Hace cinco años la noche volvió a caer sobre Afganistán. No es que antes hubiera algo parecido a un sol radiante, porque es obvio que ningún país ocupado militarmente por otro(s) puede presumir de que sus cosas vayan bien, pero es un hecho que la ocupación soviética de los años 80 o la de Estados Unidos y sus aliados desde inicios de este siglo resultaron incluso benévolas frente a la involución y terror que han caracterizado el regreso de los talibanes al poder.
En materia de derechos y libertades, se vive hoy una auténtica pesadilla: barbarie y abusos infinitos especialmente hacia las mujeres, contra quienes se ha cebado el terrorismo talibán hecho gobierno. Niñas y niños a la venta, pedofilia legalizada desde el poder; mujeres azotadas, lapidadas, humilladas y despojadas de todo derecho, incluido el de la educación. Cero democracia. Cero libertad. Hoy, nacer ahí es lo más cercano al infierno en la tierra (siempre está en la tierra).
¿Cómo fue que se llegó a esta situación nuevamente? Afganistán vivió a lo largo del siglo XX distintos momentos sumamente alentadores en materia de desarrollo y derechos. En 1919, cuando reinó Amanullah Khan, las mujeres pudieron votar por vez primera. Está claro que esta no era una democracia, pero algunos cargos fueron puestos a elección puesto que esta monarquía buscaba hacer de Afganistán un país moderno, muy a la manera de como lo empezaba a ser Turquía con las reformas de Mustafá Kemal Atatürk.
En la década de los 50 el hiyab o la burka dejaron de ser obligatorios. La igualdad entre hombres y mujeres llegó al plano constitucional en 1964 y fue la época en la que las universidades y escuelas de las ciudadades se poblaron de mujeres que impulsaban un estilo de vida occidental.
Luego vino un régimen comunista apoyado por la URSS cuya agenda autoritaria, sin embargo, no sólo respetó los derechos de las mujeres sino que multiplicó la presencia de estas en la educación, la administración gubernamental y la salud. Esto molestó profundamente a los sectores más tradicionales y conservadores, que vieron en las mujeres a las principales aliadas de los cambios.
El gobernante Partido Democrático Popular de Afganistán buscó terminar con la sociedad tradicional imponiendo violentamente diversas reformas. Su lema durante los 14 años que estuvo en el poder parece haber sido “la letra con sangre entra”, pero nunca entró del todo.
La resistencia a las reformas “ateas” que dejaban a los hombres sin su autoridad tradicional fue cobrando forma a través de la guerrilla islámica de los muyahidines. Entonces llegaron “Rambo”, Reagan y hasta Margaret Thatcher para apoyar a estos “nobles” luchadores tribales contra el comunismo.
Los “pastorcitos” afganos también recibieron ayuda de un junior árabe, archimillonario, indignado por la presencia de los blasfemos rusos: Osama bin Laden, quien financió desde un principio la creación de diferentes infraestructuras (carreteras, túneles, búnkeres subterráneos y hospitales de campaña en las montañas afganas) para la guerrilla y que terminarían, años después, sirviéndole a él mismo cuando comenzó a ser perseguido por EU por el atentado del 11-S.
Bin Laden también reclutó a miles de árabes que querían luchar en la yihad antisoviética, y en 1987 dirigió personalmente la defensa de un campamento de luchadores extranjeros, lo que lo convirtió en un héroe. Con esos buenos muchachos procedentes de todo el mundo árabe fundaría en 1988 Al-Qaeda.
Derrotado el ejército soviético vino un primer regreso de los talibanes, que propiamente habían surgido en esos años, como reacción fanática y radical a todo lo que significara atentar contra las “tradiciones” y el Islam. Operando básicamente desde ahí, Bin Laden quiso llevar la yihad por todo el mundo, hasta perpetrar la destrucción de las Torres Gemelas, lo que lo que propició la llegada de EU y sus aliados.
Desde antes de 2020 la guerra era insostenible para EU. Poco a poco, luego de los acuerdos de Doha, empezó a retirar sus tropas y a dejar al gobierno local a su suerte. Kabul cayó el 15 de agosto de 2021 y la espantosa noche talibán volvió a oscurecerlo todo.
FB: Ariel González Jiménez






