De acuerdo con las investigaciones sobre este gran avance tecnológico, hasta sus apologistas reconocen que los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua; inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva. Con el aumento de la complejidad, sobre todo en los grandes modelos lingüísticos, crecen también las necesidades de potencia de cálculo y capacidad de almacenamiento, que se apoyan en un conjunto de máquinas, cables, centros de datos e infraestructuras golosas consumidoras de energía.
El informe del “Instituto de la universidad de la ONU para el agua, el Medio Ambiente y la Salud”, advierte que el rápido crecimiento de la inteligencia artificial podría generar un impacto ambiental mucho mayor del que se había estimado hasta ahora. Según el estudio, para 2030 los centros de datos que sustentan la IA consumirán 945 teravatios-hora de electricidad al año, equivalente al consumo combinado de países con más de 650 millones de habitantes; utilizarán una cantidad de agua comparable a las necesidades básicas de 1.300 millones de personas.
El informe destaca que el principal problema, ya no es el entrenamiento de los grandes modelos de la IA, sino el enorme volumen de consultas diarias realizadas por los usuarios. La llamada “inferencia” artificial.
Además, los centros de datos (por cierto, en Querétaro ya hay varios) ocuparán más de 14.500 kilómetros cuadrados de superficie y generarán millones de toneladas de residuos electrónicos. Los investigadores señalan que hasta ahora la atención se había concentrado casi exclusivamente en las emisiones de carbono, ignorando los crecientes impactos sobre el agua, el suelo y los recursos naturales.
No dudo, como pronostican algunos expertos, que el precio del agua en un momento puede alcanzar el precio del petróleo. Prueba de ello es que la delincuencia organizada ya mete la mano en el llamado huachicol del agua. Esta trascendencia aumentará la presión sobre los gobiernos, los recibos del agua no serán la caja chica de las administraciones municipales. La posesión, cuidado del agua y su concesión, estarán ya en las agendas electorales de las próximas campañas.
Pasemos al tema de la corrupción, aquí la IA ofrece grandes expectativas que es necesario ponderar. Desde siempre en el imaginario social ha habido una oración, unas palabras mágicas, un mineral, una pócima, un espacio que pretende ser la llave para nuestra salud, prosperidad y felicidad. Pienso, por ejemplo, en la búsqueda de la fuente de la eterna juventud. Ese sueño se ha trasladado a la inteligencia artificial.
Los mexicanos somos muy facilitos para ilusionarnos, recuerdo un candidato presidencial marcado por su preparación tecnocrático, en los mítines los asistentes le gritaban: “ ¡Queremos promesas, no realidades!”. Me sumo a ese sector de utopistas. Reconozco que fugazmente fui contagiado de esa ilusión que despierta la IA en un tema que me parece fundamental y que venimos arrastrando a través de toda nuestra historia.
Me emocioné cuando revisé las posibilidades que algunos especialistas, consideran puede hacer la IA en la lucha contra la corrupción. El gobierno y los ciudadanos, con la palanca de la IA, podrían revisar automáticamente:
- contratos públicos;
- licitaciones;
- compras gubernamentales;
- obras públicas;
- presupuestos.
Por si fuera poco, podría detectar:
- sobreprecios;
- empresas fantasma;
- conflictos de interés;
- actos de corrupción;
- duplicidad de programas.
El problema es que la nueva panacea de la IA no actúa en forma instantánea, una especie de varita de virtud que resuelve integralmente lo que se le pregunta. Los especialistas que enumeran las posibilidades citadas, son de acuerdo con la consulta planteada, misma que no incursiona en la circunstancia en la que se desarrolla la deshonestidad.
Concretamente, en el caso de México, y lo sabemos sin preguntarle a la IA, la lucha contra la corrupción, demanda previamente: un Estado de Derecho, una división de poderes; organismos autónomos que garanticen la transparencia y la rendición de cuentas.
Mientras en México exista una circunstancia política y social en la que más del setenta por ciento de las compras y los contratos no se sometan a licitaciones públicas, sino que se hagan por adjudicación directa; mientras a las solicitudes de información se les responda que no se les puede dar nada, porque se trata de un tema de “Seguridad Nacional”; mientras las denuncias judiciales a las autoridades las resuelvan tribunales que son órganos más de Morena.
En suma, aterricemos nuestra ilusión, mientras nuestra democracia esté agonizando, la utilización de la IA en la lucha contra la corrupción será muy limitada, casi un mero adorno electrónico. Mientras permanezca el Régimen del Bienestar la lucha contra la corrupción seguirá padeciendo un grave malestar.








