadores e inescrupulosos personajes. Ahora, este sector podrá multiplicarse a sus anchas con estos novedosos recursos, sin importar ni siquiera que sus prácticas falsarias puedan ser descubiertas, porque ellos saben que su caradurismo –es a fin de cuentas su verdadero talento.

Pero también veremos cómo muchos honestos escritores y artistas, fieles a su creatividad, son estigmatizados como usuarios de la IA debido a que los programas que detectan el uso de la inteligencia artificial se hayan en ciernes y sus conclusiones no siempre son exactas o correctas. Hay casos alarmantes donde incluso las obras de escritores clásicos, de cuando la IA era una fantasía, fueron calificadas como elaboradas parcial o completamente por la IA.

Antes de que existieran los nuevos detectores de IA como Pangram, yo mismo –por ocioso– pregunté a varios asistentes de inteligencia artificial si algunos de mis artículos de hace 20 años habían sido elaborados utilizando sus geniales servicios. Su respuesta fue que sí, por supuesto, en diversos grados o totalmente, lo que me hizo sentir un adelantado. ¿Cómo lo conseguí? Sigo sin saberlo.

El caso que hoy concentra toda la atención es el del escritor Thélyson Orélien, quien fue excluido el pasado mes de septiembre por la Academia Goncourt de su lista inicial para el premio que esta entrega, como resultado de varias acusaciones de plagio y de haber utilizado muy en serio a la inteligencia artificial para dar forma a su exitosa novela C’était ça ou mourir (“Era eso o morir”).

La polémica en torno suyo es más ardua en tanto que el (presunto) autor es defendido por la prestigiosa editorial Grasset, algo que no había ocurrido hasta ahora en casos como este. Esta casa editorial incluso emitió un comunicado oficial afirmando que se trata de una difamación contra “un escritor con una historia de vida excepcional”.

Inevitablemente, la temática de la novela de Thélyson Orélien, que relata las penurias y desdichas de un inmigrante haitiano, juega a favor de su reconocimiento y de la enorme empatía que ha despertado, al punto de que lleva ya vendidos unos 35 mil ejemplares. El escritor y su editorial señalan que los detectores automatizados como Pangram tienden a equivocarse con autores como él ya que, argumentan, su estilo y el uso de figuras literarias propias del caribe y la tradición oral haitiana es algo que supuestamente confunde a los algoritmos de los sistemas.

Esta argumentación vendría a insinuar que detectores de IA como Pangram (alimentados básicamen por obras occidentales) tienden a equivocarse cuando se los pone frente a voces literarias como la de Orélien, lo cual añade un sesgo cultural al debate.

Como puede verse, la polémica es mucho mayor que la desatada en el caso de Mia Ballard, aquella escritora que saltó a la fama ocultando que la fuente real de su “talento” para escribir una novela de terror (Shy Girl), era la IA. De quella femme de lettres no se supo ya más, pero Orélien y su editorial están dando una pelea en varios planos para demostrar que su obra es una creación humana original.
No sé quién tenga la razón, pero todo indica que nos tendremos que ir acostumbrando a muchas de estas acusaciones y disputas con las que, desgraciadamente, la literatura y las artes irán perdiendo cada vez más la esencia e integridad que ahora les reconocemos.

@ArielGonzlez
FB: Ariel González

Etiquetas: Ariel GonzálezIAinteligencia artificialliteraturaThélyson Orélien

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