Se ha vuelto común escuchar que generar una imagen —incluso un meme— con inteligencia artificial consume enormes cantidades de agua. La frase resulta poderosa porque convierte una actividad que parece invisible en algo tan concreto como unos litros. El problema aparece cuando una estimación se repite como regla general y se pierde el contexto tecnológico que la produjo.
La vida digital ocurre en instalaciones físicas. Los servidores procesan información, consumen electricidad y generan calor. Para mantenerlos funcionando, ese calor debe retirarse de manera continua. La forma de hacerlo cambia por completo la relación de un centro de datos con el agua.
El informe Consumo de agua en la industria de Data Centers de México, elaborado por DCD Intelligence a solicitud de la Asociación Mexicana de Data Centers, explica esa diferencia. Uno de los esquemas es el enfriamiento evaporativo. En una etapa externa, el agua absorbe el calor y una parte se transforma en vapor. Ese vapor lleva el calor hacia la atmósfera. El agua no se arroja directamente sobre los servidores, pero sale del circuito y debe reponerse constantemente.
Los sistemas cerrados trabajan de otra manera. Un refrigerante o agua helada circula, recoge el calor y lo transfiere al aire exterior mediante intercambiadores. Después vuelve a utilizarse. El consumo se limita principalmente al llenado inicial y al mantenimiento. Según el informe, 98 por ciento de las instalaciones analizadas en México utiliza enfriamiento por aire, mientras que solo 2 por ciento emplea sistemas enfriados por agua.
La diferencia es considerable. El primer grupo consume en promedio 3,277 litros mensuales por megawatt; el segundo alcanza 223,464 litros. Casi 68 veces más. Parte de las cifras que circulan sobre el consumo hídrico de los centros de datos proviene de tecnologías o configuraciones anteriores que no necesariamente corresponden a las instalaciones que hoy operan en México.
Hasta aquí, el dato técnico. El debate para Querétaro es más amplio.
Durante años hemos celebrado la llegada de nuevas industrias por la inversión y los empleos que representan. Con frecuencia, las preguntas sobre agua, energía o territorio aparecen después. Los centros de datos ofrecen la oportunidad de cambiar ese orden: conocer primero las condiciones bajo las cuales operarán y decidir después si son compatibles con la capacidad de la región.
La discusión tampoco debería reducirse a elegir entre desarrollo tecnológico y protección del agua. Querétaro necesita ambas cosas. La economía digital sostiene actividades esenciales y puede generar conocimiento especializado. Al mismo tiempo, cada instalación se incorpora a una región semiárida, con acuíferos bajo presión y una demanda creciente. La compatibilidad entre ambos objetivos debe demostrarse con información concreta.
El estudio citado ayuda a matizar algunas ideas, aunque tiene límites. Fue encargado por la propia industria, cubre aproximadamente 85 por ciento del mercado de colocación y nube, y utiliza una capacidad activa estimada en 120 megawatts durante el tercer trimestre de 2024. De acuerdo con la información que nos ha compartido la Asociación, actualmente no existen en México centros de datos dedicados al entrenamiento de inteligencia artificial generativa. Las cifras del informe describen la infraestructura general de aquel momento y no pueden convertirse automáticamente en litros por procesamiento.
Aun con esas limitaciones, el estudio constituye un buen punto de partida. El siguiente paso debe ser incorporar esta información a la regulación y hacerla pública. Antes de autorizar un proyecto tendría que conocerse su sistema de enfriamiento, la fuente de abastecimiento y la demanda prevista cuando alcance su capacidad total.
Una vez en operación, cada centro de datos debería mantener un balance agua-energía y reportar sus consumos reales. Esa información necesita ser medible, verificable y accesible. Así, autoridades, empresas y ciudadanía podrán comprobar que el consumo reportado corresponde con el uso real y evaluar cualquier efecto sobre la disponibilidad de agua.
Desde el Consejo Consultivo del Agua hemos insistido en que la inversión responsable necesita reglas claras. La transparencia protege a la ciudadanía y también a las empresas que incorporan mejores tecnologías. Permite reconocer diferencias reales, corregir desviaciones y evitar que una cifra aislada sustituya la discusión pública.
Querétaro puede recibir infraestructura digital y, al mismo tiempo, cuidar su disponibilidad de agua. Para lograrlo necesitamos menos afirmaciones universales y más datos sobre cada instalación. Ni un meme tiene un consumo hídrico fijo ni todos los centros de datos operan de la misma forma.
La nube tiene domicilio. Cada servidor funciona en un lugar, con una tecnología y dentro de un balance hídrico específico. La pregunta relevante es si ese proyecto puede demostrar que su demanda cabe en el territorio que lo recibe. Ahí comienza una conversación más útil sobre agua, tecnología y futuro.







