La violencia dentro de los estadios de fútbol en México no se soluciona con el veto de las barras, ya que forman parte del deporte y representan una identidad colectiva; no obstante, esta medida puede servir para una transición en la que se garanticen espacios seguros dentro de los estadios, al menos en Querétaro con la Resistencia Albiazul.
Así lo consideró Karla Vázquez Parra, socióloga y catedrática de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), en el marco de la negativa al regreso de la barra de los Gallos Blancos al estadio Corregidora, después de cuatro años y cinco meses de los hechos violentos del 5 de marzo de 2022 entre los grupos del Querétaro y Atlas.
Fue a través de un comunicado conjunto entre la Liga MX y el Fútbol Club Querétaro en el que ambas instituciones prohibieron el regreso de los grupos de animación después de más de cuatro años desde su veto, para garantizar un ambiente de paz, respeto y convivencia deportiva.
El papel de las barras en el fútbol
“Con el objetivo de preservar la tranquilidad de las familias que nos acompañan cada fin de semana, informamos que no hay ni habrá regreso de ningún grupo de animación a las tribunas de nuestro estadio”, compartió la directiva del club queretano.
Pero la violencia no es una característica inherente de los grupos de animación, ya que estos comportamientos pueden surgir desde el actuar de un aficionado que acude por su propia cuenta, comentó la también coordinadora del Área Básica de la FCPS en entrevista con Plaza de Armas.
Karla Vázquez planteó que una de las posibles causas de la violencia dentro de las barras parte de la falta de atención a la salud mental de los individuos, en rubros específicos relacionados con la gestión de las emociones, lo cual se traslada al interior de los recintos deportivos.
“El primero es el no tolerar la diferencia, el que piense diferente a mí automáticamente es mi enemigo, es mi contrario y además lo tengo que exterminar, es una cuestión que se está permeando ahorita en la sociedad. Y la segunda es que no tengo un manejo de emociones para el fracaso o para la agresión, entonces si alguien me dice una palabra o mi equipo pierde, no lo sé manejar, no tengo manejo de emociones”, explicó.
Contrario a las prácticas negativas que se ha adjudicado a los grupos de animación, Karla Vázquez explicó que estos crean identidad y generan cohesión social, que se explica como la unión de las personas que habitan en un mismo territorio.
“El principal objetivo de la barra es apoyar a su equipo y lo hacen de distintas maneras: a través de música, a través de las porras, distintivos como pintarse la cara, usar camisetas. Es una manera de transmitirle al equipo que están con ellos, que los apoyan, que se les sigue ya sea en la pérdida o en la victoria”, comentó.
Identidad, colectividad y fanatismo
Los grupos de animación actúan de forma colectiva y generan ciertas características positivas, como organización y colectividad, que desarrollan todos sus integrantes, a diferencia de lo que hace un aficionado que acude al estadio por su propia cuenta.
“A lo mejor en redes sociales puedo decir ‘yo también soy fanático’, o en persona cuando voy al estadio del equipo, pero no participo en reuniones, no me organizo para que hagamos ese apoyo (…). La barra tiene un actuar colectivo, que eso puede ser socialmente hablando muy bueno, porque entonces tienes más control, genera identidad, de alguna manera es algo más ordenado”, expuso.
No obstante, al actuar desde la colectividad, también se puede incurrir en prácticas que los integrantes no harían individualmente, lo que puede llevar a su participación en conductas no deseadas e incluso afectar el razonamiento lógico.
“El actuar de manera colectiva hace que a veces se hagan cosas que normalmente no harías tú si estás solo. Se crea un ente, socialmente hablando, que es como una persona, pero está conformada por varias personas, y su actuar, normalmente todos los integrantes de la barra actúan de una determinada manera, porque así está la unión y el colectivo“, compartió.
El caso omiso al razonamiento desde las gradas entra dentro de la categoría del fanatismo, aunque la catedrática precisó que esto no es una característica de las barras de fútbol, ni del deporte en sí mismo.
“Hay fanáticos por artistas o por religión, también por equipos de fútbol. Ahí más bien tiene el distintivo de una persona que actúa sin medir las consecuencias, sin tener incluso una norma moral o un límite, porque está orientado hacia apoyar hacia su artista, su equipo de fútbol o a su religión”, comentó.
Hacia una nueva forma de apoyar
Pese a que la restricción de los grupos de animación no solucionará los episodios de violencia dentro de los estadios de fútbol, consideró que, hasta ese momento, la medida servirá como una forma de transición para mejorar la convivencia y el disfrute de los eventos deportivos en el país.
En este sentido, consideró que no basta con cumplir una sanción, sino que se debe reconfigurar la forma en que los aficionados apoyan a su equipo.
“Debería de haber un control y más bien incentivar otro tipo de apoyos; que el apoyo no sea insultando al árbitro, insultando de manera homofóbica a los otros equipos o agrediendo a sus aficionados. Yo creo que sí tiene que cambiar esta práctica que no solo es de aquí de Querétaro y de Gallos”, expuso.
Por lo pronto, la Resistencia Albiazul no regresará al estadio Corregidora. En cambio, el club desarrollará actividades como música en vivo dentro del inmueble a partir de la jornada cinco de la liga femenil, así como en la jornada siete de la liga varonil, cuando en ambos encuentros Gallos Blancos enfrente a Monterrey.







