Durante años, Vivir Quintana pensó que los asesinatos de mujeres eran una realidad lejana. Los feminicidios de Ciudad Juárez aparecían en las noticias como parte de otro México, uno distante de Saltillo, Coahuila, donde estudiaba y construía su propia vida. Esa percepción cambió hace 15 años, cuando una de sus amigas fue asesinada.
“Yo vivía en un México que era otro México”, recordó la cantautora mexicana al hablar de ‘Sobre-Vivir para la música’, su libro autobiográfico publicado por Sexto Piso, en el que reconstruye distintos momentos de su vida a través de más de 60 canciones y que hoy presenta en el Hay Festival Querétaro.
El feminicidio de su amiga marcó un cambio en la forma en que comenzó a mirar la violencia contra las mujeres. Quintana recordó que, cuando estudiaba en la Normal Superior del Estado de Coahuila, el término feminicidio todavía no formaba parte de su lenguaje cotidiano.
“Cuando yo hablaba de que había personas, hombres que mataban a mujeres, yo siempre pensaba en las muertes de Juárez, porque era lo que yo veía en las noticias”, explicó.
El proceso de conciencia
La violencia, dijo, parecía ocurrir lejos, hasta que irrumpió en su propia historia. A partir del asesinato de su amiga comenzó un proceso de conciencia sobre las formas en que la sociedad normaliza la violencia y la convierte, incluso, en parte de sus narrativas cotidianas.
Ese descubrimiento también la llevó a revisar su propia relación con la música. Antes de convertirse en una de las voces más reconocidas por sus canciones contra la violencia de género, Vivir Quintana trabajó durante casi ocho años como cantante de mariachi, donde interpretaba temas cuya carga violenta no había cuestionado.
Uno de ellos era ‘Rosita Alvírez’, un corrido tradicionalmente asociado con Coahuila y cuya historia, observó, narra el asesinato de una mujer. Para ella, la propia manera en que se cuenta la historia permite advertir cómo ciertas formas de violencia pueden permanecer normalizadas dentro de las expresiones culturales.
“Murió, no la mataron, murió”, señaló al recordar la letra del corrido, antes de cuestionar la manera en que la narración desplaza la responsabilidad del agresor y construye una explicación alrededor de las decisiones de la víctima.
Memorias personales
La revisión de esas historias forma parte de la mirada con la que Quintana construyó ‘Sobre-Vivir para la música’, un libro que define como “un soundtrack de vida” y que reúne más de 60 canciones vinculadas con diferentes momentos de su historia, desde los recuerdos de su infancia y las canciones que su madre le cantaba para dormir hasta los episodios que transformaron su conciencia sobre la violencia y el país en el que vive.
La cantautora reconoció que escribir el libro también modificó la manera en que se cuenta a sí misma. Algunas lectoras, dijo, se han identificado con experiencias y dolores que ella plasmó en sus páginas, particularmente en el texto ‘Carta para el dolor que no he podido pronunciar’.
“Yo me he dado cuenta que sí mi historia importa, pero también la de todos importa”, afirmó.
Para Vivir Quintana, contar una historia no implica únicamente volver sobre el pasado. También puede convertirse en una forma de nombrar aquello que no había encontrado palabras para ser dicho y de reconocer que, aunque algunas experiencias permanezcan silenciadas, no por ello dejan de haber ocurrido.






