Roberto Antonio Velázquez Nieto y Gabriela Cabrera Herbert
Conmemoramos el 216º aniversario de la Independencia de México. Y la verdadera Crónica del Centenario de nuestra Independencia, de la autoría de Genaro García, en 1911 que Porfirio Díaz presumió con champaña y a la cual asistió el entonces embajador de México en los Estados Unidos de Norteamérica, el queretano Francisco León de la Barra. Cuyo original, hoy guarda en los libros raros de la Biblioteca Nettie Lee Benson Latin American Collection de la Universidad de Texas en Austin. Porque México no quiso conservarlo. La vendió su viuda en 1921, porque el gobierno revolucionario de Álvaro Obregón no quiso comprarla, quería que se la donara. Y así se fue al exilio la Biblioteca de Genaro García compuesta de 15 mil volúmenes manuscritos, de Miguel Hidalgo el “padre de la patria”, de la litografía de Linati el verdadero Hidalgo; y muchos héroes de nuestra Independencia. Por “criminal descuido y poca generosidad está en Texas”. Dice la UNAM.
En 1911, un año después de la fiesta, apareció el libro más caro impreso por el gobierno hasta entonces. 48 por 38 cm, pasta holandesa, con lomo de piel, papel mate, 476 páginas, fotos.
Crónica oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México, dirigida por Genaro García, por acuerdo del secretario de Gobernación.
García cuenta en el prólogo Porfirio, lo nombró “con entera libertad de acción”, libertad para celebrar al Presidente. La obra es un inventario de delirio.
La noche del 15 de septiembre de 1910 se sirvió la cena más cara de la historia de México hasta ese momento. García lo documentó con orgullo: 30 mil focos, gobelinos traídos de Europa, 150 músicos tocando valses austriacos, diez mil invitados de frac, el menú, impreso en francés porque el español no era digno de la ocasión: saumon du Rhin, Poularde a
l Ecarlate, Melón Glacé au Clicoutp Rose. Dame Blanche.
Vins. Champagne G.H.
Todo servido por chafe’s traídos de París con cubiertos de oro de Palacio.
García escribe sin ironía: “La fiesta fue digna de una nación culta”. En ese 1910, México tenía 90% de analfabetos.
A las once de la noche Díaz, con 80 años, salió al balcón a tocar la campana de Dolores. García: Lo describe como un momento solemne. Ante más de 100 embajadores de naciones civilizadas.
La crónica de García es importante porque no es de un opositor. Es oficialista por eso es más honesta. No denuncia, presume. Presume el menú en francés, los vinos, los vestidos traídos de París. Al presumir confiesa.
El libro de García salió de imprenta en septiembre de 1911 cuando Porfirio ya estaba exiliado en París por eso nadie lo leyó. Es una joya. Quedó guardado en bibliotecas como testimonio de un banquete que en realidad fue una despedida.
En 1910 celebramos los 100 años de la Independencia con una cena francesa para 10 mil personas. Ahora celebramos el 216º aniversario. Será un grito juarista, republicano, austero en Palacio Nacional. Nacionalista y popular.
Porque el Hidalgo de Linati, de Maximiliano, el que creó para festejar el Centenario de la Independencia el octogenario Porfirio Díaz; y la Crónica de Genaro García están en el exilio en la sala de libros raros están en la Nettie Lee Benson Latin American Collection de la Universidad de Texas en Austin. Y otro original de la Crónica de García, que formó parte de la Biblioteca y Archivo particular del exgobernador de Querétaro, Fernando Díaz Ramírez y fundador de la Universidad Autónoma de Querétaro. Ahora se encuentra en la Capilla Fernando Díaz Ramírez de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Esta joya de la historia de México no forma parte del patrimonio cultural de Querétaro, cuna de la Independencia de México. Como diría la UNAM: “Por criminal descuido y poca generosidad una está en Austin, capital de la novena economía del mundo y la otra en el estado de Nuevo León.





