Desde hace ocho años y a la vista del mundo, perdimos las conquistas democráticas logradas durante las anteriores cinco décadas. México regresa a las elecciones de Estado, pero aún más ominosas por la poderosa injerencia de organizaciones asesinas.
Además, al detentar los tres Poderes de la Unión el ave canora que gorjea desde su palacio las canciones de Palenque, es imposible celebrar cualquier competencia electoral democrática; más aún cuando la propaganda oficial ha inculcado en muchos ciudadanos una actitud derrotista, de fatalidad, de que todo está decidido porque son invencibles, y cínicamente afirma que la oposición está moralmente derrotada.
Por eso se escuchan muchas voces pidiendo a los partidos de oposición que en todo el territorio nacional hagan un frente común para las próximas elecciones. Siendo explicable este llamamiento, se deben considerar los requisitos y restricciones legales existentes, y que México es una pluralidad de intereses, fuerzas y pasiones que determinan las decisiones locales de electores y partidos. Por eso no resulta factible alcanzar una alianza total.
Lo cierto es que los ciudadanos enfrentaremos en las próximas elecciones a un gigantesco aparato carcomido y tambaleante, compulsivamente caco e incapaz de atender responsablemente los desafíos nacionales, internos y externos. Por fortuna, estamos en la etapa final de esa falsa y envenenada promesa que se devora a sí misma.
En tal escenario, los partidos de oposición están obligados, ética y políticamente, a múltiples tareas, tales como: exhibir con claridad y valentía sus respectivas convicciones ideológicas; convocar a los liderazgos limpios que hay en la sociedad para que vayan al frente; formular con la mayor lucidez acciones concretas de gobierno, atractivas para los electores; crear conciencia en los abstencionistas y, finalmente, esos partidos también deben formalizar acuerdos y candidaturas comunes, en todos los lugares donde sea posible, y apoyar a quienes (al margen de banderas partidistas) sean conocidos y respetados en sus comunidades, y que tengan las mayores probabilidades de ganar.
Por cierto, el PAN y el PRI anunciaron que tendrán candidatos comunes para competir por varias gubernaturas, y eso deben hacer con muchas candidaturas más; de lo contrario, y para desgracia de México, será más lenta la agonía de los inmundos narcocuatroteros.






