Troya, la ciudad que Homero convirtió en escenario de una de las historias más famosas de la literatura, acaba de sumar un nuevo capítulo a su larga historia. Arqueólogos que trabajan en la colina de Hisarlik, en el noroeste de Turquía, descubrieron los restos de un ágora de aproximadamente 2 mil 800 años de antigüedad, una pieza que ayuda a reconstruir qué ocurrió con la ciudad después de su caída.
Las excavaciones son realizadas por el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía y la Universidad Çanakkale Onsekiz Mart, un proyecto que comenzó en 2014. El espacio localizado habría funcionado como una zona pública y de intercambio, y es considerado hasta ahora el ágora más antigua identificada en el sitio arqueológico de Troya.
Una ciudad que no quedó vacía
El hallazgo resulta relevante porque contradice una idea que durante años formó parte de la reconstrucción histórica del sitio: que Troya quedó prácticamente deshabitada durante varios siglos después de su destrucción, antes de la llegada de los griegos eolios en el siglo VIII antes de Cristo.
Los nuevos indicios apuntan a otra historia. De acuerdo con Reyhan Körpe, subdirector de las excavaciones, nuevos pobladores llegaron al lugar apenas 80 o 90 años después de la caída de la Troya de la Edad del Bronce y reutilizaron parte de las antiguas murallas para levantar sus viviendas.
Además del ágora, los arqueólogos encontraron una calle pavimentada que conduce hacia la puerta sur y cerámica correspondiente a la Edad del Hierro. En conjunto, estos elementos sugieren que la zona continuó teniendo actividad humana mucho antes de lo que establecía la interpretación tradicional.
Entre Homero y la arqueología
Troya no es solamente una ciudad arqueológica. Su nombre está ligado para siempre a la Ilíada, el poema atribuido a Homero que relata el conflicto entre griegos y troyanos y que convirtió a personajes como Aquiles, Héctor, Helena y Príamo en figuras universales.
La arqueología, sin embargo, cuenta una historia distinta y mucho más compleja. Las excavaciones en Hisarlik han identificado distintas etapas de ocupación de la ciudad, y los investigadores siguen debatiendo qué relación existe entre esas capas arqueológicas y la Troya descrita por Homero.
El sitio fue incorporado en 1998 a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y sus excavaciones modernas comenzaron en el siglo XIX con Heinrich Schliemann, quien buscó la ciudad guiándose por los poemas homéricos. Desde entonces, cada nueva capa ha obligado a replantear parte de la historia.
El nuevo ágora no demuestra que la guerra narrada por Homero haya ocurrido exactamente como la cuenta el poema. Lo que sí aporta es una pieza importante para entender que Troya sobrevivió de alguna manera a su caída y volvió a ser ocupada mucho antes de lo que se pensaba.
Después de casi tres mil años, la ciudad sigue haciendo algo que conoce muy bien: obligarnos a volver a contar su historia.





