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Iveth Luna Flores y el derecho a no contarlo todo

La escritora Iveth Luna Flores habla en Querétaro sobre literatura, familia, clase trabajadora y el derecho a proteger su vida privada

por Cecilia Gabriela Velázquez
7 septiembre, 2026
en aQROpolis, Destacados
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Hace diez años, Iveth Luna Flores llegó a Querétaro para presentar su primer libro. Había ganado el Premio Nacional de Poesía Francisco Cervantes Vidal, convocado entonces por la Secretaría de Cultura del estado, y aquella publicación, ‘Comunidad Terapéutica’, abrió una puerta que todavía no terminaba de imaginar.

El premio ya no existe. Pero ella volvió.

Ahora está en Querétaro como invitada del Hay Festival, con una reedición de aquel primer libro y con otros títulos. Entre ellos está ‘Neblina afuera’, su primer libro de ensayos, una obra que se asoma a la familia, la clase trabajadora y a las formas en que el trabajo termina por entrar a la casa, ocupar los cuerpos y modificar los afectos.

Escribir también implica exponerse

Hablar de esos temas implica una dificultad que Iveth no intenta disimular. La distancia entre escribir una experiencia y exponer una vida nunca termina de desaparecer.

“Para mí siempre es difícil sacar un nuevo libro y poner mis historias ahí (…) Eso nunca se quita. No es como que ya lleve tres libros y ahora ya puedo decir lo que quiera”.

Meses antes de publicar ‘Neblina afuera’, estuvo a punto de convencerse de que no quería hacerlo.

“Justo estaba poniendo mucha de mi historia personal ahí. Aunque tenga un tratamiento literario, pues no deja de ser expuesta”.

En los ensayos de ‘Neblina afuera’ hay una familia, pero también hay algo que rebasa a una familia. Hay vacaciones, rituales de Semana Santa, comidas de la abuela y escenas que Iveth describe como “pequeñas fotografías”. Están ahí porque son suyas, pero también porque reconoce en ellas una especie de territorio compartido.

“Yo creo que en realidad todas las personas tenemos o compartimos ese tipo de escenarios”, dice.

La familia, sin embargo, no aparece aislada del mundo exterior. En la escritura de Iveth, el trabajo también cruza la puerta de la casa.

“Exploran cosas que ya había explorado en mis libros de poesía, que tienen que ver con la familia, que tienen que ver con la clase trabajadora, que tienen que ver con cómo las dinámicas laborales entran en el mundo de la familia y afectan los cuerpos, afectan las emociones y afectan la forma en la que nos relacionamos en un núcleo familiar y en la pareja también”.

Hay, en esa exploración, una pregunta que atraviesa su obra: qué ocurre con las personas cuando las condiciones materiales de su vida terminan moldeando también su manera de querer.

“Yo sí creo que el trabajo y las condiciones laborales, climáticas y económicas moldean la forma en la que nos relacionamos”.

La familia, el trabajo y la escritura

En Nuevo León, donde vive, ese paisaje tiene también una temperatura: el calor, la fábrica, el cuerpo, el ruido y, claro está, la figura del padre.

Hablar del padre puede parecer, desde afuera, una forma de ajustar cuentas. Iveth no rechaza por completo esa lectura, pero desplaza la conversación.

“Creo que obviamente hay una especie de ajuste de cuentas, pero no, o sea, a lo mejor en parte sí está lo familiar, pero en realidad es lo sistemático (…) Al final mi padre es la representación de muchos padres mexicanos. Estos padres autoritarios, estos padres alcohólicos, estos padres violentos, negligentes. Machistas”.

En uno de los ensayos de ‘Neblina afuera’, la figura paterna se convierte en una máquina. No porque esa sea toda la verdad sobre un hombre, sino porque la literatura exige elegir.

“Mi padre no es nada más eso”, aclara.

Para escribir hay que recortar. Aumentar. Exagerar. Detener la mirada sobre un elemento y dejar otros fuera.

“No podemos contar todo, ni siquiera podemos contar una verdad o una realidad, porque nuestra forma de percibir la vida está sesgada por nuestras emociones y por quienes somos”.

Dos personas pueden haber vivido el mismo acontecimiento y, sin embargo, contar dos historias distintas. Una hermana sabe cosas que la otra no. Una recuerda una escena de una manera; la otra, de otra.

“Entonces obviamente para mí escribir es intentar resumir, como dices, aumentar o exagerar o poner la mirada en un elemento para poder transmitir lo que quiero transmitir”.

No se puede contar todo. Tampoco se puede preguntar todo.

Cuando Iveth habla de la vulnerabilidad que implica publicar una historia personal, establece una frontera que parece ser también una declaración sobre la relación entre los escritores y sus lectores.

“En los clubes de lectura o en las presentaciones, yo pido también que no haya como un querer saber mucho más allá de lo que yo estoy poniendo, porque yo ya tomé una decisión de qué información quiero poner acá”.

El derecho a proteger la vida privada

La literatura no es necesariamente una puerta abierta hacia el resto de la vida privada.

“Siento que a veces la gente, no sé, como que entra en una especie de morbo de querer saber otras cosas que ya son extraliterarias (…) Para mí también es como intentar cuidar esa vulnerabilidad que yo ya puse ahí, en ese libro”.

Su familia ha leído sus libros.

Antes de publicar, les avisa cuando está escribiendo sobre determinados temas. Pero no les entrega el manuscrito para pedir autorización. “Eso no se hace”, indica.

Después explica que hay un cuidado, sí, pero también un compromiso.

“Para mí es como al final es un compromiso con lo poético. Con lo literario”.

La escritura, en ese sentido, no es únicamente un registro de lo ocurrido. Es una forma de traducirlo.

Iveth llegó a la literatura desde un entorno de clase trabajadora y encontró en la poesía un espacio para entender aquello que atravesaba a su familia y a la cultura en la que creció.

Por eso, al hablar ante públicos como el queretano, encuentra también una posibilidad de interlocución.

“Para mí, venir de la clase trabajadora y poder hablar de cómo entré al mundo de la literatura, siento que puede ser como una forma de animar a otras personas que a lo mejor no vienen de la clase privilegiada para que también escriban e intenten traducirse a partir de la poesía”.

Querétaro y Nuevo León, dice, se parecen en algunas cosas: lo religioso, primero; una iglesia en casi cada esquina. También hay una cultura conservadora. Una cultura del trabajo. Una moralidad que reconoce como cercana a la de la sociedad regiomontana.

Y están las rentas.

“Son muy caras las rentas, o sea, se está volviendo muy caro vivir en Querétaro y en Nuevo León también es eso”.

Pero hay otra cosa que Iveth reconoce durante sus visitas: la gente que sigue creando.

“Pienso que aquí hay mucha banda que está creando y escribiendo y eso me gusta mucho porque en Nuevo León también hay mucha gente y en muchas partes del país. La banda sigue resistiendo y creando arte”.

La resistencia, para ella, no tiene que convertirse necesariamente en una consigna escrita al final de un libro.

La literatura, advierte, no tiene la obligación de ofrecer soluciones al sistema.

“Sí creo que la literatura, por lo menos, nos ayuda a querer nombrarnos o querer nombrar nuestras historias, o a los nuestros, y no dejar que el sistema hable por nosotros”.

Después aparecen otras posibilidades: el goce, el descanso, la colectividad.

“Mis temas apuntan hacia querer visibilizar esas estructuras de poder, pero también intentar buscar espacios de goce, espacios de descanso, espacios de colectividad”.

En los clubes de lectura ha visto cómo un libro puede convertirse en el punto de partida de conversaciones que terminan en otro lugar.

“Se habla de un libro, pero se termina hablando de los traumas, se termina hablando del enojo del trabajo, se termina hablando de cosas muy personales o muy sistemáticas, personales pero al final políticas”.

La lectura, entonces, deja de ser un acto completamente individual.

En ‘Neblina afuera’ también está el cansancio. El cansancio de la madre. El de las tías. El de las abuelas.

Y el de las mujeres que han aprendido a reproducir un sistema que también las explota.

“Se sigue reproduciendo esa explotación, ese tienes que cuidar, tienes que servir a los hombres o a los otros (…) Aunque sea incómodo, me parece que es necesario señalar quiénes reproducimos ese sistema y que hay que detenerlo”.

Diez años después de haber llegado a Querétaro para presentar su primer libro, Iveth Luna Flores vuelve a una ciudad que reconoce distinta y, al mismo tiempo, familiar.

El premio que la trajo por primera vez ya desapareció. Pero ‘Comunidad Terapéutica’ volvió a publicarse. Ahora tiene nuevos poemas. Y ella vuelve a presentarlo en el lugar donde, de alguna manera, empezó.

“Mi primer libro fue gracias a ese apoyo y la primera vez que vine a Querétaro fue a presentar ese libro. Entonces hoy estoy, después de diez años, presentándolo otra vez”.

Aunque la escritura de Iveth insiste en que nadie puede contar toda una vida, algunos lugares parecen conservar una parte de la historia.

El resto, quizá, permanece afuera. Como una neblina.

Etiquetas: Hay Festival QuerétaroIveth Luna Floresliteratura mexicanaNeblina afuerapoesía

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